Comentario sobre el libro “El desafío poliamoroso, por una nueva política de los afectos”

Vasallo, B. (2021) El desafío poliamoroso, por una nueva política de los afectos. Barcelona: Ed. Paidos. 344 pp.

Lisandro Arelovich

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas

Universidad Nacional de Rosario

Argentina

lisandroarelovich@gmail.com

https://orcid.org/0000-0002-0723-2475

FECHA DE RECIBIDO 04/05/2023

FECHA DE ACEPTADO 08/08/2023

COMO CITAR ESTE ARTICULO

Arelovich, L. (2023) Comentario sobre el libro "El desafío poliamoroso, por una nueva política de los afectos" de Brigitte Vasallo (2021). Barcelona: Ed. Paidos. 344 pp. Revista de la Escuela de Antropología, XXXIII, pp. XXX. DOI 10.35305/rea.viXXXIII.259

Los movimientos de liberación sexual, las minorías disidentes LGBTTQI+ y las sucesivas olas del feminismo ya no son solo un movimiento histórico de militancia y reivindicación de derechos adquiridos y por adquirir. Desde esos espacios se construyen teorías que se vuelven praxis e interpelan a las Ciencias Sociales en muchos ámbitos. Desde allí se contribuye para hacer caer viejos paradigmas y construir nuevos, entre otros el de las teorías antropológicas respecto a la/s familia/s y el parentesco. Este libro aporta a profundizar reflexiones, saberes y prácticas de un colectivo identitario de escala global que busca respuestas a preguntas esenciales y construye alternativas ante incomodidades culturales heredadas. Nace de la reflexión y la praxis que enfrentan las minorías disidentes frente al “mal estar” del modelo de familia hegemónico. Pero desde allí tiene la suficiente profundidad y rigor para repensar algunas ideas sobre ese gran concepto que denominamos familia, la cual es una de las instituciones sociales más estructurantes de nuestros tiempos. La autora se posiciona desde el situacionismo en su condición de mujer lesbiana criada en Marruecos luego migrante en España. Esto la posiciona críticamente frente a muchos grupos que se reivindican como poliamorosos, y que no dejan de ser eurocéntricos y con un peligroso discurso supremacista por sobre el resto de las formas vinculares-sexuales-familiares existentes en el resto de mundo y de todas las épocas. La vanguardia cancelatoria de la tradición, diría en mis propios términos.

También interpela a su colectivo identitario al remarcar una y otra vez el peligro de prácticas denominadas poliamorosas, que no son más que otra expresión de las formas vinculares efímeras y descartables nacidas al calor del espíritu individualista neoliberal. Para argumentar estas afirmaciones, profundiza en un repertorio de conceptos e ideas como: deseo, confianza, miedo, reciprocidad, amor romántico, conquista, identidad, dependencia, ruptura, afectos, amistad, fidelidad, exclusividad, libertad, jerarquía relacional, pensamiento monógamo, sistema monógamo, alteridad, sexo-género, energía de nueva relación, energía de relación a largo plazo, relaciones no monógamas neoliberales y monogamia múltiple.

Monogamia como sistema, no como práctica es el marco analítico que configura su perspectiva: “el marco invisible donde se juega la partida del amor”. Se trata de esos fenómenos sociales que simplemente son, acontecen y moldean nuestro des/orden social y la mayor parte de las esferas de la vida que nos podamos imaginar. El capitalismo y la monogamia, como el modelo de familia, ocupan el horizonte de lo pensable. La monogamia, nos dirá, se estructura básicamente sobre pilares identificables: la romantización del vínculo, el compromiso sexual, la exclusividad de ambos, la jerarquía relacional de ese vínculo por sobre otros (como podría ser la amistad o la hermandad), y el fantasma del futuro reproductivo. Pero ante esa universalidad son más visibles las excepciones. La homosexualidad es una de ellas, la no reproducción también, como así lo son la temporalidad de los enlaces y, finalmente, la no exclusividad. Las exclusividades es un gran tema en sí mismo que desarrolla desde diversas aristas, desde la penalización institucional del adulterio, la ética de la fidelidad, la vara moral acusatoria de la promiscuidad y remarca la potencia de los afectos, de los vínculos amorosos no sexuales, la potencia de la amistad, las relaciones de corto y largo plazo y las redes afectivas.

La autora analiza los derroteros en los que caen quienes se animan a construir otros tipos de vínculos sexo-afectivos y los interpela diciendo que:

Romper la monogamia no es para blancas, flacas, cuerdas, bonitas y bien hechas, sino justamente para todas aquellas para las que la monogamia es todavía más mentira que para el resto. (…) no sustituirla por monogamias simultáneas camufladas bajo otros nombres (…) Es la ruptura de las fracasadas, de las losers, de las que habitan el margen de cualquier margen, de aquellas que nunca encontraremos pareja con la que hacer nidito pues no hay nido que nos contenga ni nos quiera contener. Es para la chavala abandonada en su tercer mes de embarazo, para las bolleras de pueblo, para pasados los 40, para ceropositivas, para el marica de la escuela, para las personas trans, para las que han sido rechazadas por las suyas, por su clan, las que no encajan ni en su raza, ni en sus clases, ni en su estirpe, ni en su entorno, ni en su patria. Para las que no tenemos un hogar donde volver, ni una madre a la que volver, ni una familia con la que pasar las fiestas (…). Para todas aquellas que no sabemos qué hacer con nuestro cuerpo y nuestras vidas, porque nosotras sabemos lo que significa estar solas y lo que de verdad significa haber sido abandonadas. Para las que hemos devenido inmunes a los capitales emocionales porque nunca se invirtieron en nosotras. Desde ahí, desde la herida profunda, solo desde ahí podremos construir otra cosa.

Y por otro lado formula otra advertencia para les autopercibides poliamorosos que terminan en lugares supremacistas frente a les otres (les monógames). Porque es ese nosotres cancelatorio de las otredades el que no permite ver los otros universos existentes frente al realismo monógamo. Me refiero al mundo islámico, las tradiciones de los pueblos no europeos así como las sociedades campesinas subalternas heréticas dentro de la historia de la misma Europa. El revisionismo de la historia con lentes feministas, indigenistas, queers arrojan luz sobre zonas oscuras y silenciadas detrás de la historia narrada bajo la creencia universal del modelo de familia hegemónico.

Las redes afectivas, nos dirá la autora, se basan en una ética del cuidado que no se conforma con el conocer sino que se construyen en el reconocimiento. Sin criminalizar las emociones que se puedan transitar como el deseo, los celos, la posesión entre tantas otras. Se trata de construir espacios de reconocimiento al servicio de las dinámicas de cuidado. Otro sistema no monógamo, así como otro pensamiento no monógamo no es una tarea sencilla,

el pensamiento monógamo debe ser desactivado en lo personal y en lo político, en lo privado y en lo grupal para poder, efectivamente, construir espacios de vida cooperativos y no confrontacionales que generen mundos realmente distintos y no simplemente el mismo mundo de siempre con distinto nombre”(p. 242)

Si lo hacemos mal podemos terminar en el desastre relacional actual, donde el llamado poliamor es poco más que una forma de monogamia seriada con mucho más sufrimiento de por medio y sin ningún tipo de acuerdo social sobre las maneras de transitar entre relaciones, lo cual va dejando cadáveres emocionales en el camino. Porque el consumismo, la inmediatez, lo efímero, lo impulsivo del deseo pasional aplicado a los afectos transitorios es otra expresión (y una muy peligrosa, por cierto) de la exacerbación del individualismo neoliberal. Porque “no funciona tratar de sostener vínculos perdurables sobre la base de algo tan volátil como el deseo sexual” (p. 268). Y son las relaciones duraderas las que posibilitan construir la red afectiva que nos va a contener y cuidar desde el afecto y la reciprocidad. Por algo será que “…las relaciones poliamorosas están plagadas de finales monógamos” (p. 303).

La autora interpela profundamente a la tradición antropológica, ya que sostiene que las bases fundantes de la familia y el parentesco que ha construido la Antropología clásica fueron construidas desde sesgos ideológicos monógamos heteronormativos por parte de los investigadores. Los mismos términos-conceptos monogamia, poligamia, poliginia, poliandria poseen estos sesgos. Luego de revisar y contraargumentar a los grandes autores clásicos concluye que:

la antropología no solamente clasificó las relaciones de parentesco de manera jerárquica, sino que lo hizo, en lo que a Europa respecta, sobre ideales, no sobre la realidad de lo que estaba pasando ni sobre la observación de las prácticas atravesadas por la clase. En el centro se puso la pareja burguesa europea y a partir de ahí, se organizó el resto (p. 144).

El vínculo familia, monógama y nación que la autora plantea es acertado ya que la propiedad privada, la herencia y los bienes patrimoniales están estrechamente vinculados a ese núcleo reproductor (familia hegemónica) o a sus excepciones (homosexualidad, no reproducción y temporalidad afectiva). Si esos núcleos se rompen para dar paso a otro tipo de familias en formato de amplias redes afectivas, las formas de propiedad y herencia también se distorsionan. Familia y Estados-Nación son dos instituciones estructurantes que delimitan el horizonte de lo pensable. Pero la profundidad histórica del fenómeno migratorio y de las familias transnacionalizadas que en la actualidad se transfieren dinero intrafamiliar pero internacional interpelan estos universales. Existe un contexto jurídico, identitario, político y cultural que promueve la conformación de familias entre miembros de una misma nacionalidad, al mismo tiempo que persigue y penaliza a aquellas que no lo son.

Lo anterior es análogo a los matrimonios entre miembros de diferentes tribus en donde alguien debe abandonar a su tribu de origen e irse a la tribu de les mapadres del hombre (patrilocal) o de la mujer (matrilocal). En un vínculo contemporáneo de pareja binacional ¿Quién se va a vivir al país de quién? o ¿se van a un tercer país más neutro o cosmopolita? La Nación, como otras identidades colectivas, necesita de ese juego de deseos entre el placer de la pertenencia exclusiva y el miedo al ostracismo de la expulsión. Miedo y des/confianza son dos mecanismos del sistema monógamo que no solo operan en el núcleo familiar y las relaciones sexo-afectivas sino que estructura nuestra sociedad y las instituciones que hemos creado a imagen y semejanza para ello (Estados nación, mercado, propiedad privada, etc.).

Concluye la autora que si el protagonista detrás de las prácticas de no monógamas, anarquía relacional, amor libre o poliamor sigue siendo el individualismo relacional; y que si es la búsqueda del placer estrictamente personal e intransferible lo que motoriza la no monogamia “o te autorregulas, empatizas y te piensas en red, o pobre de quien se cruce en tu camino porque le arrancarás las entrañas”, porque la libertad se ejerce con responsabilidad, reglas y acuerdos. La libertad no refiere a la libertad de dejarse llevar por el impulso del deseo y la pasión sino a poder decidir qué haces con ese deseo según el momento, las circunstancias y las redes y entramados afectivas que has construido. “Deconstruir estas prácticas habla del cómo, no del qué, ni del cuánto. Habla de sororidad y de meta-amores, habla de hacer comunidad y de dejar de remover el fango monógamo de los amores románticos. Habla de construir de otra manera”.