Conferencia y Laudatio

Dr. Ricardo Antunes / Lic. Gloria Rodríguez

La conferencia del Dr. Ricardo Antunes y la laudatio de la profesora Gloria Rodríguez fueron pronunciados en el acto de entrega del título de Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Rosario el 10 de junio de 2025 en el Salón de Actos de la Facultad de Humanidades y Artes, Universidad Nacional de Rosario.

Conferencia

"TRABAJO Y HUMANIDAD EN UNA NUEVA ERA DE DESANTROPOMORFIZACIÓN"

Ricardo Antunes

Profesor Titular de Sociología del Trabajo en el Instituto de Filosofía y Ciencias Humanas de la Universidad Estadual de Campinas (IFCH/Unicamp). Fue Visiting Professor en la Universidad de Coimbra (2019), en la Universidad Ca’ Foscari de Venecia (2017) y Visiting Research Fellow en la Universidad de Sussex, Inglaterra (1997/1998). Recibió el título de Doctor Honoris Causa por la Universidad Nacional de Rosario (2025). Es coordinador del Grupo de Investigación “Metamorfosis del Mundo del Trabajo” (IFCH-Unicamp/CNPq).

I

Quiero comenzar esta solemne ceremonia expresando mi profunda gratitud a la Universidad Nacional de Rosario, a la secretaria del Área Académica y de Aprendizaje Esc. Romina Pérez, a la señora Vicedecana de la Facultad de Humanidades y Artes, Prof. Cristina Pérez, a la profesora Gloria Rodriguez y a todos y todas que participaron en la decisión de concederme este honor.

Quisiera también disculparme por mi limitado dominio del español. Por eso lo definimos como portunhol, ya que creemos hablar en español, pero cuando nos damos cuenta, hablamos casi un puro portugués.

Conocí Argentina por primera vez en 1976. Decidí viajar a este país para celebrar la finalización de mi licenciatura. Me estaba preparando para comenzar mis estudios de posgrado y el regalo que me hice fue comprar un pasaje de autobús, de ida y vuelta, de São Paulo a Buenos Aires.

Nunca más he olvidado este país y desde entonces he podido visitarlo muchísimas veces. ¡Muchas gracias!

II

Así, en esta Conferencia voy a presentar algunos de los desafíos presentes en nuestro mundo actual y que mis estudios e investigaciones han buscado comprender.

¿En qué mundo vivimos?

Hace poco tiempo, todo parecía seguir en nuestro mundo la normalidad: una diferencia abismal entre ricos y pobres, aún más profunda en el Sur Global, pero también presente y en expansión en el Norte.

En 1968, el año que sacudió al mundo, las revueltas en Francia, que se propagaron en varias partes del mundo (incluyendo Brasil, México y Argentina), el sistema de reproducción sociometabólica del capital (Mészáros, 2001[1995]) sufrió una fuerte confrontación de las luchas de los obreros/as, estudiantes, feministas, antirracistas y ecologistas, que rechazaban tanto el capitalismo de tipo socialdemócrata como el "socialismo realmente existente" en la URSS –una definición un tanto extraña, ya que no hablamos de "capitalismo realmente existente", como si tuviera un "capitalismo ideal" y otro "real"–.

Esto sucedió porque el sistema de metabolismo antisocial del capital (Mészáros, 2001 [1995]), desde 1973, ingresó en una crisis estructural cuyas consecuencias hoy podríamos resumirlo así:

La devastación de la naturaleza se ha intensificado fuertemente y se vuelve letal;

La corrosión de las condiciones de trabajo se intensifica continuamente, con amplios contingentes de la clase trabajadora cada vez más cerca del desempleo, desigualdad y precarización.

La búsqueda de una igualdad sustantiva es cada vez más lejana, una vez que aumentan las opresiones de género, raciales y étnicas en diversas partes del mundo.

En el otro extremo social, una nueva generación de millonarios globales, vinculada al capital financiero impulsados por el capital financiero y las grandes plataformas digitales, se expande rápidamente.

Desde finales del siglo pasado y principios de este siglo XXI, se ha generado un nuevo diccionario global: tecnologías de la información y la comunicación, algoritmos, el “internet de las cosas” (IoT), el big data, 5G, la inteligencia artificial, Industria 4.0, gig-economy, sharing economy, crowd sourcing, etc. En consonancia con todo esto, el trabajo digital fue celebrado como el instaurador de una nueva era dorada, en medio de los escombros del trabajo (Antunes, 2025).

Pero, si este es el escenario del mundo del trabajo presente en la actual llamada "posmodernidad" (conceptualización un tanto apologética que borra en lugar de ayudarnos a comprender nuestra realidad), conviene hacer aquí dos breves digresiones, una más teórica y otra histórica.

Al hacerlo, no solo presentamos nuestra crítica a la cosmovisión eurocéntrica, sino que también podemos recuperar una perspectiva latinoamericana, aparentemente tan distante, pero a la vez tan profundamente vital y actual. Si realmente queremos cambiar el mundo.

Si estas tendencias parecían respaldar las tesis eurocéntricas acerca del fin del trabajo y de la clase trabajadora, antes de discutir contemporáneamente sobre estos equívocos, es válido recordar –desde una mirada latinoamericana y global– aquello que es verdaderamente sustantivo: al final de cuentas, ¿qué es el trabajo? (Antunes, 2003; 2005; 2025).

III

Hace pocos años atrás, introdujimos la metáfora del “péndulo del trabajo” para expresar nuestra crítica a las formulaciones binarias, incapaces de comprender la riqueza, la complejidad y las contradicciones existentes en el trabajo.

Atrapadas en una concepción eurocéntrica, señalaban la pérdida de la centralidad del trabajo en el capitalismo contemporáneo (Gorz, 1982; Offe, 1989; Habermas, 1991; 1992; Castells, 1997).

Hemos presentado nuestra crítica a estas formulaciones en muchas ocasiones.

Podemos comenzar indicando que el trabajo floreció como un acto necesario para tejer y plasmar la vida social. Así, el trabajo es una creación genuinamente humana.

En su elaboración, Lukács (que desarrolló más a fondo este planteamiento del trabajo en el siglo XX) recuperó en Aristóteles dos componentes fundamentales presentes en la acción humana: el pensar y el producir (Lukács, 2012).

Al primero le corresponde el acto consciente y el conocimiento necesario de los medios para llevar a cabo el acto pretendido.

El segundo corresponde a la producción, la búsqueda, la realización concreta del fin deseado (Lukács, 2012).

Si el trabajo nace como ejercicio de una actividad vital, esencial para la reproducción humano-social, con el advenimiento del capitalismo operó una transformación sustantiva que acabó por transfigurar la actividad vital, convirtiéndola en un medio, en una mercancía especial –la fuerza de Trabajo– que se volvió esencial para la apropiación privada del excedente de trabajo (Antunes, 2005).

Fue para comprender mejor los múltiples engranajes de este modo de producción emergente que Mészáros (2001[1995]: 190) lo llamó un “sistema de mediaciones de segundo orden", es decir: el trabajo dejó de tener su sentido originario, la creación de bienes socialmente útiles, y se convirtió en fuerza de trabajo, cuyo imperativo es producir mercancías (materiales e inmateriales) para así poner en marcha la rueda de la valorización del capital. El trabajo se transformó de actividad vital en trabajo asalariado (Antunes, 2005; 2025).

Si las palabras trabajo, trabalho, travail, arbeit y lavoro no permiten, de inmediato, apreciar esta riqueza de contenido (que no es binaria, sino profundamente dialéctica), podemos sugerir que la doble denominación presente en la lengua inglesa, work y labor es más esclarecedora: mientras work es la actividad vital para mantener el metabolismo social entre la humanidad y la naturaleza, labor es sinónimo de trabajo asalariado, abstracto, fetichizado y alienado.

Aquí es importante hacer una nota latinoamericana.

Si en nuestro continente, el trabajo –desde la instauración del sistema colonial por parte de españoles y portugueses– fue mucho más sinónimo de esclavitud y servidumbre, es necesario rescatar –especialmente en los días actuales– la excepcional experiencia vivida en el período en que América Latina, todavía no estaba colonizado por los europeos y estaba habitado por pueblos amerindios (Antunes, 2024).

El trabajo que existía en América Latina se configuró como una actividad vital, autónoma, comunal y verdaderamente autosostenible llevada a cabo por las comunidades indígenas, cuyo tiempo principal de vida se dedicaba libremente a atender las necesidades vitales, a la fruición y el gozo (Kopenawa y Albert, 2010). El trabajo estaba principalmente destinado a satisfacer las necesidades materiales y espirituales de las comunidades originarias, combinando actividad vital, catarsis y disfrute.

Más tarde, con el llamado “Descubrimiento” (¿o será invasión?) las comunidades originarias fueron masacradas y nuestra sociedad se convirtió en un apéndice de la Metrópoli. Fue ese el verdadero sentido de la colonización (Prado Júnior, 1994).

El trabajo que se realizaba en las comunidades indígenas se metamorfoseó y fue convertido en la servidumbre de los pueblos originarios y la esclavización de los afrodescendientes.

A través de la articulación entre explotación, expoliación y expropiación la acumulación primitiva del capital se desarrolló en el mundo colonial latinoamericano. El embrión de una efectiva actividad vital que contemplaba la felicidad de los pueblos originarios fue reemplazado por los "valores" de la acumulación mercantil emergente.

Con la destrucción del trabajo autónomo de las comunidades originarias, presenciamos la introducción violenta y de larga duración de la servidumbre/esclavización del trabajo, hecha para sentar las bases del capitalismo colonial en nuestra América Latina, a lo que he denominado como Continente del Trabajo/Labor (Antunes, 2011).

A raíz de la consolidación del capitalismo en Nuestra América ocurrió una transformación central con respecto al trabajo: entre la actividad vital y su producción de bienes socialmente útiles se interpuso una “segunda naturaleza”. Así, la actividad vital se metamorfoseó y se convirtió en una actividad asalariada y la ontología singularmente humana del trabajo (Mészáros, 2005) fue transfigurada.

Y fue precisamente esta falta de consideración de la dimensión ontológica presente en el trabajo lo que condujo a una equivocación teórica eurocéntrica presente en las tesis acerca del fin del trabajo y su centralidad. El enorme error empírico se hace evidente al observar el Norte del mundo, pasando por alto el Sur Global, donde se encuentra la abrumadora mayoría de la clase-que-vive-del-trabajo (Antunes, 2003; 2005).

Además, la pérdida de relevancia se debió al hecho de que, siempre según las interpretaciones eurocéntricas, con la consolidación del Estado de Bienestar (Offe, 1989; Habermas, 1991; 1992), junto con el avance tecnológico (Castells, 1997) se generaría una variante de capitalismo que finalmente podría sobrevivir prescindiendo de la fuerza de trabajo.

Se hizo necesaria una pandemia global –el COVID-19– para que este error eurocéntrico pudiera ser "comprobado empíricamente". La monumental masa de trabajadores y trabajadoras en China, India y el mundo asiático; Brasil, México, Argentina, Colombia y en toda América Latina; Sudáfrica en el continente africano, demostró que la tecnología por sí sola no crea riqueza y que sin el trabajo humano el mundo del capital y su riqueza no se desarrolla.

Fue precisamente por eso que las burguesías globales insistieron en retomar la producción y poner fin a los cierres [lockdown], incluso cuando la tasa de mortalidad por COVID-19 era alta.

IV

En las últimas décadas, con la introducción del universo digital, un creciente contingente de la clase trabajadora, especialmente en el Sur Global, viene presenciando una realidad donde la eliminación de derechos laborales acentúa aún más la desigual división sociosexual y étnico-racial del Trabajo.

Junto con el avance exponencial de los algoritmos y la inteligencia digital, el “internet de las cosas”, la Industria 4.0, etc. se ha estado configurando una aparente paradoja: las "nuevas" condiciones de trabajo se desarrollaron –particularmente en el Sur Global pero también en países capitalistas del Norte acentuadamente neoliberales– ampliando la vigencia de la superexplotación del trabajo –una característica distintiva de la periferia del capitalismo, para recordar a Ruy Mauro Marini (1973)–. Así, las grandes corporaciones globales han logrado compatibilizar la expansión ilimitada del trabajo digital con una práctica destructiva para las condiciones de trabajo, vigentes durante las décadas iniciales de la Revolución Industrial.

De este modo, la magistral metáfora de Karl Polanyi (2007) –molino del diablo– adquirió una nueva concreción: los trabajadores y trabajadoras se encuentran cada vez más sin derechos, sin una jornada laboral regulada, sin descanso semanal, sin salarios fijos etc, como el trabajo en las plataformas digitales en donde deben hacerse cargo de la adquisición de sus propios equipajes e instrumentos de trabajo (autos, motocicletas, bicicletas, teléfonos móviles, mochilones de carga, alimentos, ropas, etc.).

En el nuevo léxico empresarial –casi como por arte de magia– florece una nueva mistificación para trampear: la de los nuevos y las nuevas “emprendedoras” quienes, bajo la apariencia de autonomía –condición para que la tesis del “emprendedurismo” tenga algún elemento de concreción, incluso cuando las jornadas laborales diarias superan las doce horas o más, como nuestras investigaciones han señalado– se encuentran siempre bajo el control invisible de los algoritmos y de la Inteligencia Artificial, fórmulas diseñadas para controlar los ritmos, movimientos y control de la fuerza de trabajo (Antunes, 2020; 2023).

Si no bastara con la explosión del trabajo en plataformas, en expansión en casi todo el mundo, otro elemento central para el capitalismo se encuentra en la expansión mundial de la Industria 4.0.

V

La Industria 4.0 nació en Alemania y su objetivo principal es la expansión permanente de la maquinaria informacional-digital de manera que el “internet de las cosas” (IoT), algoritmos y la inteligencia artificial puedan ampliar el trabajo muerto y reducir el trabajo vivo en todos los espacios posibles. Así, la expansión de la Industria 4.0 significó la consolidación de una nueva fase aún más profunda de automatización industrial, en las empresas y en los servicios, con los dispositivos cuyo ejemplo más reciente es el CHATGPT4.

La Industria 4.0 tiene como propósito principal una mayor liofilización de los múltiples espacios productivos.

El Capitalismo de Plataforma (Srnicek, 2018) se está convirtiendo, cada vez más, en una fuente receptora de la clase trabajadora desempleada por la Industria 4.0 que podrá ser absorbida por las grandes plataformas digitales; siempre al margen de la legislación laboral. Luego, se articulan los dos movimientos constitutivos del mismo proceso destructivo en relación con el Trabajo: Industria 4.0 y Trabajo Uberizado que se articulan, se retroalimentan y se complementan.

Así, es posible subrayar que estamos ingresando en un nuevo proceso de desantropomorfización del Trabajo, indicado por Lukács en su Ontología del Ser Social (2013).

Diferente de lo que ocurrió con la introducción de las maquinarias en el contexto de la Revolución Industrial, ahora, estamos ingresando en una era más compleja en donde la subsunción real del trabajo se llevará a cabo en un universo aún más cosificado, fetichizado y digitalizado, diferente de la materialidad presente en la Revolución Industrial.

Y es posible presagiar que, debido a la división internacional del trabajo entre el Norte y el Sur, la llamada "industria limpia" tendrá un espacio aún más preferencial en los países del Norte, mientras que la "industria sucia" –más contaminante– tenderá a expandirse en el Sur como resultado de las tasas diferenciales de explotación del trabajo existentes entre centro y periferia.

¿Estamos, entonces, ingresando en una nueva era de la subsunción real del trabajo al capital ahora con los algoritmos y la inteligencia artificial que se expanden en esta era de la ciberindustria?

VI

En la era de la expansión de los algoritmos y la Inteligencia Artificial (IA) el trabajo se desarrolla bajo la forma de “microempleos” ultra precarios, con salarios bajos y sin derechos sociales y con largas jornadas laborales, sin protección laboral. El crowdsourcing, por ejemplo, es una nueva variante digital y algorítmica del viejo outsourcing del siglo XIX, al margen de la legislación laboral, con jornadas ilimitadas y condiciones laborales inhumanas. Si la tecnología es fruto de la actividad humana desde sus orígenes, hoy la tecnología está controlada principalmente por el capital.

Entonces, tenemos un nuevo espectro en el mundo laboral: el de la uberización y de la desantropomorfización del trabajo.

Y las principales consecuencias son: más informalidad; jornadas laborales propias de los siglos XVIII y XIX; más destrucción del cuerpo productivo de los trabajadores uberizados, más alienación, más cosificación, más sujeción.

¿Estamos, entonces, ingresando en una nueva era de la subsunción real del trabajo al capital, ahora mediada por los algoritmos y la inteligencia artificial, que se expanden en esta era de la ciberindustria?

Si esto es así, lo que las grandes plataformas digitales no esperaban era el nacimiento de un otro espectro: el de la insubordinación presente en las luchas de los trabajadores y de los trabajadores de aplicaciones. Esto se debe a que una nueva morfología del trabajo ha generado también una nueva morfología de las luchas sociales, desencadenada por el nuevo proletariado de servicios de la era digital, que se suma a las luchas históricas del proletariado industrial y del proletariado rural.

Referencias

Antunes, R. (2003). ¿Adiós al trabajo? Ensayo sobre las metamorfosis y el rol central del mundo del trabajo. Buenos Aires: Herramienta

Antunes, R. (2005). Los sentidos del trabajo. Buenos Aires: Herramienta.

Antunes, R. (2011). O Continente do Labor, São Paulo: Boitempo.

Antunes, R. (comp.) (2020). Uberização, Trabalho Digital e Indústria 4.0. São Paulo: Boitempo.

Antunes, R. (comp.) (2023). Icebergs à deriva: o trabalho nas plataformas digitais. São Paulo: Boitempo.

Antunes, R. (2024). La trilogía del trabajo Valor, (des)valor y plusvalía en la era de la desantropomorfización. En: Tavares dos Santos, José Vicente (Comp.). Sociología crítica cosmopolita: trayectorias, diálogos y figuraciones, Buenos Aires: CLACSO. p. 685-703.

Antunes, R. (2025). El Privilegio De La Servidumbre Antunes. Rosario: Prohistoria.

Castells, M. (1997). La era de la información: economía, sociedad y cultura. Madrid: Alianza Editorial.

Gorz, A. (1982). Adiós al proletariado. Barcelona: Viejo Topo.

Habermas, J. (1991). Teoría de la acción comunicativa. Tomo I. Racionalidad de la acción y racionalización social. Madrid: Taurus.

Habermas, J. (1992). Teoría de la acción comunicativa. Tomo II. Crítica de la razón funcionalista. Madrid: Taurus.

Kopenawa, D. y Albert, B. (2010). A Queda do Céu. São Paulo: Cia das Letras.

Lukács, G. (2012). Para una ontología del ser social I. São Paulo: Boitempo. [Edición parcial en español: Lukács, G. (2013). Ontología del ser social – La alienación. Buenos Aires: Herramienta].

Lukács, G. (2013). Para uma ontologia do ser social II. São Paulo: Boitempo

Marini, R. M. (1973). Dialéctica de la dependencia, Ciudad de México: Ediciones ERA.

Mészáros, I (2001[1995]). Más allá del Capital, Valencia/Caracas: Vadell Hermanos.

Offe, C. (1989). Trabalho como categoria sociológica fundamental? Revista Trabalho & Sociedade. Volume 1. Río de Janeiro: Tempo Brasileiro.

Polanyi, K. (2007). La gran transformación: crítica del liberalismo económico. Madrid: Quipu.

Prado Júnior, Caio (1994). Formação do Brasil Contemporâneo. São Paulo: Brasiliense.

Srnicek, N. (2018). Capitalismo de plataformas, Buenos Aires: Caja Negra editora.

Laudatio al Dr. Ricardo Luiz Coltro Antunes

Señora secretaria del Área Académica y de Aprendizaje de la Universidad Nacional de Rosario, Esc. Romina Pérez, señora Vicedecana de la Facultad de Humanidades y Artes, Prof. Cristina Pérez; colegas, estudiantes, público presente:

Ricardo Luiz Coltro Antunes cuenta con una extensa y reconocida trayectoria, tal como ya han señalado quienes me precedieron.

Se trata de un prestigioso intelectual, cuyo nombre se encuentra entre los de mayor prestigio, considerado una referencia ineludible en el campo de la sociología del trabajo, no sólo en nuestra región sino también a escala mundial. Michäel Löwy lo destaca como uno de los sociólogos más importantes de la actualidad, cuyos escritos se han convertido en clásicos leídos y debatidos por estudiantes, investigadores y sindicalistas.

Sus contribuciones para comprender el mundo contemporáneo, la crisis del capitalismo, las transformaciones del trabajo y la metamorfosis de las relaciones laborales en las últimas décadas –tanto en las economías centrales o periféricas– renovaron la mirada sobre las clases sociales, llevando a debatir y redefinir el pensamiento sobre las formas y los sentidos del trabajo.

Entre sus obras más influyentes se encuentran ¿Adiós al trabajo? Ensayo sobre las metamorfosis y la centralidad del mundo del trabajo y Los sentidos del trabajo. Ensayo sobre la afirmación y la negación del trabajo. Ambas han sido publicadas en Inglaterra, Francia, Holanda, Italia, Alemania, Portugal, India, Argentina, México, Perú, Colombia y Estados Unidos, entre otros países, y son material de estudio en las universidades. Su más reciente publicación en Argentina, El privilegio de la servidumbre. El nuevo proletariado de servicios en la era digital, retoma, profundiza y condensa estos avances conceptuales.

Estas obras se han convertido en verdaderos best sellers –algo inusual en el campo de las ciencias sociales del trabajo– gracias tanto a la fuerza de las ideas que vehiculizan como a la claridad con la que las aborda. Generaciones de estudiosos han sido influidas por esta perspectiva.

Dentro del pensamiento marxista, Antunes es uno de los mejores intérpretes de György Lukács, cuyas contribuciones retoma a la hora de refutar afirmaciones sobre la pérdida de la centralidad del trabajo y de la teoría del valor en el capitalismo actual.

Su último gran aporte se centra en el análisis del capitalismo de plataforma, ampliando la comprensión de los nuevos sentidos del trabajo digital y uberizado, así como de su trágica consecuencia: la demolición de los derechos de los trabajadores.

Desde su perspectiva, el trabajo actual es “más complejo, socialmente combinado e intensificado en sus ritmos y procesos” de lo que era antes de la era digital. Es por eso que critica los enfoques eurocéntricos que sostienen la tesis del “fin del trabajo”, de la ciencia como principal fuerza productiva en lugar del trabajo vivo o de la superación de la ley del valor.

Numerosos centros académicos argentinos especializados en el mundo del trabajo –tales como la ASET (Asociación de Especialistas en Estudios del Trabajo), el CEIL (Centro de Estudios e Investigaciones Laborales - CONICET), el CITRA (Centro de Innovación de los Trabajadores – CONICET – UMET), el CIET (Centro de Investigaciones y Estudios del Trabajo – UNR), el TEL (Taller de Estudios Laborales) y el NET (Núcleo de Estudios del Trabajo y la Conflictividad Social – UNR)– destacan la intensa y sostenida relación que Ricardo Antunes ha mantenido con ellos, en la que sus aportes conceptuales han fortalecido y enriquecido el debate público.

Pero deseo destacar el vínculo de Ricardo Antunes con nuestra ciudad, especialmente con la UNR y el movimiento obrero rosarino.

Su relación con nuestra universidad se remonta a más de 25 años, durante los cuales ha desarrollado seminarios doctorales, conferencias, paneles y charlas, entre otras actividades. Entre ellas, destacamos su participación en los Encuentros Ciencias Sociales y Sindicalismo, organizados por nuestro Centro de Estudios, el NET.

En cada una de sus numerosas visitas, ha mantenido un contacto cercano con organizaciones sindicales y sociales de nuestra ciudad, desarrollando actividades que también se han extendido a otras universidades y localidades de nuestro país, plasmando en la producción bibliográfica y en la arena de la historia la anhelada construcción conjunta de conocimiento. Al otorgarle esta máxima distinción, nuestra universidad reafirma su compromiso por sostener la relación entre el conocimiento y la sociedad.

Caminando sobre el terreno, el pensamiento fermenta. La profunda ligazón de Ricardo en el suelo de lo social le ha permitido desarrollar conceptos que no sólo renovaron el debate intelectual, sino que también impulsaron nuevos planteos dentro las organizaciones gremiales. Me estoy refiriendo al concepto de la clase trabajadora comprendida como “la clase-que-vive-del-trabajo”, una formulación que permite dar cuenta de las transformaciones en el modo de acumulación capitalista desde 1970 y de sus efectos en la constitución y organización de la clase obrera.

Este concepto ampliado –que incluye a trabajadores productivos e improductivos, al proletariado rural y al subproletariado precarizado actual, contratados o informales, migrantes, de servicios y de plataformas– muestra una clase heterogénea y fragmentada a la que Antunes busca abrirle una perspectiva gremial y política. Podemos ver así, cómo una renovación conceptual se transforma en una herramienta para la organización colectiva.

Su acción no se limita a su desempeño como docente o investigador, Ricardo Antunes es un intelectual público militante, capaz de articular integralmente las actividades de investigación, docencia y extensión junto a interrogantes centrales de la vida social actual. En tiempos atravesados por transformaciones profundas, las ciencias sociales del trabajo se ven interpeladas con urgencia. Frente a estos desafíos, Ricardo Antunes asume un compromiso que es, a la vez, coherente y riguroso, pero también vivaz y solidario. Un perfil indispensable para nuestras universidades públicas, donde el conocimiento se llena de sentido al ser compartido en clases, paneles, libros, artículos, debates públicos y asesoramientos que lleguen a su verdadero destino: las y los trabajadores.

Pierre Bourdieu sabía destacar al estudioso de las cuestiones de su tiempo que desempeña un papel activo en la sociedad rompiendo las barreras del medio académico para intervenir críticamente en el debate público y las cuestiones políticas. Ese compromiso se revela en Ricardo cuando asesora sindicatos, trabajadores autónomos o toma postura contra la desregulación de los derechos de los trabajadores. Nuestro sindicalismo local también hace explícito el reconocimiento de sus aportes para ayudar a comprender las transformaciones de la clase trabajadora, su organización, su perspectiva histórica y sus luchas.

Profesor Antunes, desde esta Facultad donde en 1969 se gestó la unidad obrero-estudiantil condensada en la explosión de los Rosariazos. En este salón, poblado de quienes viven-del-trabajo, de quienes desesperamos frente a la desolación de los oprimidos y buscamos terminar con la normalización del sufrimiento, agradecemos sus aportes y celebramos este justo nombramiento como Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Rosario de la República Argentina. Nuestra universidad pública.

Dr. Antunes: nuestra universidad recibió desde todas partes del mundo avales para su postulación. Prestigiosos intelectuales e instituciones académicas destacadas y también sindicatos y organizaciones sociales, recalcan y agradecen sus aportes y su labor. Esas estimaciones, de las cuales me he nutrido, están condensadas en esta carpeta, que hago entrega para usted.

Muchas gracias.

Gloria Rodríguez

Rosario, 10 de junio de 2025