Lo que el agua revela. Arreglos socioproductivos posteriores a dos sucesos de inundación en un sector agrario argentino

Nuria Caimmi

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas

Centro de Estudios en Nutrición y Desarrollo Infantil

Argentina

nuriacaimmi@gmail.com

https://orcid.org/0000-0003-0753-1392

What the water reveals. Post-flood socio-productive arrangements in an Argentine agricultural sector

Abstract

This article analyses from an ethnographic perspective, two flood events that occurred in the productive peri-urban area of La Plata, Argentina, in 2017 and 2023-2024. The research focuses on the horticultural and floricultural sectors, where floods profoundly disrupt productive and reproductive dynamics, revealing growing social and environmental vulnerability. Producers' responses include migration, livelihood diversification, the use of loans and the adoption of agroecological practices—everyday strategies that intensify after each flood. These catastrophic events sometimes function as liminal moments that allow social actors to reconstruct their material conditions and everyday relationships, such as the transition to agroecology. However, these creative arrangements must be understood as articulated with organisational and state support, as well as with networks of trust grounded in kinship and shared place of origin.

Keywords

Productive peri-urban areas, Flooding, Disasters, Agroecology, Ethnography

O que a água revela. Arranjos sócio-produtivos pós-inundação num sector agrário argentino

resumo

Este artigo analisa a partir de uma perspetiva etnográfica, dois eventos de inundação que ocorreram na área periurbana produtiva de La Plata, Argentina, nos anos 2017 e 2023-2024. A pesquisa centra-se nos sectores da horticultura e da floricultura, onde as inundações alteram profundamente as dinâmicas produtivas e reprodutivas expondo uma crescente vulnerabilidade social e ambiental. As respostas dos produtores incluem a migração, a diversificação do trabalho, o uso de empréstimos e a adoção de práticas agroecológicas, estratégias cotidianas que se intensificam após cada inundação. Esses eventos catastróficos funcionam, às vezes, como momentos liminares que permitem aos atores sociais reconstruir suas condições materiais e suas relações cotidianas, como a transição para a agroecologia. Esses arranjos criativos, no entanto, devem ser entendidos como articulados com apoios organizacionais e estatais e como redes de confiança baseadas no parentesco e na afinidade.

Palavras-chave

Periurbano produtivo, Inundações, Desastres, Agroecologia, Etnografia

FECHA DE RECIBIDO 27/11/2024

FECHA DE ACEPTADO 24/03/2025

COMO CITAR ESTE ARTICULO

Caimmi, N. (2025) Lo que el agua revela. Arreglos socioproductivos posteriores a dos sucesos de inundación en un sector agrario argentino. Revista de la Escuela de Antropología, XXXVII, pp. 1-31. DOI 10.35305/rea.XXXVI.316

Resumen

Este artículo analiza desde una perspectiva etnográfica, dos sucesos de inundación ocurridos en el periurbano productivo de La Plata, Argentina, en los años 2017 y 2023-2024. La investigación se centra en los sectores hortícolas y florícolas, donde las inundaciones alteran profundamente las dinámicas productivas y reproductivas exponiendo una creciente vulnerabilidad social y ambiental. Las respuestas de los productores incluyen migración, diversificación laboral, el uso de préstamos y la adopción de prácticas agroecológicas, estrategias cotidianas que se intensifican tras cada inundación. Estos eventos catastróficos, en ocasiones, funcionan como momentos liminares que permiten a los actores sociales reconstruir sus condiciones materiales y relaciones cotidianas, como la transición hacia la agroecología. No obstante, estos arreglos creativos deben entenderse articulados con el apoyo organizacional y estatal, así como redes de confianza basadas en parentesco y paisanaje.

Palabras Clave

Periurbanos productivos, Inundación, Catástrofes, Agroecología, Etnografía

Introducción

Pareciera ser un axioma generalizado que la producción agraria está vinculada al agua. El agua es a la vez, una y muchas (Natezon y Gonzalez, 2012); un elemento esencial para la vida, componente central del cuerpo, bien común, y materia para el mercado. Por tal motivo, una parte significativa de la historia social del agua ha sido interpretada como la historia de diversos arreglos sociopolíticos, infraestructurales y culturales, ya que las experiencias hidrosociales integran lo vital, político, dramático y simbólico (Camargo y Camacho, 2018). Su consideración no se limita únicamente a contextos de escasez, sino que también abarca situaciones de exceso como los anegamientos e inundaciones.

En Argentina, las inundaciones son una de las situaciones de riesgo más frecuentes y provocan importantes pérdidas personales, materiales, económicas y sociales. Por eso, los estudios científicos sobre estos procesos son esenciales para comprender sus causas y efectos, y desarrollar soluciones adecuadas (Ullberg, 2011). Recientemente, ha cobrado relevancia una investigación que, mediante simulaciones, proyecta que para el año 2100 varias ciudades de Latinoamérica incluida Buenos Aires, podrían quedar sumergidas (Bernard et al, 2024).

Las inundaciones requieren una atención particular al analizar procesos productivos primarios. Resulta imposible pensar en la producción agroalimentaria sin considerar al agua como un elemento esencial para la vida: sin ella no hay riego, ni cultivos, ni existencia. Numerosos estudios han evidenciado que la recurrencia e intensidad de las inundaciones, así como sus impactos diferenciales, se encuentran estrechamente ligadas a las transformaciones territoriales asociadas al modelo productivo hegemónico. En este sentido, Houspanossian et al. (2023), dan cuenta de la relación causal entre la expansión de la frontera agrícola de la llanura chacopampeana argentina en los últimos cuarenta años y el aumento de las zonas inundables dentro de esta misma planicie. Aunque se trata de un proceso de orden y escala diferente al caso de estudio, permite ilustrar cómo determinadas configuraciones productivas pueden incidir en la generación o agravamiento de riesgos hídricos.

En el periurbano productivo florihortícola platense, región del Gran La Plata (Argentina), los temporales e inundaciones afectan de manera directa las formas de vida y las actividades productivas. Desde este marco, el presente artículo tiene como objetivo analizar dos sucesos de inundación ocurridos en el año 2017 y 2023-2024 en el periurbano florihortícola del Gran La Plata, área que, por su alta capitalización y productividad, es uno de los principales centros de producción de hortalizas y flores de corte. Se abordan, por un lado, las inundaciones del año 2017, y por otro, las ocurridas entre fines del invierno de 2023 y verano de 2024. Estas últimas serán analizadas de forma conjunta, dado que, a pesar de haber ocurrido en contextos políticos diferentes, la primera en el marco preelectoral de 2023 y la segunda bajo el nuevo gobierno nacional con una orientación fuertemente orientada al ajuste del gasto público y la desregulación, dieron lugar a respuestas institucionales, sociales y productivas con patrones similares (además de su proximidad temporal).

Se propone para ello integrar enfoques de los estudios sociales agrarios y ambientales, al explorar los efectos de estos sucesos en la vida cotidiana y en las actividades productivas de la región, así como examinar los arreglos que ambos eventos han generado entre quienes allí habitan. Este análisis permitirá una caracterización más detallada del sector productivo, de crucial importancia para el abastecimiento nacional.

El trabajo se organizará de la siguiente manera. En primer lugar, se expondrá la metodología empleada junto con algunas bases conceptuales fundamentales para el desarrollo argumentativo. En segundo término, se presentará una caracterización sucinta del área de estudio, con énfasis en las diferencias internas del sector. En tercer lugar, se procederá al análisis etnográfico, para culminar con un apartado de cierre. Cabe señalar que, dado que esta investigación se enmarca en un trabajo doctoral en curso, los resultados aquí presentados deben considerarse como avances preliminares y no como conclusiones definitivas, estando sujetos a revisión y reformulación a lo largo del proceso investigativo.

Enfoque teórico-metodogico

Este estudio se aborda desde una perspectiva antropológica y etnográfica (Rockwell, 2009), concebida como una práctica de investigación cuyo objetivo es comprender un segmento del mundo social a través de un análisis centrado en las perspectivas de los actores nativos (Balbi, 2012), en interacción con contextos más amplios (Restrepo, 2018). De esta manera, el enfoque permite la vinculación entre la teoría acumulada y la observación etnográfica (Peirano, 2004). El ámbito de investigación corresponde al cordón florihortícola de La Plata (provincia de Buenos Aires, Argentina), en el cual se llevó a cabo trabajo de campo entre los años 2021 y 2025, involucrando a productores de hortalizas, flores y frutas.

Las técnicas de investigación empleadas se fundamentan principalmente en entrevistas semiestructuradas, observación participante y análisis de material periodístico. En cuanto a las entrevistas semiestructuradas, se realizaron a trabajadores del sector hortícola y florícola, con edades comprendidas entre 21 y 56 años, de procedencia boliviana y paraguaya. Estas entrevistas tuvieron lugar en las quintas productivas con una duración variable entre 40 minutos y una hora y diez minutos. En lo que respecta a la observación participante, se generó una amplia cantidad de material a partir de conversaciones informales y registros de campo, llevados a cabo en diversos contextos, tales como espacios productivos y domésticos, sedes de organizaciones, comedores, legumbrerías, otros comercios, remiserías y vehículos de remises. Finalmente, se procedió a la recopilación de material periodístico correspondiente a los períodos analizados: la temporada de verano de 2017 y la del invierno de 2023 y comienzos del 2024, centrándose en los portales digitales bonaerenses que publicaron información sobre las inundaciones ocurridas en dichos períodos.

Todos los participantes en esta investigación fueron debidamente informados sobre el estudio en su totalidad. En cada caso, se explicitaron claramente los objetivos de la investigación, las estrategias metodológicas, el tratamiento de la información, su destino y confidencialidad, y el compromiso de preservar el anonimato de los participantes durante todas las fases del estudio, sustituyendo los nombres originales de personas y lugares por seudónimos para garantizar la confidencialidad.

Desde este encuadre metodológico, resulta pertinente situar el marco teórico que guía el análisis de los procesos abordados. Se parte de la consideración de dos escalas analíticas interdependientes: por un lado, al entender al desastre como proceso histórico y social; por otro, al enfocar especialmente en los eventos de inundación ocurridos en momentos y lugares específicos (años 2017 y 2023-2024).

En relación al primer enfoque, los desastres, como las inundaciones ocurridas en el lugar analizado, revelan la intersección entre naturaleza y cultura, siendo el resultado de una combinación de factores sociales, ambientales y tecnológicos (Altez, 2019). Estos sucesos no deben ser entendidos como excepcionales, extraordinarios y externos a la sociedad (Diaz Crovetto, 2015) sino como el producto de un contexto histórico y social específico (Reguillo, 2005). Al respecto, Virginia García Acosta (1996) subraya la necesidad de reconocer los desastres como el resultado de procesos sociales que, ante la presencia de una amenaza, se convierten en factores desencadenantes o reveladores de vulnerabilidades previamente existentes. De esta manera, el análisis de un desastre, como los dos eventos de inundación que a continuación se desarrollarán, puede configurarse como un ‘laboratorio social’, en tanto propicia la emergencia y visibilización de relaciones, alianzas y dinámicas que, en contextos ordinarios, podrían permanecer ocultas o inadvertidas (1996). La autora señala que la vulnerabilidad social, económica y ambiental (en el caso de estudio, la acumulada por los grupos hortícolas y florícolas del cinturón platense), en conjunción con la irrupción de una amenaza como un temporal, da lugar a un desastre que debe ser comprendido como un proceso socialmente construido (García Acosta, 1996, 2005). Lo cual:

Permite determinar el grado de vulnerabilidad de la sociedad afectada, vulnerabilidad no sólo en términos de riesgo físico, sino particularmente como resultado del incremento de las desigualdades sociales y económicas producto de un determinado desarrollo a lo largo del tiempo y en el espacio específico estudiado (García Acosta, 1996:7).

Al romper con la concepción de “desastres naturales”, se resalta que no solo existen amenazas aleatorias, sino también procesos de vulnerabilización que inciden en la vida social, provocando rupturas en las dinámicas sociales del grupo afectado (Siena, 2014).

Ahora bien, y sin perder de vista esta concepción procesual, en segundo lugar se incorpora analíticamente la escala del evento, entendida no como hecho aislado o contingente, sino como condensación o cristalización de un proceso más amplio. En este sentido, se alude a las inundaciones ocurridas en los años 2017 y 2023/2024 como “eventos” para delimitar empíricamente momentos específicos en los que dicho proceso se vuelve observable, intensificando sus efectos y visibilizando relaciones, tensiones y estrategias de los actores involucrados. Esta nominación, lejos de implicar una lectura aislacionista del suceso/evento, opera como una herramienta metodológica que permite describir, analizar y comparar momentos críticos sin desanclarlos del proceso mayor. Para ello se recupera la noción de “eventos o acontecimientos críticos” propuesta por Veena Das (1996) y desarrollada en la antropología de los desastres por autores como Visacovsky (2011) y Ullberg (2017). Desde esta perspectiva, los desastres se entienden también como momentos de quiebre que habilitan reformulaciones de los marcos interpretativos previos, generando nuevas formas de acción, significación y organización social. En estos puntos de inflexión se produce una redefinición de categorías y prácticas que estructuraban la vida cotidiana, haciendo visible lo que usualmente permanece oculto en los ritmos ordinarios.

Esta escala del acontecimiento, necesita indispensablemente ampliar la mirada sobre procesos de diferenciación social locales, ya que no todas las personas en un mismo contexto geográfico serán afectadas de igual manera por una amenaza (Oliver Smith, 1995). Como señala Beck (1998), en la modernidad la producción de riqueza va acompañada de la producción de riesgos, que, al igual que los bienes, se distribuyen de manera diferente según distintos vectores de desigualdad. Desde esta lectura, los desastres como las inundaciones son socialmente construidos, a la vez que diferencialmente experimentados por individuos y grupos diversos que generan múltiples interpretaciones tanto del proceso como del evento. La caracterización que se desarrolla a continuación sobre el cordón platense, busca aportar mayores elementos analíticos para destacar esta heterogeneidad de actores y relaciones que se configuran en el territorio en estudio.

Área de investigación

El cordón frutihortícola platense fue destinado desde finales del siglo XIX, a garantizar la producción de alimentos para abastecer a la naciente ciudad de La Plata, a través de población proveniente de Italia, España y Portugal (Ringuelet, 2008; Lemmi, 2011). Estos migrantes prevalecieron en la actividad hasta mediados del siglo XX, momento en el cual se produjo un proceso de recambio poblacional, con la llegada de personas del norte del país provenientes de otras economías agroindustriales (especialmente Salta, Jujuy y Corrientes), y limítrofes. A lo largo de las décadas de 1980 y 1990, se consolidó un fenómeno denominado bolivianización de la horticultura (Benencia y Quaranta, 2006), por el cual, al igual que en otros cinturones verdes del país, los migrantes bolivianos se convirtieron en el grupo mayoritario no solo en las tareas productivas, sino también en los ámbitos logísticos y comerciales. En el cordón productivo platense, se registraron también afluencias migratorias provenientes de Perú y Paraguay.

Este periurbano es reconocido por ser el más tecnologizado del país (García, 2012) y, además, uno de los más capitalizados de Argentina. La alta capitalización se debe a la adopción, desde la década de 1970, de la tecnología del invernáculo, estructuras de madera cubiertas con polietileno que buscan controlar las condiciones ambientales, y que requieren un considerable volumen de agroquímicos para su funcionamiento (García, 2011). Esta combinación de factores ha provocado, en los últimos veinte años, una transformación histórica tanto en la estructura productiva como en la estructura social (García y Kebab, 2008).

Los establecimientos productivos en la región son comúnmente denominados quintas y poseen una extensión que varía entre 1 y 4 hectáreas. Estas unidades productivas incluyen en su interior, las unidades domésticas, ya que los hogares se encuentran ubicados dentro de los predios destinados a la producción. Las quintas son habitadas por personas unidas por distintos grados de parentesco, generalmente por una familia nuclear compuesta por madre, padre e hijos. Sin embargo, también se registran familias monoparentales encabezadas por mujeres madres, la presencia de abuelos y abuelas (quienes en algunos casos asumen funciones parentales con sus nietos), así como la convivencia de tíos y primos en las viviendas.

Las jornadas laborales varían según la temporada (invernal o estival) y oscilan entre 8 y 16 horas. Las tareas realizadas bajo cubierta y en campo abierto, son sumamente exigentes ya que los trabajadores deben soportar condiciones extremas como bajas temperaturas, lluvias, heladas y la exposición directa al sol (Lemmi y Muscio, 2023). Las condiciones de trabajo son severas, los servicios son escasos y no se dispone de acceso a agua potable. Además, existe un elevado nivel de exclusión social y pobreza, debido a que los ingresos generados no son suficientes para acceder a los bienes de consumo básicos establecidos por la sociedad actual como requisitos para una vida digna (Fernández, 2018; Lemmi et al., 2020). El tipo de producción predominante en la región se clasifica como convencional, lo que implica la utilización de un paquete tecnológico estándar, que conlleva una exposición constante a los tóxicos de los insumos empleados con efectos perjudiciales para la salud de los trabajadores.

Investigadores pioneros en el estudio del cordón productivo bonaerense y platense (Ringuelet, 2008; Benencia y Quaranta, 2006) han identificado la emergencia y expansión de diversas figuras laborales que se inscriben en los procesos de flexibilización laboral. En el cordón productivo conviven múltiples modalidades de trabajo y tenencia de la tierra, como peones, medieros, porcentajeros, arrendatarios y propietarios.

El peón, corresponde a aquel trabajador que no posee los medios de producción y que ofrece su fuerza laboral a cambio de un salario. En algunos casos incluye alguna de las comidas principales o alojamiento, lo que da lugar a la figura del “peón cama adentro”.

La mediería se basa en un contrato agrario de naturaleza asociativa, donde uno de los participantes aporta la tierra y parte del capital, mientras que el otro contribuye con la mano de obra y otros insumos. Los productos se distribuyen en mitades, siempre y cuando ambas partes realicen contribuciones equivalentes en insumos. Cuando el mediero no puede hacer frente a su parte del aporte de insumos, como ocurre en la mayoría de los casos en el cordón platense, su participación en la distribución de los ingresos se ve reducida. En este contexto, el patrón puede llegar a cubrir la totalidad de los insumos y quedarse con un porcentaje mayor del producto, alcanzando hasta un 70-75%. El patrón podrá trasladar parte del riesgo (como los asociados a inundaciones), y eludir el cumplimiento de la normativa laboral, previsional y de seguridad (Lemmi, 2011).

Otra figura relevante es la del arrendatario, quien alquila la tierra que trabaja y habita. Los arrendatarios sólo pagan por el uso de la tierra, pero todos los gastos, costos y ganancias son asumidos de manera independiente. Sin embargo, la informalidad en los acuerdos de alquiler genera constantes situaciones de desalojo o aumentos en el valor del alquiler fuera de lo estipulado, lo que obliga a las familias a abandonar los predios y comenzar nuevamente en otros lugares. Además, los contratos de arrendamiento rara vez incluyen la provisión de viviendas para los arrendatarios ni permiten la construcción de infraestructura. Por eso, se terminan construyendo viviendas fácilmente desmontables con materiales como madera, chapa y nailon, que incluyen sistemas improvisados de evacuación y abastecimiento de agua para consumo y riego (Lemmi y Muscio, 2023). Se presenta también la limitación en cuanto a la posibilidad de plantar árboles, no solo para la producción frutal, sino también para mitigar la intensidad del sol durante los veranos.

Finalmente, algunos productores migrantes que inicialmente llegaron como peones, lograron adquirir tierras bajo la figura de propietarios o dueños. Sin embargo, post-crisis del 2001 se obturó generalizadamente esta posibilidad debido a la escalada en la especulación inmobiliaria que elevó los precios de la tierra a niveles inaccesibles para muchos arriendos (García y Lemmi, 2011).

Durante el trabajo de campo, se observó que, dentro de una misma unidad doméstica e incluso en una misma persona, pueden convivir dos figuras laborales. Por ejemplo, Amanda (49 años) trabajaba en una quinta en la que, en una media hectárea, desempeñaba el rol de mediera (con reparto 50/50), mientras que en la otra media hectárea, actuaba como arrendataria (pagando únicamente por el uso de la tierra, asumiendo todos los gastos y ganancias).

Más allá de estas figuras, y salvo en el caso de la propiedad de la tierra, existe una laguna normativa en torno a estas formas de contratación, y en los casos en los que se establece un contrato, este no siempre se cumple (García y Lemmi, 2011). La caracterización del sector productivo incluída estas figuras de tenencia de la tierra, será crucial para comprender los impactos de las inundaciones que se desarrollarán en esta investigación.

Inundaciones, vida cotidiana y vulnerabilidad

Cada situación climática extrema refleja una realidad cotidiana para los habitantes y trabajadores de la región: una vez que las familias se establecen en la región, la posibilidad constante de que un temporal destruya las inversiones productivas y el tiempo de trabajo, se convierte en parte de la cotidianidad.

Durante la temporada estival de 2017, se registraron una serie de temporales de gran intensidad, que no habían ocurrido en años anteriores. En febrero de ese año, el Consejo de la Universidad Nacional de La Plata emitió un comunicado en el que se expresaba que la situación de los productores era desesperante ya que la tormenta había arrasado invernáculos, viviendas, maquinaria y automóviles. En ese informe, advertía que “Sin electricidad, lo que impide la provisión de agua para consumo humano y riego, la situación empeora con el paso de las horas” (Consejo de la Universidad Nacional de La Plata, febrero de 2017). El informe destacaba que más del 70 por ciento de la producción bajo cubierta y a campo había sufrido daños significativos.

Tras la serie de tormentas de 2017, otro suceso significativo ocurrió en 2023, de magnitud similar. La Dirección de Hidrometeorología de la Municipalidad de La Plata, a través de su Estación Meteorológica, registró una precipitación histórica de 155 milímetros en 24 horas, lo que constituyó “la mayor caída de agua registrada en 68 años para un día de agosto” (Dirección de Hidrometeorología, 17 de agosto). Las localidades más afectadas fueron las del cordón productivo abordado en esta investigación: Etcheverry (158,5 mm), Abasto (147,6 mm), Olmos (139 mm) y Arana (138,3 mm), después de más de seis meses sin lluvias fuertes. Meses más tarde, en marzo de 2024, se produjeron nuevos episodios de inundación. Un titular de uno de los periódicos más relevantes de la ciudad informaba que “En La Plata, en solo 3 días llovió el 65% más de lo que llueve en todo marzo” (Diario El Día, 13 de marzo de 2024). El Servicio Meteorológico Local actualizó los datos de precipitaciones durante los diez días de ese período, diez días en que se alcanzó un total de hasta 400 milímetros de agua. Las fuertes inundaciones afectaron gravemente las producciones a campo y bajo cubierta. Se estimó que alrededor de 1.200 unidades productivas estuvieron sumergidas bajo más de 40 centímetros de agua. Este evento se produjo pocas semanas después de una devaluación del peso argentino frente al dólar en un 200%, junto con la liberalización de precios y el aumento de los combustibles. Además, coincidió con la última parte de la cosecha de hortalizas, lo que imposibilitó también el almacenamiento de semillas.

Si bien, como se mencionó, las inundaciones forman parte de la cotidianeidad de este lugar, en los últimos años se ha registrado un proceso de reiteración y profundización de estos sucesos. Esto porque el cambio climático contribuye a que eventos extremos, como tormentas e inundaciones, se presenten con mayor frecuencia, intensidad y duración (Camilloni y Vera, 2007). Al respecto, el último informe de evaluación del IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change) de las Naciones Unidas, del año 2021 advierte que el aumento del calentamiento global incluye lluvias más fuertes que exacerban los riesgos en todas las regiones del planeta. Scarpati y Benítez (2005) señalan que, en la cuenca del Plata, durante las dos últimas décadas del siglo XX y los primeros años del siglo XXI, se ha observado un notable aumento de las inundaciones como resultado de los cambios en el sistema climático global. Desde los años 70 hasta la fecha, la ciudad pasó de experimentar precipitaciones máximas de 80 milímetros en 24 horas a enfrentar eventos recurrentes de más de 100 o 200 milímetros (Scarpati y Benítez, 2005). Asimismo, los datos presentados en el boletín agrometeorológico del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) de Argentina evidencian la creciente intensificación de las precipitaciones en la región, siendo en los últimos doce meses por encima de los registros de las décadas pasadas en la zona (Figura 1),

Figura 1: Evolución del almacenaje diario total en la región pampeana sudeste. La línea gruesa muestra el acumulado total diario de precipitaciones durante el último año (2024), mientras que las líneas finas representan los mismos días en los años anteriores desde 1981. Fuente: Servicio Meteorológico Nacional.

Las precipitaciones intensas, temporales y las subsecuentes inundaciones provocan pérdidas significativas en la producción floral y hortícola, alcanzando en algunos casos la destrucción total. Este impacto no solo afecta los cultivos, sino también el tiempo y la mano de obra invertidos, así como los insumos necesarios, como semillas, fertilizantes, pesticidas, fungicidas, nylons y las estructuras de invernáculos, que sufren daños como perforaciones, roturas o voladuras. Además, la humedad persistente tras las inundaciones favorece la proliferación de enfermedades fúngicas en los cultivos, que permanecen sumergidos por períodos prolongados. Si los cultivos sobreviven, su tamaño y rendimiento se ven considerablemente reducidos.

En una asamblea nocturna de productores, varios de ellos señalaron cómo las quintas estaban peladas debido a las fuertes inundaciones ocurridas al inicio de la temporada de siembra otoñal. “Está retrasado porque tuvimos que correr el tiempo de siembra, y además, después vinieron los mosquitos y el dengue”, comentó uno de ellos (Registro de campo, junio 2024). A estas pérdidas se deben agregar los daños causados por la anegación de los caminos de acceso a las quintas, los cuales, por su mala condición y ser de tierra, imposibilitan la venta de la producción, ya que los camiones no pueden acceder para retirarla.

Dado que las unidades de producción coinciden con las unidades domésticas, en cada inundación, además de los daños en caminos, campos e invernaderos, las viviendas también se ven gravemente afectadas. Estas viviendas son estructuras temporales de madera y chapa, debido a la falta de acceso a terrenos adecuados para la construcción de viviendas más sólidas, lo que las hace altamente vulnerables a las inclemencias climáticas. Las estructuras se rompen, se vuelan o se perforan, dañando el interior, incluyendo mobiliario, colchones y electrodomésticos, que a menudo se pierden. En una conversación entre mujeres en una quinta, una de ellas relató: “Perdí la computadora para mi hija en la inundación, así que ahora lo de la facultad lo tiene que hacer desde el celular”. A lo que otra respondió: “A mí el técnico me dijo que se mojó la placa de mi celular, entonces es muy caro salvarla” (Registro de campo, abril 2024). La pérdida de computadoras y celulares resalta la complejidad de la inclusión digital, especialmente para los jóvenes que estudian en este cordón (Imagen 1 y 2).

Imágenes 1 y 2. Inundaciones en el cordón flori-hortícola platense. Fuente: autoría propia

Además, los persistentes anegamientos causan trastornos significativos en la vida cotidiana en la región al hacer intransitables vastas zonas, lo que interrumpe las actividades cotidianas. Cada inundación altera las formas de sociabilidad, al impedir el acceso a espacios esenciales como jardines, escuelas, universidades, centros de salud, hospitales, y comercios, así como la llegada de transporte o atención ante urgencias. En cada amenaza climática, como las inundaciones, se pone en cuestión la reproducción productiva y social del sector, afectando la subsistencia misma del cordón florihortícola.

El análisis de las inundaciones en este espacio social requiere considerar las transformaciones en el uso del suelo ocurridas en las últimas décadas, particularmente el aumento de áreas cubiertas por invernaderos, la adopción de paquetes tecnológicos, la eliminación de la cobertura vegetal y la extracción desmedida de agua de los acuíferos (Kruse, 2022; Kruse et al., 2014). Este sector concentra más del 60% de las estructuras de invernadero del país, con aproximadamente el 79% de su superficie cubierta (CHFBA, 2005). Los invernaderos contribuyen significativamente a la impermeabilización de una gran porción del suelo productivo de La Plata impidiendo que la lluvia se infiltre en la tierra debido a la presencia de la cubierta plástica, provocando la acumulación de grandes volúmenes de agua tras cada precipitación (Imagen 3). De acuerdo con Dell’Arciprete et al. (2022), esta condición favorece la deficiencia de nutrientes, el desarrollo de plagas y enfermedades, los desbalances nutricionales, el agotamiento por fertilización inadecuada, la alta extracción de nutrientes debido al monocultivo, así como la salinización y alcalinización de los suelos, los cuales se compactan y contribuyen al encharcamiento.

Frente a este escenario, las respuestas no apuntan a modificar el rumbo del modelo productivo, sino a sostenerlo a través de nuevos insumos y tecnologías que buscan contrarrestar los efectos adversos que él mismo genera (Holt-Giménez, 2017). En uno de los poblados de esta investigación, Colonia Urquiza (La Plata), Auge (1990) ya señalaba hace tres décadas la presencia de nitratos en el agua en concentraciones suficientes para generar problemas graves de salud, como consecuencia del uso excesivo de fertilizantes nitrogenados. Tras el agotamiento de su vida útil, los envases de estos productos se convierten en un problema ambiental, dado que contienen sustancias tóxicas que permanecen en los residuos. Asimismo, el plástico utilizado en los envases, la cobertura de los invernaderos, las cintas de riego y el mulching deben ser desechados después de cierto tiempo, a menudo siendo quemados, enterrados o arrojados. Todo esto refuerza la idea que señala García (2011), de la naturaleza plástica que permea todo el modelo productivo. Estos procesos contribuyen a la creación de grandes áreas impermeables, que agrava los problemas de inundación en la región (Imagen 3).

Imágen 3: Invernaderos en el cordón productivo platense. Fuente: autoría propia.

Como fue recuperado al comenzar este trabajo, los desastres entendidos como procesos, remiten a su construcción social y su diferente experimentación según los diversos grupos que conforman un espacio. En el cordón platense, este fenómeno se puede observar en, al menos, dos niveles.

En primer nivel, dentro de los trabajadores del sector florihortícola, la distribución desigual de la tenencia de la tierra, junto con los procesos de flexibilización laboral en el sector, generan una distribución desigual de los riesgos en situaciones de catástrofe entre quienes viven y trabajan en la zona. Así, si se trata de un arrendatario, los costos de las inversiones, tanto materiales como laborales, deben ser asumidos integralmente por cada familia; mientras que, en el caso de ser peón o porcentajero, los gastos de la nueva inversión corren por cuenta del dueño de la tierra o se dividen según el porcentaje acordado.

En segundo nivel, aunque todos los barrios periurbanos enfrentan las consecuencias de estos eventos, los efectos se ven intensificados en este contexto debido a la impermeabilización del suelo propia del modelo productivo y a la configuración territorial, que implica que los predios inundados sean también productivos, lo que resulta en la pérdida tanto de viviendas como de producción.

Arreglos y respuestas posteriores a los eventos de inundación

Los momentos posteriores a los sucesos catastróficos permiten la reflexión sobre la reproducción de los grupos sociales y el cambio social (Oliver-Smith, 1995). Susann Ullberg (2013) analizó la inundación de 2003 en Santa Fe, destacando que, en el contexto post-desastre, los significados asociados a la inundación se redefinieron y se implementaron nuevas políticas de gestión, con algunos residentes interpretando el desastre como un punto de inflexión que facilitó el cambio social. En la región objeto de la presente investigación, La Plata, existe una memoria reciente del evento de inundación ocurrido en abril de 2013. Según diversos estudios antropológicos (Chaves y Mora, 2023; Teves et al., 2015), desde ese suceso, los habitantes han incrementado su atención a los pronósticos meteorológicos y al comportamiento del arroyo. Además, los vínculos sociales previamente existentes adquirieron nuevas funciones, tales como la alerta, el cuidado mutuo y la comunicación sobre los niveles del agua en el arroyo (Teves et al., 2015).

En el caso de estudio, se identificaron diversas respuestas implementadas en los períodos posteriores a las inundaciones, orientadas a reestructurar el sector socioproductivo. Aunque estas estrategias forman parte de la cotidianidad de este sector, funcionando como mecanismos de supervivencia y reproducción, su escala y visibilidad aumentan durante los períodos de inclemencias climáticas.

Un patrón recurrente, especialmente en terrenos que han experimentado inundaciones reiteradas, es el desplazamiento de los productores de los predios afectados, lo que implica persistencia en el sector y la actividad. Esta situación es ejemplificada en el testimonio de una joven de 21 años.

La chica comentó que su familia vivía en Poblet anteriormente, pero que la inundación de agosto del año pasado los había obligado a murarse, dado que los campos permanecían anegados, perdieron todo en su casa y nada crecía allí, perdiendo la producción por un año. De allí que se mudaron a Etcheverry, comenzando de nuevo, tiempo en el cual ella y su hermana, como hijas mayores, tuvieron que salir a buscar trabajo afuera, su hermana como administrativa en una organización, ella como cajera en un almacén. (Registro de campo, agosto 2024).

Estos procesos forman parte de la dinámica del sector, dado que están relacionados con la informalidad de los acuerdos con los propietarios de tierras, quienes tienen la facultad de desalojar a los trabajadores para llevar a cabo construcciones permanentes o subdivisiones. Esto se da especialmente en el contexto de loteos para barrios privados, lo que representa una amenaza constante para los productores. En este marco, las inundaciones funcionan como un factor catalizador y amplificador de estos desplazamientos.

Además, como da cuenta el registro, en algunos casos la pérdida de capacidad productiva impulsa a las familias a buscar fuentes alternativas de ingresos laborales: las hijas mayores buscaron empleo afuera, es decir, por fuera de la quinta productiva. Otros pasajes sugieren un incremento en el trabajo doméstico extra hogares en las localidades cercanas, en momentos posteriores a las inundaciones, como relató Teodora: “Empecé a trabajar en la casa de unas señoras, hasta que podamos reponer para plantar” (Registro de campo, marzo 2024). Esta diversificación de fuentes de ingreso debe interpretarse como una estrategia habitual en el sector, dentro de un repertorio de acciones tanto monetizadas como no monetizadas para la supervivencia, que en contextos de inundación se incrementan. Incluyen, además de la empleabilidad en el sector de servicios, la venta de ropa al por mayor, productos de catálogo, venta de viajes a destinos turísticos o comerciales cercanos (como la Catedral de Luján o el Río de La Plata, feria americana La Salada y el Mercado Central, y la venta de artesanías (como crochet o velas), entre otras.

Otra de las prácticas características del sector, que tiende a intensificarse y reforzarse en contextos de inundación, es el mecanismo de préstamo y crédito. Es importante señalar que la estructura productiva del lugar depende en gran medida de créditos y otros mecanismos de financiamiento, lo que mantiene a los productores en un estado de deuda constante. En múltiples ocasiones, durante el trabajo de campo, las personas han expresado dificultades para hacer frente a las deudas adquiridas con diferentes actores (parientes, patrones, organizaciones, tractoristas, entre otros) y poder realizar las nuevas inversiones necesarias tras los daños causados por los temporales, considerando, además, que la mayoría de estos gastos están dolarizados. Un ejemplo de ello es el testimonio de Teodora (42), quien en varias ocasiones relató: “Habíamos invertido para comprar la semilla y luego todo se pudrió con el agua, ahora estamos viendo cómo conseguir otro préstamo para pagar el previo y volver a comprar semilla” (Registro de campo, mayo 2024). Aquí se ilustra cómo el crédito, como mecanismo estructural en la región, se refuerza durante períodos de inclemencia climática, sirviendo de apoyo para mitigar las pérdidas inmediatas. Teodora añadió: “Algunos intentan seguir trabajando, otros se prestan plata del banco, toman más crédito… También ya hace unos meses que muchos se vuelven a Bolivia” (Entrevista Teodora, abril 2024).

Este último pasaje, da cuenta de la diversificación de las rutas migratorias como otra manera de afrontar las pérdidas posteriores a las inundaciones. Pocos días después del evento climático, tuve la oportunidad de conversar con Paola, una productora hortícola de 21 años, quien me relató que una familia procedente de Bolivia había llegado a la región semanas antes. Sin embargo, tras la devastación ocasionada por el temporal, tanto su producción como su vivienda habían quedado completamente destruidas, lo que los llevó a regresar a su país de origen (Registro de campo, marzo 2024). En este mismo contexto, se mencionó que Brasil era un destino al que recurrían algunos productores en busca de trabajo. En relación con esto, una mujer me compartió que su hijo mayor había emigrado, explicando: “Mi hijo se fue a trabajar en textil porque sus primos también están allá, en San Pablo” (Registro de campo, abril 2024). De manera similar, se identificaron destinos en el norte de Argentina, como las provincias de Jujuy o Salta, donde algunos se integraban en cadenas de producción intensiva, como la tomatera (Registro de campo, mayo 2024). Este último punto pone de manifiesto una posible estrategia frente a las crisis productivas: el retorno al lugar de origen o a aquellos sitios donde existían vínculos personales que facilitaban el acceso a nuevas oportunidades laborales. Es relevante destacar que muchas de las personas que trabajaban en la horticultura y floricultura en este cordón habían pasado previamente por otros centros de producción intensiva, dentro de grandes cadenas agroindustriales dedicadas al monocultivo de hortalizas, frutas o caña de azúcar, donde aún residían familiares.

Tanto los mecanismos de préstamo entre parientes como la migración hacia lugares previos a la instalación en La Plata advierten sobre la existencia de redes personales, las cuales no solo facilitan el alojamiento y la búsqueda de empleo, sino que también permiten la integración en los mercados laborales locales (Pizarro, 2014). Para esto cabe resaltar que durante décadas, la migración boliviana que conforma el cordón productivo platense ha sido, en su mayoría, una migración de familias o grupos familiares que organizaban su traslado con la asistencia de cadenas de parientes, paisanos y compadres, quienes brindaban apoyo en el alojamiento y la búsqueda de trabajo (Courtis y Pacecca, 2010). Ya en Argentina, estas cadenas de parentesco intergeneracional se yuxtapusieron y superpusieron con las redes de paisanaje, generando un entramado de lazos sociales complejos. La presencia del paisanaje (Benencia et al., 2009), expresa que algún pariente o amigo del lugar de origen se insertó primero en la producción e invitó a otros a trabajar al lugar, por lo que excede la mera referencia a un origen geográfico común y se configura como una red relacional que se afianza en la experiencia compartida dentro del espacio productivo. Estas redes se consolidan mediante prácticas como los préstamos entre familiares y paisanos y los retornos periódicos a los lugares de origen (Benencia y Quaranta, 2006; Sassone, 2009) y, permiten la subsistencia y la reproducción social y económica de este sector, ya sea a través de préstamos mutuos o mediante la creación de espacios de trabajo para los parientes (Isaurralde y Lemmi, 2019).

Una última estrategia posterior a la inundación que interesa señalar es a la transición agroecología, entendida dentro del repertorio de acciones enunciadas previamente. Cuando inicié mi investigación sobre la agroecología en el cordón hortícola y florícola, el temporal ocurrido en 2017 se destacaba como un punto clave en los relatos sobre las trayectorias de los productores. Roberto (52 años), un productor migrante de Bolivia, me comentó en una entrevista: “Después del temporal que hubo, ahí empezó a cambiar la gente, a crear más la agroecología (...) El desastre ocurrió en 2017, hizo estragos en las quintas, fue un temporal, una inundación que destrozó todo, hectáreas y hectáreas. Yo inicié la agroecología por ese temporal” (Entrevista Roberto, agosto de 2023). El evento catastrófico del año 2017 se presentaba como un elemento catalizador en el proceso de adopción de prácticas agroecológicas por parte de muchos productores en la región. Arnoldo (40 años), productor florihortícola proveniente de Paraguay, explicó de manera clara:

Ya en 2016 se hablaba del modelo de parcela agroecológica, se llevaba a las reuniones, pero ningún productor lo tomaba, lo ponían en el listado de temas y nadie lo tomaba. Pero después del desastre, muchos comenzaron a probar con agroecología (Entrevista, septiembre de 2023).

La mención de Arnoldo sobre el modelo de parcela agroecológica que andaba dando vueltas hace referencia a un proceso previo y en desarrollo dentro de algunas organizaciones gremiales del sector, en colaboración con instituciones estatales como el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Este proceso proponía la formación de equipos de productores especializados en agroecología que pudieran implementar este enfoque dentro del sector. A pesar de la asistencia técnica de profesionales en el proceso, que representaba una novedad, las propuestas no lograron generar una adhesión significativa y masiva entre los productores. Si bien los motivos distan de ser objetivo a analizar en este escrito, si aparece en el relato de Arnoldo, que la catástrofe ocasionada por la inundación actuó como un factor catalizador, despertando el interés de muchos productores por las prácticas agroecológicas que ya se venía proponiendo. Tres observaciones a estos registros.

Si bien según los relatos mencionados, el temporal fue un detonante para que algunos productores adoptaran prácticas vinculadas con la agroecología, el principal motor de esta transición no fue el evento catastrófico en sí, sino la exacerbación de la vulnerabilidad económica del sector. Una de las referentes de una organización agroecológica del cordón platense, Roxana Choque, suele expresar en sus charlas y talleres: “A la agroecología no se llega por amor”. Esta frase, breve y concisa, refleja la motivación central de muchos productores para adoptar la agroecología en este contexto: no se trata de un impulso motivado por el afecto y el amor, aunque estas emociones pudieran surgir durante el proceso, sino de la necesidad urgente de reanudar la producción tras la inundación, sin depender del mercado para adquirir insumos dolarizados como semillas, fertilizantes, fungicidas y herbicidas. La familia Choque, luego del temporal del año 2017, perdió toda su producción y vivienda, inundación que devastó las quintas de muchos productores, dejándolos con pérdidas casi totales en sus predios y producciones. Roxana Choque relató “Estábamos endeudados, muy cansados, no comíamos juntos, esa semana del temporal fuimos a unos talleres que daba la organización, el técnico Franco nos dijo que había una forma de cambiar la producción (...) Nadie conocía la palabra agroecología” (Roxana Choque, junio de 2023). Tras asistir a este primer taller de agroecología, probaron con 10 surcos, a pesar del miedo a perder la producción. Seis meses después, ya tenían 4 hectáreas cultivadas bajo este modelo. Así, la agroecología se configuraba en este contexto como una alternativa viable que ofrecía una solución económica, frente a las dificultades de acceso a los insumos convencionales posterior a la inundación. De esta manera, la opción por prácticas agroecológicas se constituye como respuesta a la necesidad de supervivencia en un contexto de alta vulnerabilidad.

Un segundo aspecto clave es que la transición hacia la agroecología no se realizó de manera individual o familiar. En este proceso, las redes de parentesco y paisanaje mencionadas previamente, muchas veces institucionalizadas a través de organizaciones, desempeñaron un papel crucial. Estas redes no sólo garantizaban apoyo mutuo en términos de recursos materiales, sino también en términos de seguridad, confianza y certidumbre, dado que, en un contexto donde el temor y las dudas prevalecían tras la catástrofe, las redes sociales, tanto formales como informales, eran fundamentales para superar la incertidumbre de comenzar una nueva producción de una forma no conocida previamente. Los hermanos de Elodia Choque, madre de Roxana, algunos de los cuales compartían la quinta con ella, comenzaron a ver los resultados de la transición agroecológica y de manera progresiva comenzaron a aplicar preparados naturales, diversificar la producción y utilizar corredores biológicos. Actualmente, todos los miembros de la familia Choque implementan prácticas agroecológicas, y entre ellos se comparten semillas y biopreparados. Esta respuesta puede interpretarse como resultado de la disponibilidad de recursos organizacionales y estatales, la situación crítica que demanda la reducción de costos posterior al temporal (particularmente aquellos dolarizados en el modelo convencional) y la existencia de redes de confianza, como las de parentesco y paisanaje, que proporcionan seguridad en un contexto de incertidumbre generado por la catástrofe.

Una tercera cuestión surge de la comparación entre los períodos 2017 y 2023-2024. Durante esos últimos años, me pregunté si, al igual que en 2017, las inundaciones generarían un nuevo impulso en las prácticas agroecológicas. Sin embargo, a diferencia de lo sucedido entonces, las lluvias de 2024 afectaron a un sector ya fuertemente afectado por un contexto socioeconómico crítico y distinto al de ocho años atrás. El agua llegó en un escenario inflacionario, con fuertes aumentos en los costos de alquiler, de insumos y de servicios sin tarifa diferenciada para los productores. Muchas familias se encontraban endeudadas, tras haber invertido en la producción mediante préstamos. De allí que la comparación entre ambos períodos de temporales, aunque similares en términos climáticos, permita revelar respuestas sociales y productivas distintas en el cordón frutihortícola.

La diversidad de estrategias presentadas previamente en respuesta a los procesos de inundación, permiten registrar mecanismos de movimiento a nuevos predios no inundados (mudanza), corrimiento del sector (migración), persistencia en la actividad diversificando fuentes de ingreso (pluriempleo o préstamos) y la tracción a prácticas agroecológicas (abaratando costos). Todas estas estrategias se manifiestan de manera yuxtapuesta e ilustran la complejidad inherente a la vida en el sector, al reflejar no solo la variedad de recursos y respuestas empleadas por los actores sociales, sino también la adaptación continua a un entorno marcado por la incertidumbre y la vulnerabilización. No constituyen elementos aislados o excepcionales, sino que forman parte del repertorio cotidiano de los habitantes de la región, que adquieren una intensidad y una dimensión distintas en los períodos posteriores a eventos catastróficos.

Las inundaciones pueden ser conceptualizadas como momentos liminales que marcan un antes y un después en la vida de las personas, experiencias que afectan la espacialidad, la temporalidad y la materialidad de las relaciones sociales (Oliver-Smith, 1995). Resulta útil recuperar el concepto de “drama social” propuesto por Víctor Turner, que responde a una conflictividad inherente a la vida social en lugar de un enfoque de estado de excepción (Álvarez y Valpassos, 2023). Según Turner, los dramas sociales se desarrollan en cuatro fases de acción pública: la ruptura de las relaciones sociales normales, la crisis como un momento liminal que constituye un umbral entre fases del proceso social, la acción reparadora basada en mecanismos de ajuste y reparación tanto formales como informales, y la resolución de la crisis, que no implica un simple retorno a un equilibrio anterior, sino momentos de transformación condicionados por las relaciones de poder existentes y las posibilidades de dotar de nuevos significados a los símbolos disponibles (Visacovsky, 2011).

En este marco, las respuestas a las inundaciones, como la mudanza de predios, el corrimiento hacia otros sectores, la diversificación laboral, el uso de préstamos y créditos, e incluso la adopción de la agroecología, no deben entenderse sólo como reacciones inmediatas al desastre, sino que constituyen un repertorio de acción del sector, que en momentos críticos se expanden. Además, en algunos casos, como en el de la agroecología, estas respuestas van más allá de la simple restauración del estado previo, constituyéndose como un proceso dinámico de adaptación.

Palabras finales

A lo largo de este artículo se han abordado diversas dimensiones en torno a las inundaciones ocurridas en uno de los periurbanos más productivos de Argentina: el cordón florihortícola platense. Lejos de ser fenómenos extraordinarios o ajenos al devenir social, estas inundaciones constituyen expresiones críticas de un proceso histórico de vulnerabilización, en el que confluyen múltiples factores: transformaciones territoriales y productivas, condiciones de vivienda y trabajo, marcos institucionales deficitarios y, más recientemente, los efectos del cambio climático. Dentro de estos elementos, sobresale la expansión de un sistema productivo caracterizado por el uso intensivo de estructuras de invernáculo y tecnologías asociadas al paquete tecnológico, que, con su consecuente impermeabilización del suelo, agrava los efectos.

Estos hechos ponen en evidencia la fragilidad de las estructuras socioeconómicas de la región y la vulnerabilidad inherente al sector, que coloca en cuestión su capacidad de reproducción social y productiva. Con cada inundación los productores pierden por completo su inversión, que incluye tiempo de trabajo, insumos como semillas, fertilizantes y pesticidas, las estructuras de invernáculos, que sufren daños severos (voladuras, perforaciones, desgastes) y las propias viviendas. Las inundaciones no solo afectan la producción, sino que alteran profundamente las dinámicas sociales y las formas de sociabilidad en el cordón platense. Por tanto, es crucial comprender a las inundaciones no como eventos aislados y excepcionales, sino como una manifestación de la vulnerabilidad social que caracteriza al sector en su conjunto, cuyas pérdidas y riesgos son asumidos por las familias productoras que garantizan la reproducción del sector.

También se analizó cómo las inundaciones en esta región, pueden actuar como momentos liminales que desencadenan arreglos y respuestas adaptativas ante situaciones de vulnerabilidad. Estas respuestas, como el traslado a nuevos predios no inundados (mudanza), corrimiento del sector (migración), mecanismos de persistencia en la actividad diversificando fuentes de ingreso (pluriempleo o préstamos) y la tracción de prácticas agroecológicas (reducción de costos), forman parte del repertorio cotidiano de acciones de la región, aunque se intensifican y diversifican después de cada inundación, especialmente cuando las tensiones sociales y económicas aumentan.

Estas respuestas no se limitan a reacciones inmediatas ante la pérdida de tierras cultivables, viviendas y producción, sino que son procesos dinámicos que, en ocasiones, implican la reconfiguración de las relaciones sociales y la adopción de nuevas estrategias económico productivas. Es decir, las inundaciones pueden actuar como catalizadores de cambios en los modelos productivos, como la transición hacia la agroecología, la cual se presenta como una alternativa viable frente a los altos costos de insumos dolarizados, como semillas, fertilizantes y pesticidas, así como ante la incertidumbre que caracteriza el modelo productivo tradicional.

Sin embargo, el proceso de adaptación no siempre da lugar a respuestas creativas. En el caso de estudio, estas fueron posibles en el año 2017, gracias al apoyo de una estructura organizacional y estatal presente, así como a redes de confianza basadas en el parentesco y el paisanaje, actores que brindaron apoyo material y emocional, generando seguridad y confianza para afrontar la incertidumbre posterior a las inundaciones y el proceso de transición hacia la agroecología. La comparación entre los temporales de 2017 y 2023-2024, que presentaron características climáticas similares pero suscitaron respuestas disímiles por parte del sector, permite profundizar en la comprensión de los procesos sociales y productivos en el cordón.

Referencias bibliográficas

ÁLVAREZ, Santiago, y VALPASSOS, Carlos Abraão. (2023). Conflitos e crises: Um preâmbulo teórico e metodológico. En S. Álvarez y C.A. Valpassos, Alguns olhares do Sul: Antropologia, etnografia, análises de conflitos e crises no século XXI (pp. 8-17). Río de Janeiro: Editora da Universidade Estadual do Norte Fluminense Darcy Ribeiro / EdUENF.

ALTEZ, Rogelio (2019). La perspectiva histórica en la Antropología de los Desastres. El caso de América Latina. En J. A. González Alcantud (Ed.) El rapto de la historia. Introducción a un debate con la antropología (pp. 277-324). Granada: Universidad de Granada.

AUGE, Miguel (1990). Aptitud del agua subterránea en La Plata, Argentina. Seminario Latinoamericano de Medio Ambiente y Desarrollo, 191-201.

BALBI, Fernando (2012). La integración dinámica de las perspectivas nativas en la investigación etnográfica Intersecciones en Antropología. Intersecciones en Antropología; 13(2):485-499.

BARNARD, Patrick, RANASINGHE, Roshanka y STANEVA, Joana (2024). Sea level rise. Scientific Reports volume, 14. https://www.nature.com/collections/cdhcfgcahg#:~:text=According%20to%20the%202021%20report,the%20displacement%20of%20coastal%20populations.

BECK, Ullberg (1998). La sociedad del riesgo: Hacia una nueva modernidad. Barcelona: Paidós.

BENENCIA, Roberto y QUARANTA, German (2006). Mercados de trabajo y economías de enclave: La “escalera boliviana” en la actualidad. Estudios migratorios Latinoamericanos; 60(8):413-432

CAMARGO, Alejandro y CAMACHO, Juana (2018). Convivir con el agua. Revista Colombiana De Antropología, 55(1), 07–25.

CAMILLONI, Inés y VERA, Carolina (2007). El aire y el agua en nuestro planeta (Colección). Eudeba.

CHAVES, Mariana, MORA Ana Sabrina, y SILVA, Sofía (Coords.) (2023). Acontecimientos disruptivos desde la antropología: Inundación y pandemia en La Plata. La Plata: Universidad Nacional de La Plata; EDULP. (Libros de cátedra)

COURTIS, Corina y PACECCA, María Inés (2010). Género y trayectoria migratoria: mujeres migrantes y trabajo doméstico en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Revista Papeles de Población, número 16.

DAS, Veena (1995). Critical Events. An Anthropological Perspective on Contemporary India. Oxford: Oxford University Press.

Dell’ Arciprete, D. et al. (2022). Estudio preliminar del uso del suelo y su relación con las aguas subterráneas en un sector del cinturón hortícola platense. XI Congreso Argentino de Hidrogeología, Bahía Blanca.

DÍAZ CROVETTO, Gonzalo (2015). Antropología y Catástrofes: intersecciones posibles a partir del caso Chaitén. Revista Justiça do Direito, 29 (1), 131-144.

FERNÁNDEZ, Lisandro (2018). La Exclusión Social de los Agricultores Familiares de La Plata: Un análisis del período 2005-2018. Centro Universitario Regional Zona Atlántica; 21(2): 106-123.

GARCÍA, Matías (2011). El cinturón hortícola platense: ahogándonos en un mar de pláticos. Un ensayo acerca de la tecnología, el ambiente y la política. THEOMAI, 23, 35-53.

GARCÍA, Matías (2012). Análisis de las transformaciones de la estructura agraria hortícola platense en los últimos 20 años. El rol de los horticultores bolivianos. (Tesis de Doctorado). Universidad Nacional de La Plata.

GARCÍA, Matías y Kebat, Claudia (2008). Transformaciones en la horticultura platense. Instituto Argentino para el Desarrollo Económico; Realidad Económica; 237; 110-134.

GARCÍA, Matías y LEMMI, Soledad (2011). Territorios pensados, territorios migrados. Una historia de la formación del territorio hortícola platense. Párrafos Geográficos, 10(1), 245-274.

GARCÍA ACOSTA, V. (1996). Historia y desastres en america latina. Red de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina y CIESAS.

GARCIA ACOSTA, V. (2005). El riesgo como construcción social y la construcción social de riesgos. Desacatos-Revista de Antropología Social, 19, 11-24.

HOLT GIMENEZ, Eric (2017). El capitalismo también entra por la boca. Comprendamos la economía política de nuestra comida. Nueva York: Food FirstBooks.

HOUSPANOSSIAN, Javier et al. (2023). Agricultural expansion raises groundwater and increases flooding in the South American plains. Science, 380,1344-1348.

KRUSE, Eduardo (2022). Estudio preliminar del uso del suelo y su relación con las aguas subterráneas en un sector del cinturón hortícola platense. XI Congreso Argentino de Hidrogeología, Bahía Blanca. Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales.

KRUSE, Eduardo, SARANDON, Ramiro, GASPARI, Fernanda (2014). Impacto del cambio climático en el Gran La Plata. La Plata: EDULP.

LEMMI, Soledad (2011). Las clases sociales en la horticultura platense: Ejercicio de teorización, historización y análisis empírico. Mundo Agrario 12(23).

LEMMI Soledad y MUSCIO, Lorena (2023). Hablemos de desigualdad. Trabajo y condiciones de vida en el periurbano hortícola platense desde una perspectiva de género. En Attademo S, Fernández L y Lemmi S (Comps.). Periurbano hortícola del Gran La Plata: Reconfiguraciones en las tramas socioculturales y productivas en el siglo XXI (pp. 321-355). Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.

LEMMI, Soledad, MORZILLI Melina y CASTRO, Andrea. (2020). Jóvenes que horticultean, adultos/as horticultores/as. Aproximaciones al sentido de juventud en familias migrantes bolivianas que se dedican a la horticultura en el Gran La Plata. Millcayac - Revista Digital De Ciencias Sociales; 7(13): 141–172.

NATENZON, Claudia, y GONZÁLEZ, Silvia (2012). El agua como problema social. Puente@Europa, 10(2).

OLIVER-SMITH, Anthony (1995). Perspectivas antropológicas en la 60 investigación de desastres. Desastres y Sociedad, 5, 49-78

PEIRANO, Maritza (2004). A favor de la etnografía. In: Alejandro Grimson, Gustavo Lins Ribeiro y Pablo Semán (eds.). La antropología brasileña contemporánea: contribuciones para un diálogo latinoamericano. Buenos Aires: Prometeo.

PIZARRO, Cynthia (2014). Redes espacios sociales transurbanos de los inmigrantes bolibianos en el Área Metropolitana de Buenos Aires, Argentina. En R. Benencia, A. Pedreño, y G. Quaranta (Coords), Mercados de Trabajo. Instituciones y trayectorias en distintos escenarios migratorios. Buenos Aires: Ediciones CICCUS.

REGUILLO, Rossana (2005). Ciudad, riesgos y malestares. Hacia una antropología del acontecimiento. En: García Canclini, N. (Coord.), La antropología urbana en México (pp. 307-340). Fondo de Cultura Económica.

RESTREPO, Eduardo (2016). Etnografía: alcances, técnicas y éticas. Cauca: Envión.

RINGUELET, Roberto (2008). La complejidad de un campo social periurbano centrado en las zonas rurales de La Plata. Mundo Agrario; 9(17).

ROCKWELL, Elsie (2009). La experiencia etnográfica. Historia y cultura en los procesos educativos. Barcelona: Paidós.

SASSONE, Susana (2009). “Breve geografía histórica de la migración boliviana en la Argentina”. En Buenos Aires Boliviana. Migración, construcciones identitarias y memoria (pp. 389-402). Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

SCARPATI, Olga Eugenia y BENÍTEZ, Mirela (2005). Las inundaciones en la ciudad de La Plata. su análisis en relación con las precipitaciones durante las últimas décadas del siglo XX. Revista de Estudios Geográficos, 1(1), 1-11.

SIENA, Mariana (2014). Desastres y vulnerabilidad: un debate que no puede parar. Bulletin de l’Institut français d’études andines, 43 (3), 433-443.

TEVES, Laura et al. (2015) La antropología, entre la interdisciplina y las catástrofes. El caso de las inundaciones de La Plata (Pcia. De Buenos Aires, Argentina). XI Reunión de Antropología del Mercosur (Montevideo, Uruguay, 30 de noviembre al 4 de diciembre de 2015.

ULLBERG, Susann (2011). De inundados a Inundados: Posdesastre y Movilización Social en Santa Fe. En Sergio Visacovsky (Ed.), Estados Críticos: La experiencia social de la calamidad (pp. 91-126). Ediciones Al Margen.

ULLBERG, Susann (2017). Desastre y Memoria Material: La Inundacion 2003 de Santa Fe, Argentina. Iberoamericana – Nordic Journal of Latin American and Caribbean Studies, 46(1), pp. 42–53,

VISACOVSKY, Sergio Eduardo (Ed.). (2011). Estados críticos: La experiencia social de la calamidad. La Plata: Al Margen

Páginas web y Fuentes documentales

Censo Florihortícola de la Provincia de Buenos Aires (2005). https://www.estadistica.ec.gba.gov.ar/dpe/Estadistica/chfba/chfba2005.pdf

Diario El Día. 13 de marzo de 2024. En La Plata, en solo 3 días llovió el 65% más de lo que llueve en todo marzo. https://www.eldia.com/nota/2024-3-13-10-31-0-sin-luz-y-sin-agua-en-distintos-barrios-de-la-plata-en-medio-del-temporal-operativos-de-emergencia-la-ciudad

Departamento de Hidráulica de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de La Plata- UNLP

IPPC (Intergovernmental Panel on Climate Change) https://www.ipcc.ch/languages-2/spanish/

Servicio Meteorológico Nacional. https://www.smn.gob.ar/noticias/clima-en-argentina-2022-temperaturas-extremas-sequ%C3%ADa-y-r%C3%A9cords#:~:text=El%20a%C3%B1o%20pasado%20fue%20un,zona%20n%C3%BAcleo%20y%20regi%C3%B3n%20central.