Los guardianes del agua: una etnografía de los canaleros de la Dirección Provincial de Hidráulica (provincia de Buenos Aires, Argentina)
María Agustina Arrién
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
Universidad Nacional de Quilmes
Universidad Abierta Interamericana
Argentina
agus.arrien@gmail.com
https://orcid.org/0000-0001-9003-2556
The Guardians of Water: An Ethnography of the Canaleros of the Provincial Directorate of Hydraulics (Province of Buenos Aires, Argentina)
Abstract
This article examines the figure of the canalero, a worker of the Buenos Aires Provincial Directorate of Hydraulics and an essential actor in water management across rural areas of the province. Drawing on a qualitative approach that integrates insights from the anthropology of the state, the ethnography of public policies, and the biographical method, we seek to understand how these public officials (whom we conceptualize as territorial hydrocrats) interweave technical knowledge, family trajectories and memories, and everyday experiences around water and within the broader hydrosocial cycle of which they are part.
Keywords
Hydraulic Infrastructure; Canal Workers; Provincial Directorate of Hydraulics; Salado River; Territorial Hydrocracies.
Os guardiões da água: uma etnografia dos canaleros da Direção Provincial de Hidráulica (província de Buenos Aires, Argentina)
resumo
O presente artigo analisa a figura do canalero, trabalhador da Direção Provincial de Hidráulica da província de Buenos Aires e peça fundamental na gestão da água nos espaços rurais dessa província. A partir de uma abordagem qualitativa que articula contribuições da antropologia do Estado, da etnografia das políticas públicas e do método biográfico, procuramos compreender como esses funcionários (aos quais conceitualizamos como hidrócratas territoriais) enlaçam saberes técnicos, trajetórias e memórias familiares com experiências cotidianas, á volta da água e do ciclo hidrossocial do qual fazem parte.
palavras-chave
Infraestrutura hidráulica; Canaleros; Direção Provincial de Hidráulica; Rio Salado; Hidrocracias territoriais
FECHA DE RECIBIDO 20/02/2025
FECHA DE ACEPTADO 15/04/2025
COMO CITAR ESTE ARTICULO
Arrién, MA. (2025) Los Guardianes del agua: una etnografía de los canaleros de la Dirección Provincial de Hidráulica (Provincia de Buenos Aires, Argentina). Revista de la Escuela de Antropología, XXXVII, pp. 1-29. DOI 10.35305/rea.XXXVI.352
Resumen
El presente artículo analiza la figura del canalero, trabajador de la Dirección Provincial de Hidráulica bonaerense y pieza esencial en la gestión del agua en los espacios rurales de esa provincia. A partir de un enfoque cualitativo que articula los aportes de la antropología del Estado, de la etnografía de las políticas públicas y del método biográfico, buscamos comprender cómo estos funcionarios (a quienes conceptualizamos como hidrócratas territoriales) entrelazan saberes técnicos, trayectorias y memorias familiares y experiencias cotidianas en torno al agua y al ciclo hidrosocial del que forman parte.
Palabras Clave
nfraestructura Hidráulica; Canaleros; Dirección Provincial de Hidráulica; Río Salado; Hidrocracias Territoriales.
El Ministerio de Obras Públicas de la provincia de Buenos Aires (hoy Ministerio de Infraestructura y Servicios Públicos) y, en su seno, la Dirección Provincial de Hidráulica (DPH), han sido los principales planificadores y ejecutores de la misión hidráulica provincial, cuyo objetivo técnico y político fue expulsar los excesos hídricos hacia aguas abiertas para domesticar los flujos del agua e incorporar a la producción primaria los territorios de la “zona inundable”1 (Arrién, 2025). Tal esfuerzo fue sostenido históricamente por funcionarios como los canaleros, asentados en los campamentos rurales de la DPH.
La figura del canalero, encargado del mantenimiento, supervisión y reporte de los canales, constituye una inscripción territorial singular de la burocracia hidráulica. En este artículo analizamos etnográficamente la territorialización de la misión hidráulica del Estado provincial a partir de las prácticas cotidianas y los saberes de los canaleros, conceptualizados aquí como hidrócratas territoriales. Al examinar sus campamentos como hogares, escuelas de oficio y oficinas del Estado, buscamos desmantelar la imagen monolítica del Estado y mostrar cómo la política pública se reproduce en sus márgenes.
Diversos trabajos abordaron el concepto de misión hidráulica del Estado y la gestión de cuencas (Molle, 2009; Garnero, 2022b), destacando su papel en el ejercicio del poder y la consolidación de las hidrocracias (Banister, 2014). Casos como México, España, Egipto o Argentina muestran cómo el control del agua permitió integrar regiones periféricas (Molle, Mollinga y Wester, 2009; Swyngedouw, 2015; Barnes, 2016; Martín, Rojas y Saldi, 2010). A diferencia de los sistemas de riego, el caso bonaerense encarna una misión inversa: no busca retener el agua, sino expulsarla para mitigar inundaciones en la “zona inundable”.
Por su parte, Banzato (2014, 2021), Banzato y D’Agostino (2015), Pereyra (2011) y Arrién (2025) examinaron las estrategias con que el Estado bonaerense intentó regular los excesos hídricos. Sin embargo, aún faltan estudios antropológicos que aborden las hidrocracias con base territorial, es decir, a quienes reinterpretan cotidianamente las políticas hidráulicas en el terreno.
En este trabajo recuperamos la experiencia de dos canaleros y un ex-jefe zonal de la DPH desde la antropología del Estado y la etnografía de las políticas públicas. Sostenemos que las infraestructuras formales e informales que operan estos hidrócratas territoriales configuran una gestión híbrida del agua, donde norma, improvisación y saber empírico conviven (Meehan, 2014; Meyers y Lehmann Nielsen, 2012). Así, los canaleros no contradicen la política pública, sino que la vuelven posible mediante adaptaciones locales, combinando experiencia, intuición y norma: hidrócratas territoriales que implementan políticas desde la reinterpretación activa a partir de su experiencia.
El artículo combina un enfoque histórico y etnográfico: primero, presentamos el marco teórico-metodológico; luego, la reconstrucción de la misión hidráulica bonaerense como proyecto de expulsión del agua; finalmente, analizamos los campamentos de la DPH y las tareas cotidianas de los canaleros, para concluir con una reflexión sobre estos como guardianes del patrimonio hidráulico provincial.
Comentario teórico-metodológico acerca del estudio de las hidrocracias
El trabajo se sustenta en un diseño cualitativo que integra herramientas de la antropología del Estado, la etnografía de las políticas públicas, la historia ambiental, las humanidades azules y el método biográfico. Desde esta perspectiva, realizamos una etnografía centrada en los márgenes del Estado, articulando relatos de vida y observación etnográfica para situar la experiencia de los canaleros como nodos de inteligibilidad donde la misión hidráulica bonaerense se reproduce cotidianamente en el territorio (Capriati, 2017).
El relato de vida, herramienta investigativa privilegiada de esta investigación, permite acceder a experiencias vividas y comprender cómo las políticas se experimentan localmente, más allá de los marcos institucionales. Desde este enfoque, analizamos la agencia individual en procesos socioculturales y cómo los sujetos interactúan, reclaman justicia o elaboran estrategias de supervivencia ante las condiciones impuestas (Chárriez Cordero, 2012; Franzé Mundanó, 2013).
Más que representar el conjunto de la hidrocracia subnacional, el estudio abre una vía etnográfica hacia un punto de inscripción territorial concreto, el mundo laboral y doméstico de dos canaleros: Fernando Leunda (Canal 1, Ayacucho) y Ricardo Migueles (Canal 9, Pila), junto con Juan Domingo Verón, exjefe zonal que los supervisó durante cuatro décadas.
En este trabajo proponemos abordar a los canaleros como hidrócratas territoriales, una categoría analítica inspirada en la de burocracia de calle de Lipsky (1980). A diferencia de otros funcionarios, los canaleros viven y trabajan en el canal: su hogar es una oficina del Estado, y su desempeño marcado por discrecionalidad, falta de recursos y lazos de amistad, combina experiencia técnica, genealógica y afectiva.
Las fuentes utilizadas comprenden tres entrevistas en profundidad (2024–2025), registros fotográficos de los campamentos, anotaciones personales sobre la dinámica del agua, el Reglamento de Servicios de 1958 y las Instrucciones para el manejo del Vertedero Langueyú. El número reducido de casos responde a la riqueza testimonial de sus trayectorias, aunque limita la generalización de los hallazgos. Estas trayectorias se inscriben en una trama más amplia de funcionarios y políticas públicas, desde una noción ampliada del Estado.
La apuesta metodológica se concentra en una etnografía de los márgenes del Estado, centrada en las historias de vida de los canaleros como intersticios donde las políticas públicas toman forma mediante la improvisación, la discrecionalidad y la reinterpretación territorial (Capriati, 2017). En esta línea, no buscamos escribir una historia total de las hidrocracias, ni concebirlas como una totalidad racional o monolítica, sino aproximarnos a lo estatal como un espacio dinámico, fragmentado y afectivo.
El trabajo de campo en el campamento de Ayacucho permitió complementar las entrevistas con la observación directa del entorno doméstico y físico del canalero Fernando Leunda, quien nació y vivió allí junto a su padre y su abuelo, también canaleros del mismo lugar. Esa continuidad intergeneracional refuerza una de las hipótesis centrales: la misión hidráulica provincial se sostuvo tanto por decisiones políticas y técnicas como por modos de vida y de trabajo que preservan un patrimonio hidráulico rural familiar y regional.
La misión hidráulica del Estado provincial y su reinterpretación en los márgenes: los canaleros como hidrócratas territoriales
El concepto clásico de misión hidráulica del Estado, formulado por Molle, Mollinga y Wester (2009) y retomado por Garnero (2022a; 2022b), alude al aprovechamiento total del agua: ni una sola gota debe llegar al mar sin haber sido utilizada en beneficio humano. En el caso bonaerense, esta idea se invierte: el propósito no es retener el agua sino expulsarla, conduciendo todo exceso hídrico hacia el mar para evitar anegamientos y volver productiva la “zona inundable”. La misión hidráulica provincial fue (y, en parte, aún es) un proyecto de drenaje y expulsión: una red de canales y obras destinadas a transformar el agua excedente en un recurso controlado.
Esta misión se territorializó desde fines del siglo XIX a través de figuras como la del canalero, concebido aquí como un hidrócrata territorial: un funcionario que reinterpreta la política pública hídrica desde su experiencia, su legado familiar y su arraigo en el territorio. Su labor combina norma y discrecionalidad, manteniendo activa una red de infraestructura hidráulica centenaria. El ocaso de esta hidrocracia comenzó en los años ‘80, cuando se eliminaron la mayoría de los cargos. Ricardo Migueles fue uno de los afectados, mientras que la familia Leunda mantuvo su trabajo gracias a la municipalidad de Ayacucho (F. Leunda, comunicación personal, 18 de octubre de 2024). Su posterior reincorporación a la DPH no respondió a procedimientos formales, sino a la intervención de su jefe zonal, Juan Domingo Verón.
La labor de los canaleros se rige tanto por el Reglamento de Servicios para los encargados y recorredores de canales (1958) como por los reglamentos específicos de apertura y cierre de obras dictados por la DPH. El Reglamento organiza tiempos, tareas, herramientas y sanciones, y constituye una infraestructura normativa que articula la vida laboral del canalero con las dinámicas del agua.
Los campamentos de la DPH estudiados (marcados en la Figura 1) se ubican en la Pampa Deprimida, en la cuenca baja del Río Salado, en zonas rurales estratégicas con confluencias de agua y obras que requieren manejo manual. La familia Leunda habita desde 1960 el campamento del Canal 1 (Ayacucho), mientras que Migueles y su familia ocuparon el del Canal 9 (Pila). Desde 2000, la Autoridad del Agua (ADA) creó los Comités de Cuenca para coordinar la gestión hídrica; los campamentos analizados integran el Comité B4, correspondiente a los canales 1, 2 y 9.
En las subsecciones que siguen nos enfocamos, por un lado, en el campamento como hogar, espacio formativo y oficina; por el otro, en las tareas cotidianas del canalero y sus márgenes de acción. No se trata de describir las funciones asignadas a un tipo de personal público específico, sino de echar luz sobre una forma de vida particular que transcurre en el campamento de la DPH, en donde se crían hijos, se vive junto al canal y donde se aprende el oficio de “leer” el agua. Es precisamente mediante esas acciones que los canaleros territorializan la misión hidráulica del Estado bonaerense.
“No es solo un empleo, sino una forma de vivir”: el campamento como hogar, espacio formativo y oficina estatal
El campamento del Canal 1 en Ayacucho es habitado por la familia Leunda desde hace tres generaciones. En la primera entrevista, Fernando se posicionó sobre una compuerta del canal, gesto que condensa el vínculo entre su historia familiar y la obra hidráulica (Imagen 1). Lo primero que señaló fue la ubicación del campamento y la dinámica del agua que lo atraviesa: “El campamento está al norte del partido de Ayacucho. Es un área deprimida y de escasos metros sobre el nivel del mar. El agua viaja del oeste al este, y los canales evacúan el agua de esta llanura hacia el mar” (F. Leunda, comunicación personal, 18 de octubre de 2024).
Desde la perspectiva del método biográfico y de la historia oral, el modo en el que se inicia una entrevista no es un dato menor, sino que se trata de una escena cargada de sentidos que, excediendo la mera verbalidad, configura el tono relacional y posiciona al sujeto en un lugar de enunciación (Kornblit, 2010). Leunda elige presentarse desde la obra, definiendo al canal como un espacio que estructuró su identidad.
La dinámica del agua en estas llanuras, según Kruse y Zimmermann (2002), se caracteriza por pendientes bajas y escurrimientos lentos; una descripción que ayuda a comprender el saber empírico que los canaleros desarrollan al “leer” el agua, su tiempo y su movimiento. Lo anterior quiere decir que, tanto en la zona del Canal 1 como en la del Canal 9, el agua discurre de manera difusa sobre amplias superficies, acumulándose o fluyendo por superficies planas y dependiendo de microrrelieves, depresiones locales o intervenciones hidráulicas de distinto tipo para llegar al mar.
Al preguntársele a Leunda hace cuánto que trabaja y vive en el campamento del Canal 1, respondió:
Mi abuelo llegó en 1960 al campamento. Era canalero. Después se jubiló y entró mi padre. Somos generaciones de canaleros, y siempre en el mismo lugar. Oficialmente estoy en el puesto hace 15 años, pero siempre estuve en la zona así que sé bastante del lugar. Yo estoy acá y quedan pocos canaleros en Hidráulica. Ya no queda gente establecida en el lugar. Yo porque es mi lugar en el mundo y acá yo me desarrollé y crecí; tengo otro sentimiento aparte. No es solo un empleo, sino una forma de vivir (la cursiva es propia -F. Leunda, comunicación personal, 18 de octubre de 2024).
Su relato introduce con fuerza la dimensión afectiva y heredada del oficio. Desde la lente teórica de la antropología del Estado (Franzé Mudanó, 2013), estas palabras permiten asumir la ambigüedad y la densidad propias de los procesos de implementación de políticas públicas, en los que la vida doméstica y la acción estatal se entrelazan. Al situar la mirada en los actores concretos y en las tramas relacionales que los envuelven, el campamento se revela no solo como una dependencia burocrática, sino como un umbral donde coexisten la gestión hídrica y la vida familiar. Esto se evidencia en el modo en que Leunda asocia su historia personal con la del canal y la institución: para él, el canal no es un espacio de trabajo externo, sino una extensión de sí mismo. “Yo me llevo el canal conmigo” (F. Leunda, comunicación personal, 18 de octubre de 2024), dice, condensando en esa frase la continuidad material y simbólica de una profesión transmitida de generación en generación, con un profundo arraigo territorial.
Por otro lado, la genealogía familiar narrada por Leunda, la cual enlaza a su abuelo, a su padre y a él al mismo sitio geográfico y oficio, da cuenta de lo que Wedel et al. (2005) denominan comunidad de políticas públicas: en estos contextos, no solo se reproduce una práctica burocrática, sino una forma particular de vivir en constante diálogo con el agua. Este diálogo no es uno de mero manejo, sino uno en el que el agua también hace a la formación de identidades y vínculos afectivos (Strang, 2004).
Por otra parte, el campamento del Canal 9 fue habitado por el padre de Migueles desde la década de 1970. Él se define como alguien “nacido y criado” allí en el campo, “al lado de la compuerta”.2 A diferencia de la introducción de Leunda, al llegar a su casa en General Belgrano, lo primero que hizo Migueles fue presentar unas fotografías del vertedero que tanto él como su padre manejaron (Imagen 2) y del campamento rodeado de agua durante la inundación de 2002. La alusión a las fotografías fue constante a lo largo de toda la entrevista. Estas cumplieron el rol de puntos de referencia memorísticos que, lejos de ser individuales, se encontraban tejidos en procesos intersubjetivos compartidos a nivel familiar, grupal, regional e incluso provincial (Halbwachs, 2004).
La historia que acompaña la imagen 2 introduce una memoria afectiva que hace que el entrevistado cuente toda su vida como canalero: “(...) mi padre cayó muerto en esa misma compuerta, en la crecida de julio del ‘78. Cayó mientras la cerraba, estaba todo lleno de agua, fue terrible. Después de esto, en seguida entré yo en reemplazo como canalero” (R. Migueles, comunicación personal, 12 de abril de 2025). La muerte del padre y la continuidad del oficio por parte de Ricardo convierte el trabajo en una herencia tanto formativa como emocional.
Ambos canaleros aprendieron el oficio en la infancia, entre los márgenes del canal y las rutinas del campo, combinando ese aprendizaje con la escuela rural. En estos espacios donde el agua (o, más bien, su ausencia o su exceso) condicionan la vida misma, se vuelve palpable lo que Linton (2010) llama ciclo hidrosocial: la trama de vínculos que, una y otra vez, conecta lo social con las dinámicas propias del agua en una relación dinámica e inseparable. Leunda recuerda: “Crecí acá [en el campamento]. Hice la primaria en una escuela rural y la secundaria en Tandil. Iba y volvía. Pero toda la vida estuve acá” (F. Leunda, comunicación personal, 18 de octubre de 2024). En el caso de Migueles, las primeras experiencias con el agua son recordadas mediante el énfasis en lo distintivo de la movilidad rural en contextos de desastre. En entornos rurales como los analizados, con un ciclo hidrosocial signado por sequías e inundaciones recurrentes, Migueles recuerda: “(...) yo andaba siempre con mi papá, manejando la compuerta y recorriendo. Íbamos a la escuela a caballo, viste lo que es la vida en el campo… A veces no podíamos pasar por el agua, a veces las maestras se quedaban en casa porque no podían volver por la crecida” (R. Migueles, comunicación personal, 12 de abril de 2025).
En la imagen 2 se percibe la estructura robusta pero envejecida del vertedero del campamento del Canal 9, en la cual se hacen visibles los signos físicos de la antigüedad de una infraestructura que alguna vez fue central para la misión hidráulica provincial y para sus hidrócratas.
A partir de la imagen 2 es posible pensar los ensamblajes entre infraestructuras y cuerpos propuestos por Meehan (2014): en dicha fotografía es posible ver al canalero como un funcionario que expone su cuerpo a los elementos y cuyo trabajo implica fuerza y riesgo: “Ahí estoy metido yo porque se me había trabado una hoja [del vertedero]. Si me agarra el agua ahí, ¿sabés dónde voy a parar, no?” (R. Migueles, comunicación personal, 12 de abril de 2025). Los canales, vertederos, compuertas y terraplenes son fuentes activas de poder estatal, es decir, objetos que distribuyen obligaciones, habilitan o constriñen acciones y moldean identidades (Meehan, 2014). Sin embargo, las infraestructuras no solo expanden el poder estatal, sino que también lo limitan: la falta de financiamiento para el mantenimiento de los vertederos, de las compuertas y del mismo campamento trasladan la responsabilidad económica del ámbito público al privado.
Ambos campamentos pertenecen formalmente a la DPH, ya que “los canales son como las rutas, tienen márgenes, y nosotros estamos acá y los mantenemos” (F. Leunda, comunicación personal, 18 de octubre de 2024). Migueles describe su campamento de la siguiente manera:
Son 5 habitaciones de 4x4, dos baños inmensos, un comedor de 7x7, dos placares, y una parte de Hidráulica que era donde se venían a quedar las autoridades y donde mi viejo tenía la oficina. La parte mía me la arreglaron toda. Los pisos de madera estaban podridos porque el agua se metía (R. Migueles, comunicación personal, 12 de abril de 2025).
Allí, las vidas familiares y laborales de los canaleros se entrelazan con la del canal: el manejo y monitoreo de sus flujos es una herencia familiar que forma parte de su patrimonio genealógico, a la vez que es una tarea propia de un funcionario público (más precisamente, de un hidrócrata). Lo anterior se encuentra en línea con lo planteado por Franzé Mundanó (2013), quien aduce que ese tipo de trabajo estatal desmonta la separación entre las normas formales y las prácticas cotidianas que le dan vida en el siguiente sentido: la herencia y la labor diaria de los canaleros convierte al campamento en hogar, escuela de oficios y oficina estatal.
Sin embargo, la inscripción territorial heredada de los canaleros, la cual remite a un patrimonio hidrosocial específico ligado tanto al ámbito familiar como a la región de la que forman parte, no garantizó desde un principio su inserción formal como funcionarios de la DPH. En este sentido, es necesario hacer referencia al régimen de acceso condicionado a la profesión paga del canalero, cuyo ingreso al aparato estatal se produce (cuando ocurre) gracias a redes interpersonales tejidas entre funcionarios y personas con poder, o gracias a circunstancias excepcionales. Al respecto, Leunda comenta que
Yo estuve muchos años para ingresar al sistema y tuve que esperar a que alguien se fuera. No hay sobrepoblación de gente. Se jubiló mi papá y yo no ingresé en el lugar de él porque no había cupo. Se mantiene con mucha gente. Tampoco el sistema hidráulico de la provincia es el mismo hace 60 años que ahora. Antes Hidráulica era un ente provincial de relevancia. Las máquinas pesadas de movimiento de tierra eran de la DPH. Las máquinas de Hidráulica eran celestes. Ahora cualquier municipio tiene acceso a comprar una máquina china y hacer movimientos de tierra. A veces no hay un estudio de obras y cada partido se maneja evacuando sus propias cuestiones y les envía agua a otros partidos (F. Leunda, comunicación personal, 18 de octubre de 2024).
Leunda remata la historia de su incorporación formal a la DPH comentando que
Yo me quedé porque Verón me preguntó si me quería quedar. Ingresamos el expediente, y cuando hubo cupo, entré formalmente. En este rubro no hay entradas por la ventana, hay que esperar que alguien se jubile y que haya cupo. Yo estuve muchos años en el aire, contratado pero no por provincia ni por la DPH (F. Leunda, comunicación personal, 18 de octubre de 2024).
Migueles también relata la forma en que fue designado como canalero de la DPH:
Mi papá murió a los 56 años, era muy joven. Yo tenía 19, y quedé empleado ahí [como canalero], hasta el año ‘81. En ese año los militares sacaron a 60 empleados de Hidráulica, y ahí estaba yo. Yo siempre viví ahí pero sin sueldo. [Seis años después] resulta que compra el campo de al lado [del campamento] el que era presidente de Racing, que estaba casado con Graciela Alfano.3 Ellos compraron 8 mil hectáreas atrás de la compuerta, que había quedado abierta. Vino la inundación, y el agua les llegó hasta la estancia. Juan Verón le dijo que lo que tenía que hacer era nombrar un canalero que maneje la compuerta. Esto fue en 1987. Nos encontramos todos en la compuerta. Eso fue un martes, y el jueves de esa misma semana yo ya estaba empleado. Es un tipo con mucho poder. Tiene una cantidad de estancias por Chaco y Santiago del Estero. Andaba en un Mercedes. Y gracias a él y a Juan, quedé empleado y no me molestó nunca nadie más. Trabajé con Juan Verón por más de 30 años, somos muy amigos (R. Migueles, comunicación personal, 12 de abril de 2025).
La incorporación formal de Leunda y Migueles como empleados de la DPH revela un aspecto a menudo opaco de la administración y las políticas públicas: su dimensión micropolítica, discrecional, asociada a los liderazgos zonales. Si bien ambos están “avalados” para ejercer el oficio por su herencia familiar, lo que realmente determinó su ingreso formal como funcionarios provinciales fue la mediación de un actor clave que ya mencionamos previamente: Juan Domingo Verón. Esta figura jerárquica, casi mítica en el relato de ambos canaleros, opera como el filtro que avala la continuidad de las tareas de los canaleros y la misión hidráulica provincial. Desde la lente de la antropología del Estado y de las políticas públicas, esta cuestión amplía el panorama más allá de los procedimientos formales de admisión al empleo público para incluir redes relacionales entre funcionarios, las que facilitan la articulación de trayectorias laborales (Wedel et al. 2005). Estas redes también permiten la continuidad territorial de la misión hidráulica del Estado provincial, por lo que la figura de Verón condensa una doble lógica de la hidrocracia territorial: es funcionario y mentor; supervisor y también parte del linaje hidrocrático.
Si en términos racional-legales lo anterior se podría leer como un “desvío” de la norma, según Wedel et al. (2005) estos mecanismos sustentados en redes interpersonales son parte de la (re)producción territorial real del Estado en tanto modo de existencia. En estos casos, las hidrocracias se forman y se incorporan formalmente no por concursos o llamados abiertos, sino por arreglos políticos avalados tanto por trayectorias personales y genealógicas como por redes interpersonales. Lo anterior se encuentra en línea con lo señalado por Molle, Mollinga y Wester (2009), para quienes las hidrocracias no conforman entes político-administrativos neutros, sino que tienen intereses y culturas propios así como mecanismos internos de reproducción.
Sin embargo, resulta necesario problematizar la herencia como mecanismo casi exclusivo de ingreso al oficio, así como la ausencia de reemplazo de los canaleros una vez que se jubilan. Ambas cuestiones revelan un doble desplazamiento, a la vez institucional y generacional. El primero se manifiesta en la retirada progresiva del Estado de los territorios de gestión hídrica: la falta de recambio de personal, el deterioro de los campamentos y la asunción privada de su mantenimiento por parte de quienes aún los habitan son signos concretos de esa retracción. El segundo desplazamiento, de carácter generacional, se vincula con la interrupción del linaje laboral: el legado del oficio ya no encuentra continuidad, ni por las transformaciones personales (los hijos de los canaleros no desean seguir ese camino), ni por las condiciones burocráticas y formales que imposibilitan nuevas incorporaciones.
En suma, los campamentos de la DPH operan como espacios en donde converge la vida familiar y el trabajo estatal. Leunda y Migueles no solo habitan y/o habitaron estos espacios, sino que también fueron formados en y por ellos, los heredaron y los sostuvieron, incluso cuando la presencia estatal se replegó. Sin embargo, también es necesario preguntarse bajo qué condiciones y criterios se ejerce la profesión del canalero, cuestión que abordaremos en la siguiente subsección.
“Abrir el paraguas antes que llueva”: las tareas de los canaleros, entre el Reglamento y la discrecionalidad
Las tareas de los canaleros están reguladas por el Reglamento de Servicios para los Encargados y Recorredores de los Canales de la DPH (1958), un documento que organiza cuerpos, tiempos y espacios en torno al agua. Al establecer los parámetros de las recorridas y su frecuencia así como los modos de medición y comunicación de los estados del agua a las autoridades superiores, el Reglamento estructura una red de prácticas y saberes que excede la mera instrumentalidad reglamentaria. Las reglas de medición de altura de los canales, los vertederos, los terraplenes, las compuertas y exclusas y otras herramientas asociadas al mantenimiento del campamento no son meros artefactos técnicos, sino que son, de acuerdo con Meehan (2014), extensiones del Estado que funcionan como dispositivos de inscripción y reproducción del poder estatal sobre el territorio.
El Reglamento se divide en trece secciones: 1) Partes semanales; 2) Correspondencia; 3) Archivo; 4) Recorridas; 5) Trabajo; 6) Materiales; 7) Caballada; 8) Vehículos; 9) Animales domésticos; 10) Animales varios; 11) Vecinos; 12) Licencias; y 13) Penalidades. Aunque el reglamento busca uniformar prácticas y criterios, sabemos (por las entrevistas realizadas y por la experiencia de observación participante) que en verdad los canaleros lo adaptan de acuerdo a la disponibilidad de recursos y a sus propias experiencias de manejo de las obras. En el Reglamento se marca la existencia de dos tipos de personal asociado al mantenimiento de los canales: los encargados y los recorredores. El encargado, quien responde directamente a la Jefatura de Zona de la DPH, asumía una posición de supervisión general, organizando, centralizando y remitiendo la información entregada por los recorredores a las autoridades correspondientes. El recorredor, por otro lado, representaba la dimensión más pedestre del trabajo. Mediante recorridas semanales de las secciones asignadas, identificaba los deterioros, mantenía las infraestructuras, medía las alturas y limpiaba caminos. Sus reportes alimentaban la mirada del encargado, quien luego los compendiaba y los enviaba según los requerimientos institucionales. En la actualidad, las tareas del encargado y del recorredor se concentran en una sola figura, la del canalero.
Cuando se le preguntó a Leunda cuáles eran sus tareas como canalero, respondió:
Cuando hay ascensos de agua tengo que informar. Ellos [la DPH] tienen 3 días para llegar a la obra para hacer la apertura. Si yo no informo que la altura de la escala va en ascenso, el acceso se cierra y se rebalsa todo. Tengo que informar continuamente la altura de escala. Ahora estamos en temporada baja podríamos decir. Estamos en un receso por efecto de La Niña y la gran sequía. Me estaba fijando y no tengo grandes ascensos de agua desde hace 2 o 3 años. Mi función es, en temporada alta, tratar de que el agua circule dentro de estos terraplenes. Las obras que te mandé las imágenes son aliviadoras: cuando sube el agua determinada cantidad de metros (lo evalúo a la mañana y a la tarde) tengo que hacer la apertura de las obras. Si no abro la fuga de compuertas reventarían los terraplenes que son de tierra. Los terraplenes son tan viejos que son bajos por erosión propia. Si no le hago apertura en forma y tiempo, en algún lado se puede abrir una brecha o una fisura. Después esa fisura no la puede reparar Hidráulica hasta que no llegue un verano seco. Mi función también es que estas obras que ya tienen 100 años estén operativas (F. Leunda, comunicación personal, 18 de octubre de 2024).
La “temporada alta” de los canaleros y también la de los supervisores de la DPH tiene lugar durante las crecidas de los canales y las inundaciones. La imagen 3 retrata el campamento del Canal 9 durante la inundación de 2001. Allí se puede ver cómo la única parte que queda libre del agua es el predio del campamento, ya que estos fueron construidos estratégicamente sobre lomas o campos altos. Con respecto a la “temporada alta de trabajo”, Leunda cita a su principal referente: “Juan Domingo Verón dice que Hidráulica [refiriéndose a la DPH] es como el camalote, hablan de nosotros cuando hay inundación nomás. La provincia no nos tira nada, y por eso somos tan pocos” (F. Leunda, comunicación personal, 18 de octubre de 2024).
La relevancia de la DPH durante las inundaciones nos remite a los orígenes mismos de la misión hidráulica bonaerense a fines del siglo XIX. El cariz que adquirió esta misión en la zona inundable hizo que se privilegiaran las intervenciones territoriales de tipo estructural, tendientes a desagotar las llanuras al sur del Río Salado mediante un sistema de canales y arroyos de distinto tamaño, proyectados y realizados con una lógica ingenieril que aspiraba a controlar, normalizar y expulsar los excesos hídricos. Mediante esta operación, el agua fue vista y tratada como un agente externo a las sociedades que conviven con ella, cuya imprevisibilidad natural es necesario domesticar.
El trabajo del canalero no se compone solamente del manejo de las obras hidráulicas, sino que también está asociado a la medición y registro de los flujos de agua realizados mediante el control de las escalas en los canales (como la de la imagen 4, en el campamento del Canal 1), o de los pluviómetros y pluviógrafos de los campamentos. Migueles se refiere a este tipo de labor de recolección de datos, producción de información y monitoreo como “(...) abrir el paraguas antes que llueva” (R. Migueles, comunicación personal, 12 de abril de 2025), definiendo la tarea preventiva como anticipación más que como cumplimiento reglamentario.
En la observación cotidiana se condensan prácticas de control que, en términos de Linton (2010), configuran una “captura moderna del agua”, esto es, su traducción en datos, números y gráficos legibles para el Estado. En este sentido, Arrién (2025) menciona que la misión hidráulica del Estado bonaerense fue también un proyecto cognitivo y epistemológico en donde la recolección de datos y la producción de información experta pretendió “capturar” el agua y volverla legible para las autoridades bonaerenses. Mediante esta operación, el agua se convierte en un recurso homogéneo, ahistórico y cuantificable, y, por ende, manejable desde una triple lógica científica, técnica y político-administrativa.
La medición con las escalas de los canales es importante ya que es la altura del agua la que determina la apertura de las obras aliviadoras o no por parte de los canaleros, lo cual puede ocasionar conflictos entre vecinos aguas arriba o aguas abajo. Las alturas de apertura y cierre se encuentran determinadas por reglamentos de la DPH como el correspondiente al vertedero Langueyú del Canal 1. Estas reglamentaciones les confieren a los canaleros una autoridad “neutral” sobre el manejo de los flujos del agua que, en el caso de Leunda, pocas veces fue disputada debido a la trayectoria de la familia y del propio canalero en el lugar. Cuando se le preguntó si alguna vez había tenido problemas con productores vecinos, él nos dijo “jamás, porque mi apellido es más viejo que los productores. El que es curioso y quiere aprender yo le enseño cómo funcionan las obras” (F. Leunda, comunicación personal, 18 de octubre de 2024). Luego matizó la anterior afirmación, adhiriendo que
Todos tienen distintos intereses. No es lo mismo estar aguas arriba que aguas abajo. Al estar ubicado tantos años en el mismo lugar me conoce todo el mundo. En caso de inundación yo comparto la información a la gente. Antes de hacer aperturas les aviso a todos los vecinos que evacúen todas las vacas, que retiren los animales. Nunca les abro de noche para que no se encuentren al otro día llenos de agua. Pero hay conflictos también: compañeros de Hidráulica han tenido que venir a abrir una compuerta con la policía rural. Acá quedan inundados los campos aledaños al canal, porque al ser aliviador uno tiene que inundar la parte de afuera. Los productores reconocen que lo tienen que hacer para que no revienten los terraplenes, pero al haber una persona física se coincide también con los códigos de apertura por escala. Yo les muestro a las personas que a tanta altura hay que abrir y a tanta altura hay que cerrar. Son códigos de Hidráulica. Si no hay alguien que lo maneje, hay problemas entre las personas aguas arriba y aguas abajo. Yo me manejo en un semirrígido cuando hay inundación, voy viendo qué hay que hacer. Es una función de coordinar y de poder informar y de que estemos todos de acuerdo. Donde no figura el canalero, no digo que es tierra de nadie pero a los muchachos de Hidráulica se les complica (F. Leunda, comunicación personal, 18 de octubre de 2024).
El trabajo de campo permitió observar los registros sobre el agua, es decir, el archivo hidrosocial4 construido familiar y profesionalmente. Durante el trabajo de campo en el campamento de Ayacucho, el canalero Leunda nos mostró los distintos registros de su padre acerca del comportamiento del agua, los cuales eran enviados tanto a la DPH como al Servicio Meteorológico Nacional (SMN) por carta. En la imagen 5 se encuentran Fernando y su esposa, revisando las antiguas anotaciones y borradores que su padre solía llevar. Recuerda que él “me mandaba a mí a revisar las escalas, y yo después le decía los números” (notas de campo, junio de 2025). En la imagen 6 puede verse una bitácora personal de actividades del padre de Fernando, que reza “Canal 1, Campamento Langueyú, Hm. 1328. Parte diario del 25 al 29 de marzo de 1985. Día 25: hago limpieza y quemo basura en el campamento. Día 26: llueve por la mañana. A la tarde recorro hasta el vertedero Cinco Lomas (...)”. Estos registros caseros cotidianos, conservados en un cajón en la que funcionaba como habitación-oficina de las autoridades de la DPH dentro del campamento, funcionan como formas de inscripción y registro paralelos a los del Estado: son parte de un saber acumulado que sostuvo, diariamente, la misión hidráulica del Estado provincial. Estos desbordan su función meramente técnica, invitándonos a pensar lo estatal y lo público como más que una serie de reglas y disposiciones abstractas, sino como una herencia y una forma de producir y reproducir el territorio.
El archivo hidrosocial familiar es también alimentado por Juan Domingo Verón, en su calidad de mentor y amigo de Leunda y amigo de Migueles. En la imagen 7, capturada durante el trabajo de campo en el campamento, están Juan Domingo Verón y Fernando Leunda. Allí, Verón le entregó al canalero un compendio de las obras históricas asociadas al Canal 1 que datan de fines del siglo XIX y principios del XX.
Esta compilación está dirigida al “mejor canalero de la actualidad, y para seguir progresando. Abrazo. J”. Al salir del campamento, Verón comentó que “yo acá vengo a estar en familia” (notas de campo, junio de 2025). El gesto de Verón condensa una dimensión menos visible pero fundamental en el ejercicio de los hidrócratas territoriales: la transmisión afectiva de un legado que es personal, profesional, y también familiar.
En este marco, los canaleros ejercen sus tareas con ciertos grados de discrecionalidad permeados por sus propias concepciones ideológicas, por procesos de socialización profesional (aquellos aprendizajes informales que circulan en la práctica del oficio) y por las creencias personales respecto de las políticas que deben implementar en el territorio y los sujetos a quienes se encuentran dirigidas (Meyers y Lehmann Nielsen, 2012). En este punto es interesante retomar el concepto de burocracia de calle (street-level bureaucracy) de Lipsky (1980) para comprender la discrecionalidad inherente a la labor de los funcionarios que se encuentran en primera línea, los cuales están en contacto permanente con los destinatarios de las políticas públicas y con el territorio. En este trabajo proponemos una adaptación del término de Lipsky (1980) dada por la comprensión del canalero como un hidrócrata territorial y no tanto como burócrata de calle. Esta adaptación se fundamenta en las particularidades del trabajo encarado por este funcionario: su labor no tiene lugar en oficinas, o siquiera en delegaciones municipales y zonales, sino en el ámbito rural a los márgenes del canal, y su rutina está signada por la imprevisibilidad meteorológica, lo cíclico del clima, el desgaste de las compuertas, los desbordes de agua en los campos aledaños, y la relación con los productores durante las crecidas. En este sentido, Strang (2004) menciona que el agua y sus dinámicas suponen la existencia de flujos transfronterizos que desdibujan los límites político-administrativos construidos y adoptados por las sociedades humanas. Esto añade una capa de complejidad a la labor del canalero, ya que el ciclo hidrosocial no distingue en su interior entre partidos u otro tipo de divisiones político-administrativas: lo que tiene lugar en la parte alta de la cuenca, es decir, “aguas arriba”, genera un impacto inevitable en la parte baja, “aguas abajo”. De esta forma, los canaleros deben actuar (por acción u omisión) en continuo diálogo con la realidad propia de la hidrogeomorfología de la llanura que habitan.
En relación con lo anterior, Meyers y Lehmann Nielsen (2013) sostienen que los supervisores tienen un margen de influencia bastante limitado sobre las decisiones (tan marcadas por la discrecionalidad y la creatividad) que toman los hidrócratas territoriales. Esto se debe a que los canaleros se regulan a sí mismos, entre otras razones, por lo lejano de sus puestos de trabajo. Sin embargo, en nuestro caso particular, la figura de Juan Domingo Verón tensiona el supuesto de los autores acerca de la supervisión de este tipo de funcionariado: Verón, además de cumplir su rol de supervisor como Jefe de Zona de la DPH, asumió un papel de guía cercano y amigo de ambos canaleros, impulsando incluso su nombramiento formal como empleados de la DPH, como mencionamos en la subsección anterior. Durante las entrevistas, fue nombrado en varias ocasiones como referente y como alguien a quien había que consultar “(...) si querés saber bien sobre el agua” (R. Migueles, comunicación personal, 12 de abril de 2025).
La figura del mentor encarnada por Verón no actúa solamente como un supervisor o un aval institucional, sino también como un mediador y archivista de la memoria hidrosocial que conecta narrativamente pasado y presente en un mismo movimiento. En línea con Järvinen (2000), no es posible comprender el significado de la vida por fuera de estos procesos narrativos, ya que hasta nuestras memorias y decisiones cotidianas se urden en el vaivén entre los hechos y la manera en que elegimos contarlos. En esta confluencia entre afectos, oficio y relato, lo que se transmite es no solo un saber histórico sino una manera particular de trabajar y habitar el Estado desde sus márgenes.
Por otro lado, Meyers y Lehmann Nielsen (2012) mencionan que los burócratas de calle en general (y los hidrócratas territoriales en particular) no siempre siguen las directrices institucionales al pie de la letra, sino que realizan un trabajo de reinterpretación de las normas guiado por formas de trabajar heredadas, como por los sentidos construidos (personales y heredados) en torno a lo que hacen. No se trata de empleados que ejecutan las órdenes tal cual fueron formuladas, sino de funcionarios públicos que toman decisiones con un grado de discrecionalidad notorio, priorizando tareas, gestionando tiempos y recursos en función de lo que se encuentra disponible. Y lo hacen, actualmente, con escasa supervisión y en condiciones materiales limitadas por la falta de recursos económicos. Lo anterior se encuentra en línea con lo propuesto por Brodkin, quien aduce que este tipo de funcionariado “(...) no actúa simplemente según su voluntad, ni se limita a obedecer lo que se espera que deseen o lo normado desde las oficinas centrales. En realidad, hacen lo que pueden” (Brodkin, 1997, en Meyers y Lehmann Nielsen, 2012: 308).
Lo anterior no debe conducirnos hacia la romantización de la falta de recursos mediante la alusión a la vocación, a la herencia familiar y al lazo que tienen estos funcionarios con el territorio en el que se criaron y en el que trabajaron buena parte de su vida. El arraigo territorial y la autonomía decisional de los hidrócratas territoriales no deben opacar la realidad sobre el abandono de las infraestructuras hidráulicas, la precariedad laboral y la sobrecarga de tareas que estos enfrentan, lo que a la postre significa trasladar el costo del mantenimiento del sistema hidráulico provincial a hombros de unos pocos trabajadores. Al respecto, Migueles comenta que “(...) antes nos daban ropa, vaqueros, botas, pero ahora ya no. Nunca les pedí nada yo tampoco, como ellos no me molestaban nunca, tampoco yo a ellos… Yo tenía que tener vehículo para recorrer, pero siempre recorrí en caballo o vehículos míos” (R. Migueles, comunicación personal, 12 de abril de 2025). Leunda confirma lo anterior adhiriendo que “(...) antes había en el campamento un bote y maquinaria de Hidráulica, era todo color azul. Teníamos autoridades presentes. Antes venían los jefes y se quedaban en una habitación dentro del campamento que era para ellos. Eran controladores. Era el Estado presente. Ahora confían en que las cosas funcionen” (F. Leunda, comunicación personal, 18 de octubre de 2024).
Otra falta resaltada tanto por los dos canaleros como por el ex jefe zonal es la inactividad de los talleres de la DPH de Dolores, en donde se repara la maquinaria pesada que opera las obras en los campamentos, y en donde se realizaban trabajos de carpintería, zinguería y herrería para el mantenimiento de la infraestructura y del predio mismo. Sin poder disponer del trabajo de los talleres, ahora son los canaleros los que deben encargarse del mantenimiento del predio y de las obras hidráulicas, costeando los gastos en muchas ocasiones con su propio salario.
En definitiva, las tareas asociadas a la profesión del canalero condensan una territorialización de las políticas públicas que no se agota en los reglamentos o en las disposiciones oficiales. Entre la norma escrita y el accionar cotidiano emerge una hidrocracia territorial que reinterpreta las normas en un diálogo dinámico y constante con el agua. Así, el canalero es un funcionario que hace a la espacialización del Estado en sus márgenes.
A lo largo de este trabajo intentamos iluminar las formas en las que se territorializa la misión hidráulica del Estado bonaerense a partir no solamente del trabajo de dos canaleros y un superior de la DPH, sino de sus memorias, sus archivos personales y sus historias de vida. Desde la lente teórica provista por la antropología del Estado, la etnografía de las políticas públicas y el método biográfico, esta investigación permitió observar cómo el accionar estatal se produce y reproduce territorialmente mediante formas de vida que exceden la normativa técnica o institucional. En este sentido, los campamentos de la Dirección Provincial de Hidráulica no son únicamente oficinas estatales periféricos: son hogares rurales, escuelas de oficio y espacios donde se construyen y albergan archivos hidrosociales.
La historia de vida de Fernando Leunda y Ricardo Migueles, junto con la figura de Juan Domingo Verón, habilita una mirada densa sobre lo que implica ser hidrócrata territorial: heredar una tarea, improvisar soluciones, sostener infraestructuras hidráulicas centenarias, gestionar flujos hídricos sin recursos suficientes y hacerlo, muchas veces, con escasa supervisión estatal.
La potencia analítica de este trabajo radica en iluminar ciertas tramas poco visibles del funcionamiento estatal en zonas rurales, tales como la micropolítica del ingreso laboral, la reinterpretación discrecional de las políticas públicas y la dimensión afectiva del oficio. Aquí reside también una de las limitaciones de este estudio: no damos cuenta del conjunto de la hidrocracia bonaerense, ni de todos los actores que intervienen en la gestión del agua. Sí proponemos una vía de acceso distinta, que prioriza la inscripción territorial del Estado y los modos en que este se vuelve legible, operativo o incluso entrañable para quienes lo habitan y lo hacen funcionar cotidianamente.
Algunas posibles líneas de trabajo futuras que se desprenden de esta investigación incluyen el desarrollo de una conceptualización más robusta del concepto de archivo hidrosocial, entendido aquí como aquel entramado material y simbólico construido en torno a las prácticas, registros y memorias del agua de los hidrócratas territoriales. También puede pensarse en el estudio de las hidrocracias planificadoras a nivel central, como los ingenieros de la DPH, con el fin de estudiar sus trayectorias y echar luz sobre la formación profesional de los planificadores de la misión hidráulica del Estado bonaerense.
A modo de cierre, Fernando Leunda menciona al final de la entrevista que “lo único que conozco en esta vida es ver pasar agua. Pero el legado se termina conmigo porque mi hija quiere otra cosa, entonces me llevo el canal conmigo. Fue la continuidad de toda una vida” (F. Leunda, comunicación personal, 18 de octubre de 2024). Por otro lado, Ricardo Migueles comenta que “por esta compuerta estuve empleado 40 años. Sin la compuerta, yo no estaba. Manejarla era muy importante porque si no el agua inundaba muchísimo los campos” (R. Migueles, comunicación personal, 12 de abril de 2025).
Las frases anteriores iluminan el hecho de que los canaleros no son simplemente funcionarios públicos sino que también son, quizás, los últimos guardianes de un modo de gestionar el agua en el que no solamente se interactúa con las reglas, sino también con los ritmos del ciclo hidrosocial. Su vínculo con el agua y con el canal no se limita al cumplimiento del Reglamento, sino que implica el uso de un conocimiento cultivado a lo largo de generaciones para interpretar los signos del agua y anticipar sus movimientos. En esa práctica cotidiana, donde el saber estatal se entrelaza con la experiencia vital, el oficio del canalero deja de ser solo un empleo público para volverse, más bien, una forma de vida.
Referencias Bibliográficas
1 La denominación de gran parte de la Pampa Deprimida como “zona inundable” por parte del Ministerio de Obras Públicas bonaerense a finales del siglo XIX constituyó un acto político-técnico fundamental dentro de su misión hidráulica. Al hacer legible la dinámica del agua a través de la cartografía, el Estado convirtió un proceso hidrosocial complejo en un problema administrable, legitimando así la conformación de hidrocracias orientadas a transformar las tierras afectadas por los ciclos de sequías e inundaciones en espacios productivos y a consolidar su poder sobre el territorio (Arrién, 2025).
2 Migueles se refiere a esa obra como “compuerta” pero es en verdad un vertedero.
3 Aquí Migueles se refiere a Enrique Capozzolo, empresario y entonces presidente de Racing, un club argentino de fútbol. En ese entonces estaba casado con la mediática argentina Graciela Alfano. Tanto Migueles como Verón recuerdan ese momento con gracia.
4 El término “archivo hidrosocial” es parte del sexto capítulo de la tesis doctoral de quien escribe, en actual proceso de elaboración. El concepto remite a aquel acervo documental y memorístico dinámico y en continua construcción asociado al ciclo hidrosocial de un territorio determinado.
Fuente: Autoridad del Agua de la provincia de Buenos Aires (ADA)1
1 Atlas del Comité de la Subregión B4 de la Cuenca Hídrica del Río Salado. Enlace: http://ada.gba.gov.ar/cc_riosalado_subregionb4/
Fuente: fotografía capturada por Fernando Leunda (octubre de 2024)
Fuente: material provisto por el canalero Migueles
Fuente: material provisto por el canalero Migueles
Fuente: fotografía capturada por Fernando Leunda (octubre de 2024)
Fuente: captura propia
Fuente: captura propia
ARRIÉN, María Agustina (2025). “La misión hidráulica del Estado en la zona inundable: un análisis desde las Memorias del Ministerio de Obras Públicas bonaerense (1887-1956)”. Revista Electrónica De Fuentes Y Archivos, Vol. 1, núm. 16: 102-125.
BANISTER, Jeffrey M. (2014). “Are you Wittfogel or against him? Geophilosophy, hydro-sociality, and the state”. Geoforum, Vol. 57: 205-214.
BANZATO, Guillermo (2014). “Los presupuestos del estado en la provincia de Buenos Aires para afrontar las inundaciones de los campos, 1910-1930”. Ponencia presentada en las XXIV Jornadas de Historia Económica, Universidad Nacional de Rosario - Asociación Argentina de Historia Económica, Rosario.
BANZATO, Guillermo (2021). “Tendencias seculares e innovaciones en la gestión de las obras hidráulicas en la cuenca del río Salado (provincia de Buenos Aires, Argentina, 1875-1915/1983-2018)”. Agua y Territorio - Water and Landscape, Núm. 17: 93-109.
BARNES, Jessica (2016). “States of maintenance: Power, politics, and Egypt’s irrigation infrastructure”. Environment and Planning D: Society and Space, Vol. 35: 146-164.
CAPRIATI, Alejandro (2017). “Tensiones y desafíos en el uso del método biográfico”. Cinta de Moebio, Núm. 60: 316-327.
CHARRIEZ CORDERO, Mayra. (2012). “Historias de vida: Una metodología de investigación cualitativa”. Revista Griot, Núm. 5(1): 50-67.
D’AGOSTINO, Verónica A. y Guillermo BANZATO (2015). “Funcionarios y políticas sobre el territorio en la Provincia de Buenos Aires. El Departamento de Ingenieros, 1875-1913”. Ponencia presentada en el XV Congreso de Historia de los Pueblos de la Provincia de Buenos Aires, Archivo Histórico Provincial Ricardo Levene, La Plata.
FRANZÉ MUDANÓ, Adela (2013). “Perspectivas antropológicas y etnográficas de las políticas públicas”. Revista de Antropología Social, vol. 22: 9-23.
GARNERO, Gabriel (2022a). “Socio-naturalezas fluviales en América Latina: Apuntes teórico-metodológicos”. Agua y Territorio - Water and Landscape, Núm. 19: 5-18.
GARNERO, Gabriel (2022b). “Los ríos y el proyecto modernizador en el oeste argentino: el caso del río de Los Sauces, Córdoba (1880-1930)”. Agua y Territorio - Water and Landscape, Núm. 19: 35-51.
HALBWACHS, Maurice (2004). La memoria colectiva. Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza.
JÄRVINEN, Margaretha (2000). “The Biographical Illusion: Constructing Meaning in Qualitative Interviews”. Qualitative Inquiry, Núm. 6(3): 370-391.
KORNBLIT, Ana Lía. (2010). “Historias y relatos de vida: pseudo análisis y análisis en la investigación social”. En Ciclo de Seminarios: Debates metodológicos en proceso de investigación social cualitativa. Universidad de la República, Uruguay.
KRUSE, Eduardo y Erik Daniel ZIMMERMANN (2002). “Hidrogeología de grandes llanuras: particularidades en la llanura pampeana (Argentina)”. Workshop Publication on Groundwater and Human Development: 2025-2038.
LINTON, Jaimie (2010). What Is Water? History of a modern abstraction. Chicago, University of Chicago Press.
LIPSKY, Michael (1980). Street-Level Bureaucracy: The Dilemmas of the Individual in Public Services. New York, Russell Sage Publications.
MARTÍN, Facundo; Facundo ROJAS y Leticia SALDI, Leticia (2010). “Domar el agua para gobernar: concepciones socio-políticas sobre la naturaleza y la sociedad en contextos de consolidación del Estado provincial mendocino hacia finales del siglo XIX y principios del XX”. Anuario del Centro de Estudios Históricos “Prof. Carlos SA Segreti”, Vol. 10, núm. 10: 159-188.
MEEHAN, Katie M. (2014). “Tool-power: Water infrastructure as wellsprings of state power”. Geoforum, Vol. 57: 215-224.
MEYERS, Marcia K. y Vibeke LEHMANN NIELSEN (2012). “Street-Level Bureaucrats and the Implementation of Public Policy”, en G. Peters y J. Pierre (Eds.) The Sage Handbook of Public Administration. Londres, Sage publications, pp. 305-318.
MOLLE, François (2009). “River-basin planning and management: The social life of a concept”. Geoforum, Vol. 40: 484–494.
MOLLE, François; Peter MOLLINGA y Philippus WESTER, Philippus (2009). “Hydraulic Bureaucracies and the Hydraulic Mission: Flows of Water, Flows of Power”. Water Alternatives, Vol. 2: 328-349.
PEREYRA, Elsa (2011). “La política del agua en la provincia de Buenos Aires. Notas para su reconstrucción histórica”, en F. Isuani (Comp.), Política pública y gestión del agua. Aportes para un debate necesario. Buenos Aires, Editorial Prometeo, pp. 21-96.
STRANG, Veronica (2004). The meaning of water. Londres, Routledge.
SWYNGEDOUW, Erik (2015). Liquid Power: Contested Hydro-Modernities in Twentieth Century Spain. Cambridge, MIT Press.
WEDEL, Janine R, et al. (2005). “Toward an Anthropology of Public Policy”. The ANNALS of the American Academy of Political and Social Science, Vol. 600, núm. 1: 30-51.
Fuentes
Autoridad del Agua. (S/F). Atlas del Comité de la Subregión B4 de la Cuenca Hídrica del Río Salado. http://ada.gba.gov.ar/cc_riosalado_subregionb4/
Dirección Provincial de Hidráulica. (1958). Reglamento de Servicios para los encargados y recorredores de los canales. La Plata, Enero de 1958.
Dirección Provincial de Hidráulica. (S/F). Instrucciones para el manejo del vertedero Langeyú. S/D.