Resumen

La llegada de la plataforma OnlyFans transformó la cartografía del mercado sexual digital. Al ofrecer una infraestructura accesible —para quienes cuentan con conexión a internet, una cámara y conocimientos en redes sociales— muchos de sus usuarios afirmaban que introdujo una suerte de “democratización” del porno. Sin embargo, las restricciones impuestas por sus términos de uso marcan límites concretos a esa democratización, regulando qué cuerpos, prácticas y narrativas pueden circular.

El presente artículo explora cómo varones creadores de contenido para adultos negocian estos márgenes de visibilidad. A partir de dos investigaciones centradas en el mercado sexual digital masculino, se analizan las tácticas que despliegan nuestros interlocutores para adecuarse o sortear la moderación de contenido, así como los circuitos alternativos que habilitan la circulación del material pornográfico que no tiene lugar en OnlyFans. Estas prácticas permiten observar los márgenes de creatividad en determinados regímenes de visibilidad que estructuran al mercado sexual digital contemporáneo.

Palabras Clave

OnlyFans, visibilidad, moderación de contenido, contenido para adultos, mercado sexual digital

En los márgenes de la “democratización del porno” de OnlyFans: visibilidades en etnografías del mercado sexual digital

Ezequiel Aguilera

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas

Universidad Nacional de Córdoba

Argentina

Ezequiel.aguilera@mi.unc.edu.ar

https://orcid.org/0000-0003-1068-4285

Nicolás Barbeito

Universidad de Buenos Aires

Argentina

barbeito.nj@gmail.com

https://orcid.org/0000-0003-4588-9678

On the margins of OnlyFans’ ‘democratization of porn’: visibilities in ethnographies of the digital sex market

Abstract

The arrival of the platform OnlyFans transformed the landscape of the digital sex market. By providing accessible infrastructure —for those with internet access, a camera, and social network knowledge— many of its users claimed that it introduced a kind of “democratization” of pornography. However, the restrictions imposed by its terms of use draw clear boundaries around this so-called democratization, regulating which bodies, practices, and narratives are allowed to circulate.

This article explores how male adult content creators navigate these boundaries of visibility. Drawing from two research projects focused on the digital male sex market, we analyze the strategies deployed by our interlocutors to comply with or circumvent content moderation, as well as the alternative circuits that enable the circulation of pornographic material excluded from OnlyFans. These practices reveal the margins of creativity within specific regimes of visibility that structure the contemporary digital sex market.

Keywords

OnlyFans, visibility, content moderation, adult content, digital sex market

Nas margens da “democratização do pornô” do OnlyFans: visibilidades em etnografias do mercado sexual digital

resumo

A chegada da plataforma OnlyFans transformou a cartografia do mercado sexual digital. Ao oferecer uma infraestrutura acessível —para quem dispõe de conexão à internet, uma câmera e conhecimentos em redes sociais— muitos de seus usuários afirmavam que introduziu uma espécie de “democratização” do pornô. No entanto, as restrições impostas por seus termos de uso estabelecem limites concretos a essa democratização, regulando quais corpos, práticas e narrativas podem circular.

O presente artigo explora como homens criadores de conteúdo adulto negociam essas margens de visibilidade. A partir de duas pesquisas centradas no mercado sexual digital masculino, analisam-se as táticas que nossos interlocutores utilizam para se adequar ou eludir a moderação de conteúdo, assim como os circuitos alternativos que possibilitam a circulação do material pornográfico que não encontra lugar no OnlyFans. Essas práticas permitem observar as margens de criatividade em determinados regimes de visibilidade que estruturam o mercado sexual digital contemporâneo.

Palavras-chave

OnlyFans, visibilidade, moderação de conteúdo, conteúdo adulto, mercado sexual digital

FECHA DE RECIBIDO 15/09/2025

FECHA DE ACEPTADO 08/02/2026

COMO CITAR ESTE ARTICULO

Aguilera, E. y N. Barbeito (2026) En los márgenes de la “democratización del porno” de OnlyFans: visibilidades en etnografías del mercado sexual digital. Revista de la Escuela de Antropología, XXXVIII, pp. 1-28. DOI 10.35305/rea.XXXVIII.363

Introducción

El presente trabajo surge a partir de un debate generado en las primeras “Jornadas sobre Pornografía, Artes, Medios y Activismo”, realizadas en la ciudad de Buenos Aires en el año 2024. En dicha instancia, nuestras ponencias coincidieron en la mesa “Experiencias y discusiones sobre trabajo sexual y contenidos XXX”, donde presentamos avances individuales de nuestras investigaciones sobre varones creadores de contenido para adultos que comercializan su material en la plataforma OnlyFans.

Finalizadas las exposiciones, un trabajador sexual presente en el público intervino señalando que nuestras investigaciones sólo daban cuenta de un sector del mercado sexual marcado por privilegios específicos. En sus palabras, este sector estaba compuesto por “gays, blancos, hegemónicos de Palermo”. Su planteo sostenía que estas subjetividades encajaban bien en la plataforma porque sus prácticas se adecuaban a sus términos de uso.

En la intervención de este trabajador sexual se manifestaba una profunda preocupación por las subjetividades que quedan excluidas de esta plataforma, en la cual muchas personas que no necesariamente se identifican a sí mismas como trabajadoras sexuales, pero que comercializan contenido sexual explícito obtienen ingresos significativos. Se ponía en cuestión el carácter político del mercado sexual digital. Retomando a Jacques Rancière (2009), esto puede pensarse en términos del “reparto de lo sensible”: un ordenamiento que define qué es visible e invisible, quiénes pueden enunciarse y bajo qué condiciones, determinando así los contornos de la experiencia política.

En este sentido, cobra relevancia la noción de “democratización del porno”, una categoría que circula entre los creadores de contenido para referirse a la posibilidad de que cualquier persona con una cámara y un trípode pueda filmarse a sí misma y comercializar su material pornográfico. Dentro de la economía de plataformas, OnlyFans —con excepción de un intento de prohibir el contenido sexual explícito en el año 2021— es una de las pocas plataformas masivas que permite la monetización de material pornográfico.1 Esta presunta democratización supone la existencia de un amplio mercado en el que cualquier corporalidad encontraría suscriptores para su contenido. Sin embargo, según datos de la consultora de investigación de mercado Gitnux (2024), mientras que un creador promedio gana 180 USD mensuales, el 1% de los creadores concentra el 33% de las ganancias totales de la plataforma, con ingresos individuales de hasta 33 millones de dólares en el año 2021 (Gitnux, 2024). Así, se hace evidente la existencia de un sistema jerárquico que pondera diferencialmente el capital erótico, los saberes técnicos y estéticos de los creadores de contenido para adultos (Aguilera y Morcillo, 2024).

Si bien estos temas ya formaban parte de nuestras investigaciones previas, el debate en las jornadas nos llevó a problematizar aquello que queda en los márgenes de esta denominada “democratización del porno”. Esta idea encuentra limitaciones cuando el contenido que producen nuestros interlocutores puede ser censurado o, en casos extremos, las cuentas son eliminadas sin posibilidad de reclamos sobre sus ganancias.

En el presente trabajo nos propusimos examinar qué prácticas y discursos sexualizados quedan en los márgenes de OnlyFans, cómo se construyen estos límites y qué tácticas desarrollan los creadores de contenido para sortear las restricciones impuestas a través de las políticas de moderación de contenido. Identificamos que las restricciones incluyen cualquier material digital que visibilice promoción de marcas; consumo de alcohol y drogas; sexo en espacios públicos (incluyendo balcones o lugares cerrados en los que haya ventanas que den a la calle u otras viviendas); prácticas sexuales considerdas “extremas” por la plataforma como el fisting,2 golpes físicos o apología a la violación, insinuaciones incestuosas, contenido escatologico u orina, así como la promoción del trabajo sexual. Además, la plataforma exige el consentimiento explícito de todas las personas que aparecen en el contenido comercializado, el cual debe formalizarse mediante el tag entre creadores de contenido o mediante un documento firmado.3

Nos interesa indagar sobre aquello que queda en los límites y fuera de OnlyFans, analizando los márgenes de inclusión/exclusión de la plataforma, así como las tácticas creativas que despliegan los sujetos para sortear estas restricciones. En el primer apartado, realizaremos una revisión de las discusiones teóricas y metodológicas pertinentes al caso de estudio. En el segundo y tercer apartado, presentaremos relatos y escenas etnográficas surgidas del trabajo de campo que evidencian las problemáticas relacionadas con la censura y las prácticas prohibidas en la plataforma. A partir de estas experiencias, exploraremos las tácticas que los creadores despliegan para comercializar contenido al margen de las normativas impuestas. Finalmente, en las reflexiones finales, retomaremos los principales hallazgos y los vincularemos con las discusiones teóricas.

Andamiaje teórico y metodológico

Al comenzar nuestras investigaciones sobre varones que producen y comercializan contenido sexual en plataformas digitales, nos enfrentamos a la dificultad de delimitar un campo teórico específico que contuviera las particularidades del fenómeno. Nuestros trabajos se sitúan en la intersección entre los estudios sobre el mercado sexual, los men’s studies, los porn studies y las investigaciones recientes sobre la economía de plataformas o gig economy. Esta ubicación híbrida nos obliga a dialogar con tradiciones teóricas diversas, que abordan desde distintas perspectivas las relaciones entre trabajo, género, sexualidad y tecnología. A continuación, presentamos algunos de los debates que enmarcan nuestro análisis, atendiendo especialmente a las tensiones que atraviesan los regímenes de visibilidad, regulación y circulación del contenido sexual en el mercado digital contemporáneo.

Las ciencias sociales se han abocado a investigar el mercado sexual femenino, especialmente el sexo comercial callejero (Morcillo, 2016). En nuestro país, la mayoría de las investigaciones que abordan el mercado sexual han centrado su atención en los sectores más vulnerables del mismo, como es el caso de las mujeres cis y trans que ofrecen servicios sexuales a cambio de dinero en las calles (Sabsay, 2011; Aravena, Pereyra, Sánchez y Vaggione, 2016) o en departamentos privados (Orellano, Daich y Varela, 2014), la vinculación de este mercado con el problema público de la trata (Bueno, 2006; Daich y Varela, 2014; Varela y Gonzalez, 2015) y las distintas formas de estigmatización, organización y regulación del mercado (Justo, 2004; Morcillo, 2019).

Sin embargo, son relativamente escasos los estudios académicos que abordan la realidad de las masculinidades que participan del mercado sexual (Minichiello y Scott, 2014). La llamada “prostitución masculina” (Perlongher, 2017) ocupa un lugar particular dentro de este mercado, ya que históricamente no ha sido objeto de la misma persecución policial a la que se ha sometido a sus pares mujeres cis y trans (Irrazábal, 2006). A medida que los feminismos se fueron expandiendo, también lo hicieron los debates sobre masculinidades y las interpelaciones a los varones. No obstante, Minichiello y Scott (2014) afirman que el mercado sexual masculino sigue siendo invisibilizado en los debates feministas y académicos en torno a la “prostitución”, debido a la asunción de que la sexualidad femenina carece de agencia, mientras que el intercambio sexual entre varones se percibe como una relación de poder más equitativa.

La producción de contenidos pornográficos o sexualizados se ha capilarizado al ritmo de la accesibilidad de los teléfonos móviles y la conectividad a internet, lo cual ha llevado a plantear que estamos en un capitalismo “farmacopornográfico” donde el modelo de producción del mercado sexual digital se vuelve relevante (Preciado, 2014). Durante la pandemia por COVID-19, los hábitos de consumo de pornografía se incrementaron, en especial en los países que tomaron medidas de aislamiento social (Zattoni et al., 2021; Lau et al., 2021), estas medidas también repercutieron en el mercado de las plataformas de suscripción paga como OnlyFans, en este sentido, algunos estudios afirman que el exito de la plataforma es una consecuencia directa de la crisis de desempleo generada por la pandemia (De Gioannis et al., 2026).

OnlyFans pertenece a las denominadas gig economy, es decir, modelos de negocio que dependen de internet, los datos y las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (Srnicek, 2018). En esta línea, la tesina de Barbeito explora cómo, desde su aparición, la plataforma ha configurado nuevos procesos de subjetivación a la vez que se ha acoplado a dinámicas preexistentes. En su análisis, indaga en la relación entre la subjetivación y el cuerpo, poniendo énfasis en la “despotencialización” que se produce a través de las políticas de contenido de la plataforma, particularmente en torno a prácticas como el fisting y el chemsex.4 En este sentido, la noción de “cuerpo sin órganos” en Deleuze y Guattari (1985) y de “realismo grotesco” en Mijaíl Bajtin (1987) sirven para repensar estas prácticas en un cuerpo que se constituye en tanto potencia pura, excediendo sus propios límites y configurando nuevas formas de deseo y de placer. Estas dinámicas sexuales se pueden ubicar en lo que Paul Preciado (2002) entiende como “prácticas contrasexuales”, las cuáles desafían la sexualidad vista desde un punto de vista reproductivista, heteronormado y genitalista.

Algunos estudios han explorado cómo la criminalización y regulación del mercado sexual digital, así como las restricciones financieras de las plataformas afectan las condiciones laborales de los creadores de contenido, contribuyendo así tanto a la precariedad del comercio sexual como a su estigmatización (Easterbrook-Smith, 2023). Distintas investigaciones han señalado cómo las plataformas digitales implementan mecanismos de moderación de contenido que operan como formas más o menos explícitas de exclusión de quienes producen y difunden contenido sexualizado. Carolina Are y Susanna Paasonen (2021), por ejemplo, analizan el fenómeno del shadowbanning como una práctica que invisibiliza ciertos perfiles o publicaciones sin informar de manera transparente a sus usuarios. Estas dinámicas se intensificaron a partir de la implementación de las leyes FOSTA/SESTA en Estados Unidos,5 que, si bien fueron impulsadas bajo el argumento de combatir la trata de personas, han sido ampliamente cuestionadas por personas que participan del mercado sexual y organizaciones afines por habilitar formas de censura encubierta (Bronstein, 2021). Plataformas masivas como Instagram y Facebook directamente suspenden o cancelan perfiles que comparten contenido pornográfico o sexualmente explícito, mientras que otras como Twitter (hoy X), aunque más permisivas, configuran por defecto filtros que limitan la exposición de contenido considerado “sensible”, afectando así el alcance de estas publicaciones y limitando su circulación.

Aunque este trabajo no se detiene en los debates sobre la definición o los límites de lo que puede ser considerado pornográfico, en la moderación de contenido de las redes sociales, identificamos que existen diversas conceptualizaciones críticas al respecto (Williams, 2004; Ogien, 2003; Ferrer, 2006). Desde visiones que la analizan como género narrativo o cinematográfico hasta críticas que cuestionan su potencial representativo (Marzano, 2006) o exploran prácticas pospornográficas alternativas (Milano, 2013). Leite Júnior (2006), por su parte, ha señalado cómo la pornografía comercial hizo patente como nunca antes la estandarización de los deseos y la domesticación de los cuerpos. En una línea afín, Díaz-Benitez y Figari (2009) advierten que la constitución de sexualidades “normales” y “periféricas” genera una lógica que, ante la aparición de cuerpos o prácticas que la desafían, produce dos efectos políticos: la deshumanización y la abyección o repugnancia. Estos abordajes ofrecen una cartografía conceptual interesante, pero exceden el recorte específico del presente artículo.

Aquí nos interesa, más bien, centrarnos en los regímenes de visibilidad que estructuran la circulación del material sexual en entornos digitales más permisivos, como es el caso de OnlyFans. Retomando a Gayle Rubin (1984), comprendemos que las sociedades organizan las prácticas sexuales a partir de un sistema jerárquico de valor sexual, que clasifica cuerpos, deseos y actos en función de su adecuación a un ideal normativo. Este sistema jerarquiza las sexualidades, definiendo cuáles son consideradas legítimas, tolerables o directamente abyectas.

Desde esta perspectiva, la moderación de contenido en las plataformas digitales no puede pensarse como un proceso técnico o neutral: se trata de dispositivos de regulación que articulan criterios legales, morales y políticos. En el conocido diagrama de Rubin (1984), el “sexo bueno” está representado por la heterosexualidad monogámica, procreativa y matrimonial, situada en el ámbito doméstico. En el polo opuesto, el “sexo malo” agrupa prácticas como el sexo a cambio de dinero, las relaciones intergeneracionales, las prácticas “fetichistas” y las identidades trans. Entre esos polos, se encuentran zonas intermedias, que abarcan desde la masturbación y la promiscuidad heterosexual hasta las parejas estables de la comunidad LGBTIQ+ y las prácticas sexuales en espacios públicos.

Tal como propone Mary Douglas (2002), lo que se considera “sucio” no es una propiedad intrínseca de los objetos o cuerpos, sino el resultado de un orden simbólico que clasifica y excluye. En este artículo nos interesa, precisamente, observar cómo estas jerarquías sexuales no solo se reproducen, sino que configuran “cartografías de la normalidad” (Cresswell, 1997) por las que circula el contenido sexual explícito de nuestros interlocutores. Lejos de tratarse de un mercado libre, neutral o “democrático”, el ecosistema digital en el que se insertan, está atravesado por regímenes de visibilidad que distribuyen de manera desigual la posibilidad de comercializar determinadas prácticas, cuerpos y deseos. Nos proponemos indagar cómo estas jerarquías sexuales se redistribuyen en los regímenes de visibilidad de las plataformas que comercializan contenido sexual explícito, donde los márgenes de lo permitido definen tanto lo que se puede mostrar como lo que puede generar rentabilidad.

En este escenario regulado, cobran relevancia las nociones de “estrategias” y “tácticas” desarrolladas por Michel de Certeau en La invención de lo cotidiano (2000) para pensar desde qué lugar pueden operar los creadores de contenido. Para el autor, las tácticas son “maneras de hacer” mediante las cuales los sujetos se reapropian de espacios normados que no controlan. Mientras que las estrategias corresponden a quienes detentan poder y pueden establecer reglas —como las plataformas que moderan contenidos según ciertos criterios de legalidad, moralidad y rentabilidad—, las tácticas se despliegan desde posiciones subalternas, de forma astuta, silenciosa y contingente, aprovechando las grietas del sistema. En este sentido, los interlocutores no solo se acomodan a las jerarquías sexuales impuestas por las plataformas, sino que las negocian activamente, disputando los márgenes de lo visible y reconfigurando los contornos de lo representable en el mercado sexual digital.

Para este trabajo, hemos optado por analizar escenas etnográficas surgidas de nuestras respectivas investigaciones de campo con varones que participan en la creación y comercialización de contenido para adultos en Argentina. Uno de estos estudios, iniciado en 2021, forma parte del proyecto de tesis doctoral de Ezequiel Aguilera. En el marco de esta investigación, se realizaron treinta entrevistas en profundidad no estructuradas y se acompañó a los interlocutores a lo largo de las distintas etapas de la producción de contenido, tanto en espacios presenciales como digitales. Los interlocutores de este trabajo tienen entre 23 y 45 años, concentrándose la mayoría en la franja de 26 a 30 años. Aunque residen en distintas provincias argentinas, una parte significativa ha migrado o vive actualmente en la Ciudad de Buenos Aires. En promedio, han participado del mercado sexual online por más de dos años, la mayoría se iniciaron en esta actividad tras la pandemia de COVID-19. En cuanto a su formación, la mayoría cuenta con estudios terciarios o universitarios, aunque sus experiencias laborales fuera del mercado sexual abarcan una amplia diversidad de rubros, incluyendo arte, call centers, diseño, marketing y empleos en el sector público. En términos de racialización, entre los interlocutores se observa una diversidad de perfiles, desde aquellos asimilables a una blanquitud caucásica hasta quienes se identifican más con lo que socialmente suele concebirse como “latino”. Finalmente, en lo referido a género y sexualidad, la gran mayoría se autopercibe como varón cis homosexual, aunque también hay participantes bisexuales y heterosexuales.

La tesina de Barbeito (2024), se desarrolló entre el año 2023 y el 2024. Para dicha pesquisa se recurrió a un entrecruzamiento de técnicas cualitativas, que iban desde el análisis de contenido, la participación activa con el uso de la plataforma y la realización de entrevistas en profundidad, las cuales proporcionaron el mayor insumo para el análisis. Se entrevistó a un total de 11 interlocutores, en su mayoría creadores de contenido en OnlyFans, como también en otras plataformas de venta de contenido sexual. Estos varones se autopercibían como cis-homoexuales, residentes de CABA, de entre 28 y 42 años de edad. Y, si bien en su mayoría utilizaban la plataforma como su principal fuente de ingresos, muchos también la utilizaban como una forma de generar dinero extra a sus trabajos principales, entre los cuales se encontraban las profesiones de abogacía, entrenadores personales, diseñadores gráficos, agentes de viaje y estudiantes.

Estas aproximaciones metodológicas nos permitieron reconstruir no sólo las trayectorias y condiciones de producción de los creadores, sino también su inserción en una ecología digital compleja, donde múltiples plataformas, audiencias y algoritmos configuran los modos de visibilización y rentabilidad del contenido. En efecto, el trabajo etnográfico mostró que la participación en plataformas como OnlyFans no puede comprenderse de manera aislada, sino en articulación con redes más amplias y otros entornos digitales que cumplen funciones clave en la visibilización, promoción y sostenimiento de estas prácticas. Plataformas como X e Instagram son fundamentales en la ecología del mercado sexual online, ya que funcionan como herramientas para traccionar suscriptores hacía sitios de suscripción paga como OnlyFans. En estas redes sociales de acceso público, los creadores de contenido pueden cultivar intimidad, confianza y autenticidad con sus seguidores, lo que les permite redirigirlos hacía otras plataformas donde ofrecen material sexual explícito que sería censurado en entornos más regulados (Ryan, 2019). Es por ello que nuestros trabajos han incorporado herramientas de la etnografía digital como el social listening. Stewart y Arnold (2018) definen la escucha social (social listening) como un proceso activo y dinámico que implica atender, observar, interpretar y responder a una variedad de estímulos a través de canales mediados, electrónicos y sociales. Generalmente, esta escucha ocurre fuera de interacciones cara a cara, en contextos mediatizados. Poner en práctica la escucha social, nos ha permitido observar e interactuar con perfiles de creadores de contenido para adultos en distintas plataformas y redes sociales.

Hemos seleccionado un corpus compuesto por contenidos producidos por nuestros interlocutores, específicamente aquellos que, en términos generales, son censurados o restringidos por la plataforma OnlyFans. Nos interesa describir y analizar las tácticas que estos creadores despliegan para sortear dichas restricciones, atendiendo tanto a las formas materiales de producción como a los marcos narrativos y estéticos que permiten que ciertos contenidos puedan ser alojados en la plataforma. A su vez, nos proponemos indagar en aquellas prácticas y representaciones que, por su carácter explícito, disruptivo o por contravenir las normativas de la plataforma, quedan excluidas de su lógica de circulación, desplazándose hacia espacios periféricos o alternativas digitales donde encuentran otras formas de visibilidad y consumo.

Marcos de visibilidad: tácticas para encuadrar lo prohibido dentro de OnlyFans

Las distintas tácticas que exploran nuestros interlocutores no siempre se inscriben de manera evidente o explícita, sino que se manifiestan en pequeños detalles de producción, en los modos de narrar una escena, en las decisiones de edición o en los gestos que construyen una escena de sexo explícito compatible con las políticas de moderación de contenido de la plataforma. A continuación, analizaremos algunos contenidos que logran mantenerse dentro de los márgenes de lo permitido en OnlyFans, explorando las adaptaciones, omisiones y desplazamientos que permiten que ciertas prácticas sexuales puedan visibilizarse sin activar mecanismos de censura.

Ignacio tenía 29 años y era Licenciado en Letras. En mayo celebraba su cumpleaños, así como su aniversario en la plataforma de OnlyFans. Para su primer aniversario en la plataforma, había grabado un video con otros cuatro chicos; al acercarse su segundo aniversario, comentaba entre sus conocidos que “de mínima tenía que duplicar ese número”. Por eso, decidió realizar un video inspirado en “el cumple de Lucas” y me pidió que lo acompañara en el rodaje para registrar el backstage y asistir a la cámara principal y con el sonido.6

“El cumple de Lucas”, es una película pornográfica argentina del año 2006, fue producida y dirigida por Dario Marxxx. La historia sigue a Nico, un porteño que descubre en un anuncio de una revista LGBT que compra en un kiosco de la Av. 9 de julio, un local de encuentros sexuales ubicado en el centro de la ciudad de Buenos Aires. La experiencia en ese local lo lleva a proponer a sus amigos celebrar allí el cumpleaños de Lucas. La película culmina con una orgía en dicho local decorado con globos y una guirnalda de “feliz cumpleaños” para homenajear a Lucas.

En el caso de la película de Ignacio, la historia se centraría en una reproducción de esa escena final de “el cumple de lucas”. El rodaje se realizó en un día frío de otoño, el set estaba montado en un PH del barrio porteño de Palermo. En el suelo de la habitación había unos globos y un colchón de dos plazas forrado con cuerina negra; a un costado, una mesa con torta, gaseosas y distintos tentempiés. La mayoría de los participantes convocados no tenía experiencia actoral. En la primera escena en ser filmada la cámara seguía a Ignacio desde atrás quien, mientras abría la puerta de la habitación descrita, los ocho amigos presentes lo rodeaban al grito de “¡Feliz cumpleaños!”. Esta toma se repitió al menos tres veces, pues el grito de feliz cumpleaños se sentía “apagado” e “impostado” según el camarógrafo a lo que Ignacio acotó con ironía “actores porno, no saben actuar”. Cuando finalmente lograron la toma deseada, Ignacio miró a la cámara y, actuando sorprendido, preguntó “¿vos sabías de esto?”, a lo que el camarógrafo asintió con su voz en off mientras sus amigos le acercaban la torta y lo alentaban a soplar las velas. Uno de ellos le untó un poco de crema de la torta en la nariz de Ignacio y, sin más, decidió limpiarlo con la boca. Ese gesto desencadenó una mayor cercanía física entre los presentes, que poco a poco comenzaron a besarse.

Con el correr de los minutos, por las luces, la calefacción y la cantidad de cuerpos en el espacio reducido, la temperatura y la humedad comenzaron a subir. A medida que avanzaba la escena, la atmósfera se fue transformando gradualmente. Desde detrás de la cámara, comencé a notar algunos signos de incomodidad de algunos creadores de contenido: uno tras otro, los participantes tomaban su turno con Ignacio y, al terminar, se dirigían apresurados al baño. No lograba entender bien lo que sucedía hasta que los murmullos pronto revelaron lo que estaba ocurriendo. Ignacio, sin saberlo, había dejado un rastro físico en sus compañeros. Si bien algunos expresaban su desagrado, también surgía en los cuchicheos la preocupación de que en el video se notaran rastros de materia fecal, ya que este y otros fluidos corporales, como la orina y la sangre, están estrictamente prohibidos en OnlyFans. Entre las conversaciones surgían saberes de la industria: “por eso te lavas y te tomas una loperamida que te cierra todo, eso me enseñó un power bottom de Madrid”7 decía uno de los creadores a otros con gestos de desaprobación.

Esta escena revela cómo ciertos elementos corporales —como los rastros de materia fecal— no solo activan reacciones de incomodidad entre los propios participantes, sino que también se inscriben dentro de un régimen normativo más amplio que regula lo que puede y no puede ser visto. Así, en la plataforma se reproduce y reglamenta una relación específica con los desechos. Mary Douglas (2002) define la suciedad (dirt) como “materia fuera de lugar” (matter out of place), lo que implica tanto un orden como la contravención de ese orden. Si algo es considerado sucio, es porque un sistema de clasificación rechaza ciertos elementos y establece una noción de lo inapropiado.

En este sentido, la conformación del sujeto burgués moderno, como sugiere Tim Cresswell (1997), también parece depender de esta “cartografía de la normalidad”, donde todo tiene un lugar específico, y cualquier alteración de ese orden se convierte en una amenaza. En este orden, los fluidos corporales devienen en lo abyecto, lo amenazante, no sólo por su carácter disruptivo, sino porque borra la línea entre lo privado y lo público. Este desplazamiento coloca a los sujetos en una peligrosa proximidad con la alteridad, en una confrontación que perturba su sentido de integridad. Georges Bataille (1991) expresa que el lugar de la inmundicia (filth) está en la oscuridad (dark), donde la vista no puede alcanzarla. El secreto, entonces, es la condición tanto para la actividad sexual, como de las funciones fisiológicas. El sujeto burgués, en su afán por sostener una imagen de pureza, necesita que todo lo sucio y abyecto quede relegado a esa oscuridad, oculto de la vista y apartado de la esfera pública.

Entendemos que las políticas de moderación de contenido de las redes sociales operan como mecanismos que apartan de la vista lo sucio y lo abyecto. Inclusive plataformas caracterizadas como “permisivas” en lo que respecta al contenido sexual, cómo OnlyFans, también cuentan con normas que no solo discriminan lo legal de lo ilegal, sino que crean renovadas concepciones entre lo público y lo privado. A medida que participan activamente en la plataforma, nuestros interlocutores se vuelven plenamente conscientes sobre qué elementos deben ser excluidos para que sean admitidos en OnlyFans. Para ello, despliegan diversas tácticas sutiles: detener la filmación si consumen alguna sustancia usada en el chemsex, evitar que la cámara apunte hacia ventanas que den a la calle y puedan captar transeúntes, o editar fuera del corte final cualquier elemento que pudiera infringir las normativas de la plataforma. Siguiendo a De Certeau (2000), podemos considerarlas como modos de reapropiación y resignificación de los productos y espacios existentes. No se trata de una ruptura con el sistema, sino de una forma creativa y subversiva de habitarlo tanto en su interioridad, como en la interioridad de sus propias reglas.

Un interlocutor nos relataba que cuando inició a publicar contenido en la plataforma buscaba mostrar su sexualidad como la vivía “realmente”, es decir, manteniendo sexo en lugares públicos con desconocidos (cruising). Esto cambió cuando en el año 2021 OnlyFans buscó censurar todo el contenido de sexo explícito alojado en la plataforma. Esta decisión se dió en un contexto en el que Pornhub, cuya empresa matriz, MindGeek, enfrentó restricciones de pago por parte de Visa y Mastercard tras denuncias sobre la presencia en dicha plataforma de material sin consentimiento —también denominado porno venganza— y contenido de explotación infantil, lo que generó un gran impacto en el ecosistema digital del porno.

Aunque OnlyFans finalmente dio marcha atrás a su intento de prohibir el contenido sexual explícito, introdujo nuevas normativas que regulan lo que puede compartirse en la plataforma. Entre estas medidas, se exige que todas las personas que aparezcan en los videos tengan un perfil en OnlyFans y sean etiquetadas en el contenido, lo que garantiza el consentimiento, pero al mismo tiempo, impide el anonimato de los creadores de contenido para adultos para con la plataforma. Como alternativa, se permite presentar una declaración jurada que confirme la autorización de la imagen, aunque, según los testimonios de creadores de contenido, la validación de estas declaraciones queda a criterio del equipo de revisión y puede ser rechazada sin una justificación clara.

Un caso ilustrativo es el de un interlocutor que, perdió su cuenta en OnlyFans con cientos de suscriptores, debido a que se lo ve en uno de sus videos inhalando popper, una sustancia que consume de forma recreativa y que, según explica, facilita la penetración durante el sexo. Como su cuenta fue censurada comenzó a presentar declaraciones juradas y a tomar diversos recaudos durante sus producciones y a la hora de subir contenido a la plataforma. Dado que los datos biométricos quedan registrados en la plataforma, una vez que ésta decide cancelar una cuenta, la persona no puede crear una nueva con su identidad original, lo que en la práctica equivale a una expulsión definitiva. Ante este límite estructural, nuestro interlocutor recurrió a un amigo, quien le permitió utilizar su cuenta para seguir comercializando su contenido. Sin embargo, esta solución trajo consigo una serie de complicaciones: perdió el acceso directo a sus suscriptores previos, debió reconstruir su base de clientes desde cero y los ingresos generados pasaban primero por la cuenta de su amigo antes de ser transferidos a él. Este caso evidencia cómo la censura de la plataforma no solo interrumpe una actividad comercial, sino que obliga a los creadores a operar en los márgenes del sistema, asumiendo mayores riesgos —laborales, económicos y relacionales— para sostener su trabajo.

Otras de las tácticas utilizadas para sortear la censura aparecen en relación con escenas que nuestros interlocutores denominan como de “morbos”, fetish o kink, las cuales pueden incluir la simulación de abusos, adormecimientos o violaciones. Como se ha mencionado, las políticas de uso de OnlyFans prohíben o restringen este tipo de representaciones. No obstante, no son pocos los casos en los que los creadores de contenido logran sortear estas restricciones mediante narrativas que exceden los espacios de la plataforma. Para ello, recurren a redes sociales como X (ex Twitter), dónde elaboran una secuencia narrativa previa que, siguiendo a Carlos Scolari (2013), puede ser pensada en términos de “transmediática” o “transmedia storytelling”: un relato que se despliega a través de diferentes sistemas de significación y comunicación. En estos casos la “historia” comienza en la red social X —que introduce el contexto, el tono del contenido— y deriva hacía el video completo, alojado en OnlyFans.

Como señala José Luis Fernández (2018), los discursos transmedia no implican simplemente la multiplicación de contenidos en distintos soportes, sino la producción de una experiencia narrativa distribuida, que obliga a los “internautas” a interactuar con diversas escalas de las mediatizaciones. En este tipo de relatos, cada plataforma aporta un fragmento específico a la construcción global del sentido. En el caso de nuestros interlocutores, la red social X opera como la instancia inicial de esa narrativa, permitiendo introducir el tono y el contexto de lo que luego se desarrollará en el contenido alojado en OnlyFans. Allí suelen apelar a lo que denominan “fantasías”: una categoría nativa que remite a prácticas sexualizadas que no son necesariamente deseables de llevar a cabo en la vida real, pero que cobran sentido como parte de un juego erótico ficcionalizado. Aunque ese tipo de “fantasías” que ofrecen nuestros interlocutores están restringidas por las políticas de uso de OnlyFans, sortean estas prohibiciones mediante el recurso de enmarcar narrativamente el copy de los vídeos en X, lo que tracciona al público a OnlyFans.8

Algunos ejemplos de estas tácticas pueden observarse en publicaciones que apelan a la provocación mediante frases como “[emoji de cara sonriente con cuernos] mi tío estaba dormido y le empecé a tocar…”, “sex assault” o “my stepdaddy destroying me”. Este tipo de enunciados, que hacen alusión a escenas de incesto, abuso o relaciones de poder ficcionalizadas, suelen ir acompañadas de imágenes o vídeos cortos seguidas del enlace al material completo en OnlyFans. Sin embargo, en esta otra plataforma no vuelven a aparecer menciones explícitas a estas categorías, a las que nuestros interlocutores caracterizan como “morbos” o “fantasías”.

Las diferentes tácticas de encuadre, edición y narrativa permiten que ciertos contenidos puedan circular dentro de los márgenes normativos de OnlyFans, incluso cuando remiten a prácticas sexualizadas altamente reguladas o ambiguas. Sin embargo, existen producciones que, por su nivel de explicitud o por contravenir directamente las políticas de moderación de contenido, son desplazadas hacia otros espacios. En la siguiente sección, exploraremos estas visibilidades periféricas y las tácticas desplegadas por los creadores para sostener su circulación por fuera de OnlyFans.

Visibilidades periféricas: circuitos por fuera de OnlyFans

Si en la sección anterior nos centramos en las tácticas que permiten a los creadores de contenido operar dentro de los márgenes establecidos por OnlyFans, en esta segunda parte abordaremos aquello que, por su carácter disruptivo o por contravenir las normativas internas de la plataforma, no encuentra lugar en su lógica de circulación. Se trata de prácticas, estéticas y narrativas que existen dentro del mercado sexual digital relegadas a espacios periféricos, menos regulados, o especializados en la visibilidad de estas prácticas.

En este sentido, una de las tácticas más reveladoras observadas durante el trabajo de campo fue desplegada por un creador de contenido durante una grabación. Desde antes de comenzar a filmar, él ya había planeado dos cortes diferenciados del material final: uno destinado a OnlyFans y otro a JustForFans. Para lograrlo, pensó cuidadosamente la secuencia de los actos sexuales a ejecutar durante la producción. Así, la escena comenzaba con una interacción que él mismo describía como “más vainilla” —sexo anal, sin prácticas consideradas “extremas”—, y culminaba con una eyaculación fingida. Ese corte le permitiría subir el contenido sin mayores inconvenientes a OnlyFans. Sin embargo, inmediatamente después retomó la escena, esta vez introduciendo prácticas como el fisting, que no podrían haber sido alojadas en la primera plataforma. De este modo, anticipando los criterios de censura de cada espacio, planificaba las distintas circulaciones y, por lo tanto, la performance de las distintas tomas, orientandolas a determinados públicos y plataformas con normativas divergentes.

Varios creadores de contenido para adultos —que forman parte de nuestras investigaciones— han explorado plataformas alternativas a OnlyFans para comercializar material que dicha plataforma restringe. En este sentido, resulta paradigmático el caso de un interlocutor que si bien utiliza OnlyFans para ciertas producciones, ha convertido a JustForFans en su plataforma principal de monetización. Conocí a este interlocutor por intermedio de un amigo en una fiesta de música electrónica, reconocida dentro de la escena gay de la ciudad de Buenos Aires por su código estético basado en lencería, arneses, suspensores y prendas “fetichistas”. Fue a través de éste amigo que tomé contacto con él, quien le comentó sobre mi interés de entrevistarlo para la tesina que estaba realizando sobre OnlyFans. Semanas después, concretamos una entrevista virtual.

El eje de esa entrevista fue conocer lo que las políticas de moderación de OnlyFans impedían mostrar, a pesar de lo que él promocionaba abiertamente en su cuenta de Twitter. En la descripción de dicha cuenta se podía leer: “Muscle Roided Pig, 100% real sex” (“Cerdo Musculoso de esteroides, sexo 100% real”), una frase que anticipaba lo transgresora de sus prácticas. Según sus propias palabras, lo que ofrece a su audiencia es su “ano abierto y destruido”. Considera que OnlyFans promueve un tipo de porno soft y naïf, por lo que acude a otras plataformas como RawFuckClub, ScatFans, FistFans o DarkFans para alojar su contenido más alineado con las prácticas que ofrece.9 En ellas publica contenido que va desde el fisting y el gapping hasta escenas en las que se sexualiza la orina, muchas veces filmadas en espacios públicos como locaciones o visibilizando el consumo de sustancias como el popper. Estas producciones se posicionan deliberadamente en las antípodas de lo permitido por la plataforma OnlyFans y tensionan los límites de lo visible.

Entre las múltiples producciones de este interlocutor, destacamos una centrada en la práctica Cum Dump. Esta práctica sexual consiste en que el sujeto que asume el rol sexual de “pasivo”, se predispone a recibir la mayor cantidad posible de eyaculaciones anales. El video en cuestión comienza con él recostado sobre una cama, apoyado en manos y rodillas. Viste únicamente un arnés y suspensor. Frente a él, una computadora portátil conectada a su cámara que le permite controlar la escena que está grabando, y también sirve como estímulo sexual.

La secuencia avanza con la penetración anal por parte del primer participante, quien eyacula dentro de su cuerpo. A lo largo del video, se intercalan textos superpuestos que acompañan la narrativa visual. En el marco de lo que Roland Barthes (1964) denominó “función de anclaje”, estos textos orientan la interpretación de las imágenes, evitando la polisemia propia del lenguaje visual. Uno de los textos indica “26 anon loads”, que puede traducirse como “26 descargas anónimas”, utilizando el término load como forma vulgar de referirse a la eyaculación masculina. A medida que desfilan distintos participantes —en su mayoría sin rostros visibles— se refuerzan los rasgos de anonimato y la dimensión impersonal del encuentro sexual. Otros textos como “load 1 warming up” (“descarga 1 calentando”) o “load 18” marcan el avance del acto.

Hacia la mitad del video, el interlocutor se introduce un líquido en el ano con una jeringa plástica. El texto superpuesto “lidocaine for sore pussy” (“lidocaína para una ‘vagina’ dolorida”) explicita el propósito: anestesiar la zona anal para soportar nuevas penetraciones. Una vez que los 26 participantes han completado su cometido, el vídeo concluye con la frase “Until the next time” (“Hasta la próxima vez”), lo que sugiere la continuidad de este tipo de producciones. La toma final muestra un primer plano de su ano completamente dilatado, enfocando directamente a cámara mientras libera las eyaculaciones acumuladas en su interior. Esto último es precisamente el tipo de contenido que no se puede mostrar en OnlyFans: mientras que la plataforma permite que se introduzcan eyaculaciones, prohíbe explícitamente la expulsión visible de las mismas.

Junto con prácticas como el Cum Dump, este interlocutor explora un repertorio de prácticas sexuales —que siguiendo a Rubin (1984), podrían ubicarse en el fondo de la jerarquía sexual— y que encuentran su lugar en plataformas especializadas. En ScatFans, por ejemplo, sube videos relacionados con sus rutinas de lavado anal. El interés en este tipo de contenido no radica en la literalidad de la práctica, sino en el “morbo” asociado a la exposición del cuerpo y sus residuos. En DarkFans, en cambio, pública registros audiovisuales donde se inyecta estanozolol en los glúteos, una sustancia esteroidea utilizada habitualmente en ciclos de musculación. En ambos casos, se trata de escenas que transgreden los límites de representación aceptables en OnlyFans y que despliegan un repertorio de corporalidades, sustancias y tecnologías sexuales que exceden los parámetros del porno comercial. Estas elecciones no solo responden a demandas de nicho dentro del mercado sexual digital, sino que también reconfiguran las fronteras de lo visible, lo tolerable y lo deseable en el consumo de pornografía.

Bajo esta lógica, la imagen que el cuerpo de nuestro interlocutor construye en sus escenas nos recuerda a la imagen de la que habla Michael Bajtin (1987) cuando analiza el “realismo grotesco”: un cuerpo que se abre y se desborda, un cuerpo que se dilata hasta sobrepasar sus propios límites y que se presenta en su dimensión más cruda, excesiva y abyecta —la interioridad del ano, el semen, la orina y los productos farmacológicos que utiliza—. En el realismo grotesco, el cuerpo se presenta como una entidad en constante transformación, abierta y comunicativa. A diferencia del ideal clásico de un cuerpo cerrado, individual y pulcro, este cuerpo se define por su carácter colectivo y su interacción con el exterior a través de sus múltiples aberturas, pliegues y secreciones. El cuerpo de nuestro interlocutor encarna esta visión grotesca al multiplicarse y devenir en un territorio compartido y colectivo.

En la misma línea, podemos pensar con Deleuze y Guattari (1985) que su cuerpo adquiere una potencialidad en tanto “cuerpo sin órganos”: un cuerpo que se opone a la organización biomédica tradicional, abriéndose a circuitos de deseo, placer y experimentación. En este marco, nombrar al ano “pussy” no funciona ya como una metáfora, sino que, siguiendo a Preciado (2002), se configura como una construcción “tecnosemiótica”: no definida por su anatomía, sino por la conjunción de deseo, sustancias (lidocaína, lubricantes, drogas), dispositivos técnicos (cámaras, pantallas), y los enunciados textuales que orientan su sentido.

Desde esta perspectiva, las producciones en las que este interlocutor se destaca, no solo se ubican en el registro del “sexo malo” —ligado a prácticas no monogámicas, no heteronormadas y situadas en el fondo de la jerarquía sexual (Rubin, 1984)—, sino que pueden ser pensadas como prácticas “contrasexuales” (Preciado, 2002): formas de placer y deseo, que escapan a la lógica binaria del género y a las taxonomías biomedicas del sexo. A éstas prácticas, Preciado contrapone las “realistas o genitalistas”, ancladas en una visión reproductivista y dicotómica de los cuerpos. Dichas prácticas —cercanas al “sexo bueno” de Rubin— configuran un régimen normativo que delimita las condiciones de posibilidad de lo sexualmente visible. En este sentido, las categorías de Rubin y Preciado permiten pensar, en articulación con Cresswell (1997), las “cartografías de la normalidad” por las que circula —y se restringe— el contenido sexualmente explícito.

Reflexiones finales

En el presente artículo nos propusimos indagar en los modos en que los creadores de contenido para adultos ajustan sus prácticas sexuales para amoldarse a la moderación de contenido impuesta por la plataforma OnlyFans. Al mismo tiempo, analizamos las tácticas para sortear dichos límites, así como el uso de circuitos alternativos cuando determinados contenidos resultan imposibles de adaptarse a estas normativas. Lejos de entender a los marcos regulativos de las plataformas como obstáculos absolutos, nuestros interlocutores los entienden como fronteras en las que existen márgenes de creatividad que permiten moldear las visibilidades a través de determinadas estéticas y narrativas del contenido sexual digital. Es aquí dónde cobra relevancia la distinción entre tácticas y estrategias propuestas por Michel De Certeau (2000). Mientras que las políticas de moderación de contenido pueden ser concebidas como estrategias que organizan y producen espacios, reglas y discursos, las tácticas de los creadores de contenido permiten cierto margen de creatividad en los límites de lo que se permite visibilizar en determinadas plataformas.

Así, a medida que nuestros interlocutores van adquiriendo mayor experiencia en la plataforma OnlyFans, van identificando con mayor claridad qué elementos pueden ser visibilizados y cuáles deben ser excluidos para cumplir con las normativas de uso. En este proceso, desarrollan una serie de tácticas orientadas a sortear las restricciones y moderaciones, muchas veces operando en los márgenes de lo censurable. Entre estas tácticas se destacan la edición meticulosa del contenido sexual explícito —evitando, por ejemplo, la inclusión de exteriores o espacios públicos—, la omisión del consumo de sustancias prohibidas, la exclusión de referencias a marcas comerciales, evitan la aparición de personas no etiquetadas en los videos, así como la supresión de determinados fluidos corporales, como las heces o la orina, que están explícitamente prohibidos por la plataforma. Como vimos, incluso la pérdida de una cuenta y la imposibilidad de abrir una nueva con los datos personales originales no impide que los creadores accedan nuevamente a la plataforma y continúen comercializando su contenido. Este tipo de tácticas pone de relieve la capacidad de los creadores para adaptarse y reconfigurar su presencia digital.

También observamos que, si bien muchos de nuestros interlocutores destacan que OnlyFans les ofrece facilidades significativas para la comercialización de contenido sexual explícito y la recepción de pagos, no restringen su actividad exclusivamente a esta plataforma. Por el contrario, diversifican la circulación de su material en otras plataformas digitales que cuentan con normativas más flexibles o que están específicamente orientadas a la difusión y consumo de contenidos vinculados a “morbos” o “fantasías” particulares. Entre los casos más paradigmáticos que hemos visto se destacan los de aquellos creadores de contenido cuyas prácticas son consideradas extremas por OnlyFans como el fisting, el uso de sustancias prohibidas, o la sexualización de la orina.

Esta diversificación de circuitos y plataformas permite pensar cómo los creadores de contenido se mueven dentro de un sistema sexual que, como señala Gayle Rubin (1984) establece un ordenamiento, clasificación y jerarquización de prácticas, cuerpos y deseos. Las decisiones que toman los creadores se adaptan a un ecosistema digital que se encuentra segmentado por diversos regímenes de visibilidad. Estos regímenes, como señala Ranciére (2009), definen también una distribución de lo sensible, visible y decible. La participación en estas plataformas adquiere un significado político, ya que se ponen en juego estructuras que delimitan qué cuerpos son visibles y cuáles no. En otras palabras, como plantea Cresswell (1997), se organiza una “cartografía de la normalidad” que regula la circulación de ciertos cuerpos, deseos y prácticas, y los términos en que esta ocurre. Nuestros interlocutores hacen un uso consciente de esta cartografía para monetizar ciertos deseos, moldeando la visibilidad según el espacio virtual y los públicos que lo habitan. Las llamadas “fantasías” o “morbos” encuentran así espacios de mayor permisividad y, a la vez, nichos rentables de circulación, sin que ello implique necesariamente una ruptura con los regímenes morales que los estructuran.

Las prácticas que abordamos en el presente artículo no agotan las formas en las que nuestros interlocutores participan del mercado sexual digital, ni mucho menos las desigualdades que lo estructuran. Retomando la intervención con la que iniciamos este artículo, nuestras investigaciones han tendido a centrarse en las subjetividades que suelen ocupar posiciones privilegiadas dentro de la estructura del mercado sexual y en específico en plataformas como OnlyFans —frecuentemente varones blancos, cis, con cuerpos leídos como hegemónicos y penes grandes (Aguilera y Morcillo, 2024)—, quienes logran capitalizar de formas más efectivas porque sus cuerpos, prácticas, estéticas y narrativas encajan con los márgenes de lo permitido. En este sentido, no perdemos de vista como los regímenes de visibilidad que operan en estas plataformas no son meramente técnicos, sino profundamente morales y políticos: trazan fronteras entre lo legítimo y lo ilegítimo, lo deseable y lo abyecto, distribuyendo de manera desigual las posibilidades de existencia en lo público. El objetivo de este artículo fue, por un lado, reconocer esta distribución desigual ante la supuesta “democratización del porno” que inauguró la plataforma OnlyFans; por el otro, mostrar los márgenes de creatividad que los creadores de contenido para adultos despliegan al intervenir activamente en estos espacios. Sus prácticas deben situarse en un entramado más amplio de normas, mercados y sensibilidades que moldean —aunque no determinan del todo— los límites de lo posible.

Referencias Bibliográficas


  1. 1 A abril del 2025, OnlyFans se posiciona como la primera plataforma en venta de contenido para adultos y en el quinto lugar entre los sitios web de contenido pornográfico más visitados del mundo. Fuente: https://es.semrush.com/trending-websites/global/adult

  2. 2 Práctica sexual que consiste en introducir la mano en el ano o la vagina de otra persona.

  3. 3 Se denomina tag o etiqueta al hipervínculo que permite redirigir dentro de una publicación al perfil de la persona etiquetada en la misma red social, en el caso de OnlyFans los perfiles están asociados a los datos biométricos con lo que se busca garantizar que las personas etiquetadas cuenten con el consentimiento de su aparición en el contenido.

  4. 4 Se conoce como chemsex a la práctica de utilizar drogas —como metanfetamina en cristal, mefedrona, GHB, Popper, entre otras— en la búsqueda de aumentar el placer y duración durante la actividad sexual. Dicho fenómeno social se lo relaciona a una subcultura sexual de la comunidad gay (Guevara, 2023).

  5. 5 FOSTA (Allow States and Victims to Fight Online Sex Trafficking Act) y SESTA (Stop Enabling Sex Traffickers Act) son leyes promulgadas en Estados Unidos en 2018 cuya aplicación derivó en el cierre o la restricción de plataformas digitales que muchas trabajadoras sexuales utilizaban como espacios de trabajo y visibilidad en internet.

  6. 6 Dado que las escenas etnográficas que se presentan provienen de investigaciones realizadas individualmente por los autores, se utiliza ocasionalmente la primera persona del singular. Esta decisión responde al carácter situado de las observaciones de campo y busca preservar la especificidad de los vínculos construidos durante el trabajo etnográfico, sin que ello implique una ruptura con el carácter colectivo del análisis que aquí se propone.

  7. 7 Power bottom es una jerga sexual anglosajona, para referirse a quién asume el rol pasivo pero a la vez dominante durante el sexo.

  8. 8 Copy hace referencia al texto que acompaña una pieza de contenido (imagen o video) y que busca atraer o informar a quién lo lee.

  9. 9 Menos popularizadas que OnlyFans, estas plataformas sirven para promocionar y vender el contenido que esta última censura.

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